Liliana Herrero pobló de duendes el Alberdi

La cantante de Villaguay mostró su jerarquía. La secundó una banda de jóvenes y talentosos músicos. Demoras antes del comienzo.

COMPROMISO. La cantante entrerriana en un momento del recital. LA GACETA / FOTO DE ANTONIO FERRONI
COMPROMISO. La cantante entrerriana en un momento del recital. LA GACETA / FOTO DE ANTONIO FERRONI
Por Roberto Espinosa 28 Abril 2012
Arrancó nerviosa. Tras la espera de 50 minutos por un desperfecto eléctrico en el teatro que obligó a traer un grupo electrógeno, se zambulló en "Tu nombre y el mío", de Aristimuño. Aún rara, pero ya encendida, su voz entregó: "no hay antes ni luego ni tal vez no hay lejos ni viejos ni jamás... somos como brujos del reloj ninguno parece envejecer..." ("La casa de al lado", de Fernando Cabrera). Se trepó luego al "silbido del duende" de "Antiguo barracón", del posadeño Ramón Ayala.

Su corazón giró del litoral a Salta y su sentimiento se estiró en ese "silbido largo suspirando zambas se me va... quiero hundirme en esos ríos turbios, donde el barro huele a temporal". En esa "Nostalgiosa" quedó flotando el recuerdo de Eduardo Falú y Jaime Dávalos.

A esa altura, los jóvenes Pedro Rossi en guitarra, Martín Pantyrer en vientos, Ariel Naón en bajo y Mario Gusso en percusión habían dado ya una muestra importante de talento. A "ABC", la milonga de Edú Lombardo, a quien definió como "un histórico de la murga", le siguió "Uruguay" para llegar al set tucumano, en acompañamiento de solo guitarra. "El arribeño", de Néstor Soria y Juan Falú, desnudó toda la dimensión de su canto: fuerza, compromiso, pianísimos, climas, garra, potencia... Luego abordó "A puro fierro", de Pepe Núñez y Falú, a quien definió como "un hermano, en su acorde está toda la historia de la patria". Le cedió el protagonismo a sus músicos que jugaron con un "Carnavalito del duende" de antología que mojó las barbas de Leguizamón y Castilla. Volvió al centro de la escena para entregar "Dulzura distante" y "Nueva", donde liberó todo el caudal de la voz. Tuvo palabras de elogio para Lucho Hoyos, nuestro gran cantor. Orientó su brújula hacia "El cosechero", convirtiendo la fría noche en un gran camalotal.

Con "Bagualerita", el aplaudido tema que le ofrendó Spinetta, inició la despedida. La conmoción del canto estremeció el silencio, envuelto en el clarón de Pantyrer, en la "Canción de las cantinas", del Chivo Valladares: "y todos estamos solos, tristes, queriendo querer..."El abrazo del adiós llegó con la hermosa "Oración del remanso", "Confesión del viento" y "El tiempo está después".

El jueves, en el teatro Alberdi, Liliana Herrero emancipó en su fragua la ternura, el dolor, el sentimiento. La vida misma.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios