15 Abril 2012 Seguir en 
A través de la observación de las estructuras relativas de gastos y recursos, se advierte la debilidad estructural del sistema fiscal argentino: mientras las provincias reciben poco más de un tercio de los recursos tributarios, deben afrontar cerca del 50% del gasto primario global, situación calificada como de desequilibrio fiscal vertical por la teoría económica.
"Las provincias carecen de capacidad financiera para solventar las erogaciones que les tocó afrontar luego de la federalización de la educación y la salud, proceso por el cual no sólo se asumieron mayores obligaciones, sino que en paralelo resignaron recursos a favor de la Nación", señala Economía & Regiones (E&R). Esta dinámica otorga sólo dos salidas a las gobernaciones: o se acude a un incremento en los niveles de endeudamiento, o se recurre a la ayuda del Gobierno nacional, con lo que se pierde autonomía política. Como dato adicional, se destaca que las funciones transferidas (educación más salud) son intensivas en mano de obra, de modo que el proceso descentralizador ha reducido la "flexibilidad" de la estructura de gastos provinciales, limitando la capacidad de ajustar el nivel de erogaciones a la evolución de los recursos. Dado que la partida de Personal explica más del 50% del gasto provincial, los aumentos observados se han consolidado como de carácter permanente, dando lugar a mayores tamaños de gasto y, por ende, mayores niveles de déficit ante escenarios de caídas en los ingresos.
Consecuencias: por el lado de las provincias, tras una breve coyuntura superavitaria, su posición fiscal ha transitado por un sendero de deterioro sistemático, debido al rápido e ineludible crecimiento del gasto en personal en un contexto inflacionario. "Esta dinámica provocó que a fines de 2008 resurgiera el déficit a escala provincial, al disponerse de insuficientes recursos para financiar la política salarial", remarca E&R. Por su parte, el Gobierno federal acumuló importantes excedentes durante el período, a excepción de los últimos años, cuando el desborde del gasto en subsidios erosionó los superávits alcanzados, incluso en un contexto de fuerte crecimiento de sus recursos, que se ampliaron a partir de la intensificación en el uso del financiamiento del BCRA y de la Anses.
"Las provincias carecen de capacidad financiera para solventar las erogaciones que les tocó afrontar luego de la federalización de la educación y la salud, proceso por el cual no sólo se asumieron mayores obligaciones, sino que en paralelo resignaron recursos a favor de la Nación", señala Economía & Regiones (E&R). Esta dinámica otorga sólo dos salidas a las gobernaciones: o se acude a un incremento en los niveles de endeudamiento, o se recurre a la ayuda del Gobierno nacional, con lo que se pierde autonomía política. Como dato adicional, se destaca que las funciones transferidas (educación más salud) son intensivas en mano de obra, de modo que el proceso descentralizador ha reducido la "flexibilidad" de la estructura de gastos provinciales, limitando la capacidad de ajustar el nivel de erogaciones a la evolución de los recursos. Dado que la partida de Personal explica más del 50% del gasto provincial, los aumentos observados se han consolidado como de carácter permanente, dando lugar a mayores tamaños de gasto y, por ende, mayores niveles de déficit ante escenarios de caídas en los ingresos.
Consecuencias: por el lado de las provincias, tras una breve coyuntura superavitaria, su posición fiscal ha transitado por un sendero de deterioro sistemático, debido al rápido e ineludible crecimiento del gasto en personal en un contexto inflacionario. "Esta dinámica provocó que a fines de 2008 resurgiera el déficit a escala provincial, al disponerse de insuficientes recursos para financiar la política salarial", remarca E&R. Por su parte, el Gobierno federal acumuló importantes excedentes durante el período, a excepción de los últimos años, cuando el desborde del gasto en subsidios erosionó los superávits alcanzados, incluso en un contexto de fuerte crecimiento de sus recursos, que se ampliaron a partir de la intensificación en el uso del financiamiento del BCRA y de la Anses.
NOTICIAS RELACIONADAS








