DESAFÍO. Sbrocco toma la batuta del cuerpo artístico emblema de la UNT. LA GACETA / FOTO DE ANTONIO FERRONI

"El desafío es tratar de mantener y de mejorar lo que se vino haciendo. La orquesta es un organismo emblemático de la vida cultural, tanto de la universidad como de la provincia, por eso conlleva una gran responsabilidad. Hay eventos que se han ido instituyendo, que forman parte de la agenda anual, como el Concierto Pop de Primavera y el Megaconcierto, que se van a mantener, y se va a profundizar en captar a más público. Ya Gustavo Guersman (el director saliente) había comenzado a salir del ámbito natural del teatro para ir al interior. Pienso que en ese sentido hay que profundizar el acercamiento de la orquesta al público que no tiene la posibilidad o el hábito de ir al Alberdi". Ricardo Sbrocco habla con LA GACETA en su condición de director designado en la Orquesta Sinfónica de la UNT, tras el anuncio oficial hecho ayer en el Rectorado. "Estoy empezando a pensar en la programación. Tengo muchas ideas", se entusiasma.
Para el maestro Sbrocco, el de la música es su ámbito natural. Estudió en Tucumán y se perfeccionó en dirección coral y orquestal con destacados maestros en Argentina y en el exterior. Es autor de obras instrumentales y vocales y realizó numerosos arreglos de música popular para coro y orquesta. Creó Coral Nova y la Orquesta de Cámara del Aconquija. Es director del Coro Estable de la Provincia; ha conducido la Orquesta Estable durante cuatro años y la Sinfónica de la UNT como invitado. Además, es docente de Armonía e Historia de la Música en el Conservatorio Provincial.
A lo largo de su carrera ha dirigido música de casi todos los géneros y períodos, del barroco al siglo XX, óperas, ballets y zarzuelas.
- ¿Cuáles son las obras o los autores que le han dado más trabajo?
- Algunos sinfónico-corales, como el Réquiem alemán de Brahms, que es una obra hermosísima y muy difícil; óperas como Tosca (Puccini), alguna sinfonía. Pero no todas las sinfonías de un autor tienen el mismo grado de dificultad. El año pasado hicimos una sinfonía de Nielsen que era bastante accesible, pero tiene otras muy difíciles. La Sexta de Tchaikovsky es más difícil que las otras. Hay obras que son complicadas porque necesitan una gran masa instrumental... Mahler, Berlioz, Stravinsky, Prokofiev o Bartok...
- En esos casos hay que agrandar la orquesta...
- Si es una cantidad razonable de músicos, se llama a refuerzos. Por ejemplo, abordar una sinfonía de Mahler requiere ocho cornos, y acá no hay ocho cornistas profesionales. Creo que hay que abordar las obras que estén al alcance de las probabilidades con cierta holgura, y que con esfuerzo se pueda llegar a un buen resultado. Pero la gran mayoría de las obras sinfónicas se pueden hacer (reconoce la idoneidad de los músicos de la orquesta).
- ¿Con qué período de historia de la música se identifica más?
- El siglo XIX es el que más me gusta. Están todos los románticos, y el año pasado la Sinfónica se dedicó a ellos. Tengo bastante afinidad con ese período, pero no se puede dejar de lado el barroco, lo clásico y el siglo XX.
- ¿En una orquesta, hay democracia?
- No, porque hay decisiones de tipo musical que no podemos someter a votación. Esa impronta la pone el director. Él interpreta la obra según su visión, su manera de entenderla.
- Usted conoce bastante a los músicos de la Sinfónica de la UNT...
- Sí, los dirigí más de 10 veces, pero además muchos de ellos están también en la Estable, que conduje cuatro años.
- ¿Cómo influye ese conocimiento previo?
- Cuando te parás frente a una orquesta que dirigís por primera vez se percibe que los músicos te observan, te miden. Trabajar con músicos conocidos facilita todo. Sin embargo, una cosa es la relación fuera del ámbito de trabajo y otra es el ensayo o la presentación. Allí cada cual ocupa su lugar, como en cualquier trabajo.
- ¿Del coro a la orquesta aumenta la complejidad técnica?
- Sí, porque en el coro son cuatro, hasta seis voces y en la orquesta son de 20 a 25 partes. Y cada instrumento tiene sus características. En un coro todo es mucho más homogéneo y hay menos partes reales; en la orquesta son muchas más.
- ¿Desde cuándo es músico?
- Uno es músico desde siempre. Yo me decidí bastante grande. Me recibí de contador y hacía mi carrera de músico paralelamente, sin pensar en vivir de ello. Pero me fui inclinando cada vez más hacia el lado de la música, después empecé en la docencia y llegó un momento en que la elegí definitivamente.








