"Hemos llegado a un feliz término y sin ningún tipo de conflicto". La última palabra sobrevolaba Casa de Gobierno más que ninguna otra, aunque el ministro de Gobierno Edmundo Jiménez hubiera intentando ponerle buena cara al momento de tensión el miércoles a la noche. Los funcionarios aparentemente habían aprendido la lección. Pero el maestro había sido el terror, y así las situaciones nunca pueden ser cómodas. Esto quedó confirmado ayer a la tarde cuando los policías dijeron que habían sido burlados por el PE. Y todo se empantanó de nuevo.
El Gobierno de José Alperovich no solo perdió ya la guerra contra la delincuencia, sino que además quedó prisionero de los policías, quienes deberían ser sus principales peones a la hora de combatir a los asaltantes. Es que de la mano de una evidente debilidad de la cúpula, las bases se sublevaron el año pasado y dejaron a la provincia al borde de la indefensión (más incluso que cuando están trabajando) al negarse a cumplir sus labores hasta que no sean revisados sus sueldos. La protesta incluyó acuartelamiento, disturbios y hasta disparos en la Plaza Independencia. Alperovich decidió soltarles las manos públicamente a quienes en ese momento conducían la fuerza, Hugo Sánchez y Nicolás Barrera, aunque los contrató como "asesores" en materia de seguridad, y los reemplazó por Jorge Racedo y Luis Pedraza. Luego de que los policías demostraran que hacerles frente era imposible (¿quién iba a reprimir a cientos de hombres armados?) el gobernador se entregó: "si el acuerdo es que no haya sanciones, no habrá", dijo el 7 de abril de 2011. Jamás se le escuchó hacer semejante concesión, por ejemplo, con las masivas protestas de los médicos. No. En ese momento el discurso era otro: "día que no se trabaje, no se paga".
Nadie dice que los policías no deben ganar bien. Pero pasa lo mismo con los médicos, los maestros (con un grupo de los cuales ya arreglaron), los otros estatales y los privados también. ¿Quién no quiere ganar más, sobre todo con una inflación que nos come los bolsillos mes a mes? El problema es que el Gobierno actuó más por temor que por convicción. Le tienen terror a los policías, que al mismo tiempo están más envalentonados que nunca. El aumento que habían tenido los legisladores nacionales hace poco más de un mes (el ¡100%!) es una espada de doble filo.
Jiménez supo que no podía dejar de tener de su lado al único grupo de estatales capaz de hacer frente al resto si las cosas se salían de sus cauces normales. ¿O si no a quién iban a mandar a "calmar" en caso de ser necesario? Pero algo salió mal (no debe ser fácil manejar tantos números y aparentemente alguien escribió en letra chiquita que el aumento era sólo para los que menos cobraban) y el incendio que parecía apagado se reavivó con nafta. Creían que iban a recibir un incremento del 40%, cuando en realidad llega al 24%. Y ahora se plantaron en un 37%. ¿Habrá salida?
Históricamente los policías tucumanos fueron de los peores pagados del país. Y así comenzó a hacerse uso y abuso de ese engendro llamado servicios adicionales, con los que los policías obtienen ingresos extras durante sus descansos. Hoy los agentes cobran en mano unos $4.900 y podrían llegar a $ 6.000 en julio si se destraba el conflicto. Hay una suma fija para agentes y cabos. Pero los que están más arriba (desde sargento hasta comisario general) quieren más. Y los superiores "mandaron" a hacer saber que estaban molestos y que las consecuencias serían indeseables.
Mientras, la seguridad está cada vez peor (en un año -el mismo tiempo que llevan los nuevos jefes de Policía al frente de la fuerza- mataron a ocho personas para robarles) y los ciudadanos otra vez son simples testigos en una pelea en la que son los más perjudicados.
El Gobierno de José Alperovich no solo perdió ya la guerra contra la delincuencia, sino que además quedó prisionero de los policías, quienes deberían ser sus principales peones a la hora de combatir a los asaltantes. Es que de la mano de una evidente debilidad de la cúpula, las bases se sublevaron el año pasado y dejaron a la provincia al borde de la indefensión (más incluso que cuando están trabajando) al negarse a cumplir sus labores hasta que no sean revisados sus sueldos. La protesta incluyó acuartelamiento, disturbios y hasta disparos en la Plaza Independencia. Alperovich decidió soltarles las manos públicamente a quienes en ese momento conducían la fuerza, Hugo Sánchez y Nicolás Barrera, aunque los contrató como "asesores" en materia de seguridad, y los reemplazó por Jorge Racedo y Luis Pedraza. Luego de que los policías demostraran que hacerles frente era imposible (¿quién iba a reprimir a cientos de hombres armados?) el gobernador se entregó: "si el acuerdo es que no haya sanciones, no habrá", dijo el 7 de abril de 2011. Jamás se le escuchó hacer semejante concesión, por ejemplo, con las masivas protestas de los médicos. No. En ese momento el discurso era otro: "día que no se trabaje, no se paga".
Nadie dice que los policías no deben ganar bien. Pero pasa lo mismo con los médicos, los maestros (con un grupo de los cuales ya arreglaron), los otros estatales y los privados también. ¿Quién no quiere ganar más, sobre todo con una inflación que nos come los bolsillos mes a mes? El problema es que el Gobierno actuó más por temor que por convicción. Le tienen terror a los policías, que al mismo tiempo están más envalentonados que nunca. El aumento que habían tenido los legisladores nacionales hace poco más de un mes (el ¡100%!) es una espada de doble filo.
Jiménez supo que no podía dejar de tener de su lado al único grupo de estatales capaz de hacer frente al resto si las cosas se salían de sus cauces normales. ¿O si no a quién iban a mandar a "calmar" en caso de ser necesario? Pero algo salió mal (no debe ser fácil manejar tantos números y aparentemente alguien escribió en letra chiquita que el aumento era sólo para los que menos cobraban) y el incendio que parecía apagado se reavivó con nafta. Creían que iban a recibir un incremento del 40%, cuando en realidad llega al 24%. Y ahora se plantaron en un 37%. ¿Habrá salida?
Históricamente los policías tucumanos fueron de los peores pagados del país. Y así comenzó a hacerse uso y abuso de ese engendro llamado servicios adicionales, con los que los policías obtienen ingresos extras durante sus descansos. Hoy los agentes cobran en mano unos $4.900 y podrían llegar a $ 6.000 en julio si se destraba el conflicto. Hay una suma fija para agentes y cabos. Pero los que están más arriba (desde sargento hasta comisario general) quieren más. Y los superiores "mandaron" a hacer saber que estaban molestos y que las consecuencias serían indeseables.
Mientras, la seguridad está cada vez peor (en un año -el mismo tiempo que llevan los nuevos jefes de Policía al frente de la fuerza- mataron a ocho personas para robarles) y los ciudadanos otra vez son simples testigos en una pelea en la que son los más perjudicados.
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