Que no falten los abrazos

Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 28 Marzo 2012
Hace una semana mi hermano más chico se fue a vivir a Buenos Aires. Y lo extraño. Le escribo todos los días. Ayer, sin ir más lejos, le mandé un abrazo. Pero fue sin brazos. Por eso me dolió.

Difícilmente alguien diga que no es lindo abrazarse, que no se siente bien. Aunque no lo crean, siempre hay excepciones. Hace unos días, el director de una escuela de Nueva Jersey (EE.UU.) decidió prohibir estas muestras de cariño entre sus estudiantes (el argumento es que ha detectado contactos físicos inadecuados).

La situación es tan ridícula. Recordemos las veces que nos horrorizamos cuando vemos las grabaciones de alumnos pegándole entre varios una paliza a otro niño. O cuando leemos que aumentan las denuncias por acoso escolar o maltrato entre compañeros.

Resulta imposible comprender que exista una sola persona en el mundo que encuentre en un abrazo una actitud indecorosa, un mal ejemplo. Pero también es cierto que a los adultos nos incomoda más que nos observen dándonos muestras de cariño a que nos vean discutir o insultar a otras personas.

Y después nos quejamos de que la sociedad es superficial, que se pierden los valores. Muchos vivimos el día a día en cómodas cuotas mensuales, sin apostar a lo que en verdad nos hace sentir bien. Pensemos, ¿cuánto hace que no damos un abrazo de repente, sin motivo alguno, sin explicaciones, sin que sea por una despedida o un encuentro?

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios