Déficits y compromisos de la crisis comunal
No es casualidad que los conflictos en las delegaciones rurales en reclamo de puestos de trabajo haya estallado en enero. Ante la demanda de comisionados de dar de baja a unos y contratar a otros, el Gobierno mandó que las fiestas de fin de año pasarán "en paz". Más allá de esa coyuntura, que el Estado sea el gran empleador desnuda un problema estructural.
En algunas se respira un clima social tenso, luego de violentos incidentes durante las elecciones generales de agosto. En otras, hubo piquetes y cortes de ruta. Y, en las que se suscitaron los incidentes más recientes y más virulentos, directamente directamente tomaron el edificio de la delegación.
Las comunas rurales han sido una de las noticias políticas más importantes y ásperas durante el comienzo del año. Y en todos los casos, el componente común de las diferentes manifestaciones fue el reclamo de puestos de trabajo en el Estado.
Que las crisis estallasen durante enero no es antojadizo: según confirman fuentes del Poder Ejecutivo, la orden de la gobernación fue que las fiestas de fin de año pasaran en paz. La traducción de ese mandato se remonta a octubre. A fines de ese mes, los delegados comunales asumieron el mandato 2011-2015. Los que estrenaban el cargo se presentaron a reclamar que se diera de baja a los contratados por la gestión anterior y que se designara a la "tropa propia". Muchos de los que fueron reelectos mientras tanto, plantearon que querían sacarse de encima a algunos empleados provisorios que habían sido desleales, para reemplazarlos por nuevos dirigentes. Para ambos planteos, la respuesta fue la misma: mantener el statu quo hasta el 31 de diciembre. Y concretar los cambios sólo a partir de este año.
Se agrega que si no ocurrieron más levantamientos, y si se sosegaron los que estallaron, fue porque el alperovichismo, en todas partes, prometió contención a cambio de paciencia.
El revés de la trama
Las razones políticas de los incidentes en las comunas son las razones coyunturales de esas crisis. El trasfondo del problema encuentra explicaciones de índole económica.
En primer término, no es casual que El Chañar, Los Pérez (las manifestaciones se llevaron a cabo en Los Ralos) y Gobernador Garmendia, escenario de los principales problemas, se encuentren en el Este: la zona sojera de Tucumán. Donde los denominados cultivos extensivos demandan poca mano de obra. Donde, como lo puntualizó LA GACETA, la opción parece ser comuna o desempleo.
En segundo lugar, precisamente, el reclamo de medios de vida por parte de vecinos del interior a las delegaciones rurales, es decir al Estado, desnuda la escasa posibilidad de conseguir empleo privado en el Tucumán profundo. Dos economistas consultados consignan, justamente, el déficit de condiciones estructurales de la provincia para atraer inversiones.
Las comunas rurales han sido una de las noticias políticas más importantes y ásperas durante el comienzo del año. Y en todos los casos, el componente común de las diferentes manifestaciones fue el reclamo de puestos de trabajo en el Estado.
Que las crisis estallasen durante enero no es antojadizo: según confirman fuentes del Poder Ejecutivo, la orden de la gobernación fue que las fiestas de fin de año pasaran en paz. La traducción de ese mandato se remonta a octubre. A fines de ese mes, los delegados comunales asumieron el mandato 2011-2015. Los que estrenaban el cargo se presentaron a reclamar que se diera de baja a los contratados por la gestión anterior y que se designara a la "tropa propia". Muchos de los que fueron reelectos mientras tanto, plantearon que querían sacarse de encima a algunos empleados provisorios que habían sido desleales, para reemplazarlos por nuevos dirigentes. Para ambos planteos, la respuesta fue la misma: mantener el statu quo hasta el 31 de diciembre. Y concretar los cambios sólo a partir de este año.
Se agrega que si no ocurrieron más levantamientos, y si se sosegaron los que estallaron, fue porque el alperovichismo, en todas partes, prometió contención a cambio de paciencia.
El revés de la trama
Las razones políticas de los incidentes en las comunas son las razones coyunturales de esas crisis. El trasfondo del problema encuentra explicaciones de índole económica.
En primer término, no es casual que El Chañar, Los Pérez (las manifestaciones se llevaron a cabo en Los Ralos) y Gobernador Garmendia, escenario de los principales problemas, se encuentren en el Este: la zona sojera de Tucumán. Donde los denominados cultivos extensivos demandan poca mano de obra. Donde, como lo puntualizó LA GACETA, la opción parece ser comuna o desempleo.
En segundo lugar, precisamente, el reclamo de medios de vida por parte de vecinos del interior a las delegaciones rurales, es decir al Estado, desnuda la escasa posibilidad de conseguir empleo privado en el Tucumán profundo. Dos economistas consultados consignan, justamente, el déficit de condiciones estructurales de la provincia para atraer inversiones.
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