Magia para todas las edades

El payaso más famoso de Argentina encantó durante sus actuaciones.

LA GACETA / FOTO DE ENRIQUE GALINDEZ
LA GACETA / FOTO DE ENRIQUE GALINDEZ
Por Natalia Viola 09 Octubre 2011
Era la corporización del ídolo, ya no desde una pantalla y en miniatura como muchos estaban acostumbrados a verlo. Ni en muñecos, linternas, títeres, máscaras o cuanta cosa más pudieran ofrecer los vendedores de su merchandising a precios internacionales en la puerta del Alberdi. (Claro que esas luces sirvieron para apaciguar la ansiedad minutos antes del inicio del espectáculo).

Cinco minutos antes ya comenzaron las palmas -más de los grandes que de los chicos, porque era casi imposible limitar sus movimientos al perímetro de una butaca- y el grito: "Piñón Fijo, Piñón Fijo".

Con los primeros compases salieron al escenario los hijos de Piñón: Sol y Jeremías, quienes lo acompañan durante todo el show haciendo coros y unas cuantas payasadas ("de quién lo habrán heredado", bromea el artista). De repente se levanta un telón y entre luces aparece él, igualito que en la tele. El "¡biennn!" aturde la sala y se multiplica en todas las gargantas. Sin darse cuenta, padres y abuelos se encuentran saltando entusiasmados como si se tratara de un revival del ídolo de su niñez o juventud. Hay despliegue de pancartas y pedidos de saluditos.

La relación de los chicos con el payaso cordobés es magnética, natural y conmovedora. En la primera fila un grupo de niños se señalan el corazón y se lo ofrecen, él les devuelve un beso imaginario y la misma seña. Entre canción y canción (como las clásicas "Una luna en la laguna", "Nene, dejá el chupete", "La mochila"; junto a los personajes, el pajarraco Kenchu, "El Dire" y la perrita "La Gorda") Piñón los hace participar, les hace preguntas, juega con los personajes e interactúa con sus hijos.

La hora y media que dura el show pasa rápido entre canciones que recorren todos los ritmos musicales: un gato, una cumbia, un rap. No pasó por alto pedir ovaciones para los nenes que dejaron el chupete y la mamadera y les enseñó un nuevo tema para los que están intentando dejar el pañal. Madres, padres, niños y abuelos se cepillaron los dientes y copiaron los pasos del famoso "Chu, chu, hua"

Los chicos desde la tercera canción ya se habían parado en sus butacas para saltar y uno que otro había intentado acercarse al multicolor artista un poco más. El teatro explotó en cada función de gente, de luces y de música. Y ellos pudieron cantar y bailar como lo hacen frente a la tele, pero esta vez Piñón Fijo les habló, los miró y hasta les mandó un beso de las buenas noches.

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