27 Septiembre 2011 Seguir en 
Por Edgardo Sánchez - Fiscal de Instrucción
Tenemos un código procesal aprobado hace 20 años, que construye nuestro sistema a partir de la lógica del expediente. Toda la investigación se realiza por escrito. Al haber expedientes ocurren dos fenómenos. Uno es el tema de las nulidades. El expediente nos obliga a atarnos a ciertas formalidades y el abogado defensor o la misma fiscalía, cuando lo advierte, tiene que resolver las nulidades, que son muchas y dilatan el proceso. Y si el proceso llega a juicio oral, la existencia misma del escrito genera otro problema: bastardea el sistema oral, porque la idea es que los jueces lleguen al debate sin tener conocimiento previo del expediente, conocer el hecho y la prueba en el juicio y resolver en base a ello. Además, tenemos una estructura que responde a ese esquema. Hay 16 fiscalías de investigación, más fiscalías de acusación en Cámara, más las correccionales, y cada una funciona por separado. Hay una mala distribución de los recursos humanos.
Tenemos un código procesal aprobado hace 20 años, que construye nuestro sistema a partir de la lógica del expediente. Toda la investigación se realiza por escrito. Al haber expedientes ocurren dos fenómenos. Uno es el tema de las nulidades. El expediente nos obliga a atarnos a ciertas formalidades y el abogado defensor o la misma fiscalía, cuando lo advierte, tiene que resolver las nulidades, que son muchas y dilatan el proceso. Y si el proceso llega a juicio oral, la existencia misma del escrito genera otro problema: bastardea el sistema oral, porque la idea es que los jueces lleguen al debate sin tener conocimiento previo del expediente, conocer el hecho y la prueba en el juicio y resolver en base a ello. Además, tenemos una estructura que responde a ese esquema. Hay 16 fiscalías de investigación, más fiscalías de acusación en Cámara, más las correccionales, y cada una funciona por separado. Hay una mala distribución de los recursos humanos.










