El trabajo ya no es lo que era

Hoy es considerado un gran articulador social. Sin embargo, durante mucho tiempo estuvo signado por la esclavitud. Y hasta fue considerado un castigo, fama que quedó inmortalizada en la Biblia. En la Argentina del siglo pasado, en cambio, otorgaba un estatuto social claro y concreto. Hoy, sin embargo, parece perder terreno nada menos que frente al consumo.

“TIEMPOS MODERNOS”. Charles Chaplin retrató en el cine los sufrimientosy la desesperación de la clase obrera durante los años de la Gran Depresión. DEPREDANDOCINEMA.BLOGSPOT
“TIEMPOS MODERNOS”. Charles Chaplin retrató en el cine los sufrimientosy la desesperación de la clase obrera durante los años de la Gran Depresión. DEPREDANDOCINEMA.BLOGSPOT
Por Álvaro José Aurane 30 Abril 2011
El trabajo no siempre fue igual a como hoy se lo conoce. Tuvo, a lo largo de la historia, grandes períodos de esclavitud. Y en no pocos tramos fue hasta considerado como un castigo. Bastará recordar que perder el Paraíso significó para la humanidad, en la tradición judeocristiana, tener que ganarse el pan con el sudor de la frente.

Precisamente, la historiadora tucumana María Fernández de Ulivarri ha explicado que, etimológicamente, la palabra trabajo proviene de trepalium, una máquina de tres pies que servía para herrar caballos y que se trasformó, posteriormente, en un instrumento de tortura. "Lo que nosotros hoy llamamos trabajo es una invención de la modernidad, cuya característica es la de otorgarnos una identidad social", precisa la autora de la tesis Trabajadores, sindicatos y política en Tucumán - 1930 / 1943.

Esa reflexión es determinante: es una síntesis apretada acerca de la evolución que el trabajo tuvo, cuanto menos, durante el siglo XX. La influyente filósofa alemana Hannah Arendt subrayó, en su libro La condición del hombre moderno, que "la única actividad en la que podemos traducir el proceso de la vida es el trabajo".

El trabajo es uno de los grandes organizadores de la sociedad: uno de los pilares sobre el cual puede ser fundada y sostenida, precisamente, una sociedad organizada. Así lo entiende el economista Ernesto Kritz, en su ponencia publicada en el libro Debates sobre la cultura argentina. Allí, el especialista en Economía Laboral define al trabajo nada menos que como un articulador social.

"Para Dominique Méda, ?el trabajo es factor de integración no sólo por ser una norma, sino también por ser una de las modalidades del aprendizaje de la vida en sociedad?. En consecuencia, el trabajo, en su sentido moderno, se construye como una ?ética del trabajo? que da forma a una asignación normativa y estandarizada para participar en la sociedad. Pero el trabajo, en los términos aquí expuestos, se ve reducido a lo que llamamos empleo", advierte Fernández de Ulivarri. De hecho, la cita de Méda que invoca corresponde a un libro de la socióloga francesa que lleva un título premonitorio: El trabajo. Un valor en peligro de extinción.

La debilidad


El trabajo, hasta no hace mucho en este país, otorgaba todo un estatuto social. En la Argentina de la segunda mitad del siglo pasado, constituían toda una clase: eran la "clase trabajadora". Buena parte de ella conformaba un estamento: el movimiento obrero. Y tenía un líder inconfundible, Juan Domingo Perón; una agrupación política propia, el Partido Justicialista; y una doctrina resumible en dos palabras: Justicia Social. El trabajo, en definitiva, les daba un estatus específico, una ubicación en la escena política, social y económica: un lugar en el mundo.

Hoy, en cambio, se deja de hablar de clase trabajadora para referir, sin más, a los pobres. Es decir, el trabajo ha comenzado a perder, de manera progresiva, su capacidad para otorgar un estatuto, un "estado" social. Y esa función pareciera haberse trasladado hacia el consumo. Propiamente, hacia la capacidad de consumo. Y esto, debe aclararse, no es una cuestión de pura semántica.

Los sistemas de medición de pobreza estructural, los que buscan determinar Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) de una población, tienen en cuenta el factor del trabajo en el hogar. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) recomienda considerar (además del acceso a la educación -si los niños van a la escuela-, a los servicios sanitarios -agua potable y cloacas- y a la vivienda -calidad de materiales de construcción y hacinamiento-) la capacidad económica de un hogar. En este concepto, la condición de actividad de los miembros de la familia (junto con las edades y el nivel económico, entre otras pautas) es una variable censal específica.

En cambio, el sistema de "línea de pobreza" que se aplica en la Argentina no tiene en cuenta el trabajo de los individuos o de los hogares monitoreados. En rigor, sólo compara los ingresos de las personas y de las familias con los valores la Canasta Familiar, que determina la "línea de pobreza"; y la Canasta Alimentaria, que establece la "línea de indigencia".

En definitiva, es la capacidad de consumo para costear comida, indumentaria y servicios básicos lo que pauta si se es pobre o no en este país.

Esta situación conduce directamente a una segunda cuestión. El trabajo ha sido considerado históricamente como una relación social fundamental porque sobre su fortaleza el progreso supo apoyar uno de sus postulados fundacionales: era la herramienta para vencer la miseria. Ese compromiso, en Tucumán, se encuentra seriamente comprometido: el trabajo sigue siendo requisito indispensable para salir de la pobreza, pero, al mismo tiempo, ya no es garantía para abandonar la pauperidad.

La maldición

En esta provincia, según los datos oficiales, cuatro de cada 10 asalariados están en negro. Y, como secuencia, viven en el límete de pobreza. Es decir, según el ritmo de la inflación, están constantemente "sacando la cabeza" por encima de esa línea de flotación y sumergiéndose debajo de ella. Esto se debe a que mientras el Gobierno provincial anuncian la disminución de los índices de pobreza y de desempleo (siempre polémicos y sospechados de subestimación), a la vuelta del último año casi no hay variantes en materia de creación de nuevos puestos de trabajo. En verdad, los que surgen se dan en el plano de la informalidad.

Para esos trabajadores, que subsisten con el sudor de la frente sin haber conocido ningún paraíso, que viven en ese territorio de exclusiones que es la pobreza a pesar de que el trabajo debía ser un integrador social, hay una máxima indeleble que no proviene de la economía, la sociología ni la filosofía sino de la política: "Muchachos -soltó Luis Barrionuevo, dirigente sindical y ex parlamentario oriundo del Noroeste Argentino-, la plata no se hace trabajando".

Ese apotegma apócrifo viaja desde la década del 90, con pasaporte falso de honestidad brutal, entre la impunidad y la maldición.

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