El sendero está elegido. No hay país viable sin los Kirchner. Eso es lo que el gobernador José Alperovich planteó sin ambages en una de sus salidas proselitistas, durante la semana pasada.
Si será él o ella, es una cuestión de matices, porque el proyecto se conservará incolúme. Lo que a uno le da miedo es qué va a pasar si no llegan a ser Gobierno los Kirchner, pontificó el martes por la mañana. ¿Podría él administrar la provincia sin la generosa afluencia de dinero que lo oxigena desde 2003? Nadie lo sabe. Siempre ejerció la gobernación con abundancia de recursos.
En verdad, Alperovich hace todo lo que puede para que no se destartale la maquinaria oficialista. Al mismo tiempo, procura no espantar a los potenciales votos independientes. Una alquimia complicada de sostener en el tiempo.
La lealtad con la Casa Rosada está cimentada con los votos de los diputados y senadores oficialistas a lo largo de 2010. Ni cuando el rionegrino Miguel Pichetto dio libertad de acción para votar por uno de los dos proyectos de ley referidos a la protección de los glaciares, sus senadores se desmarcaron. Se alejaron todo lo posible del acuerdo tejido entre el senador Daniel Filmus y el diputado Miguel Bonasso.
Beatriz Rojkés y Sergio Mansilla cerraron filas con el referente de Néstor Kirchner en el Senado, el santacruceño Nicolás Fernández. Prevaleció el proyecto que venía de Diputados, que era técnicamente más exigente para las mineras. Rojkés y Mansilla murieron con las botas puestas, junto con Fernández. Ser solidario con el senador santacruceño aun en las malas, ayuda a mantener firme la cotización de Alperovich en el mercado de los K.
La sociedad con la Casa Rosada será ratificada otra vez el 13, cuando se discuta la media sanción del 82% para los jubilados en el Senado. Rojkés y Mansilla son votos cantados por la negativa. Ellos jamás pisarán la vereda de enfrente de la administración federal. Ninguna heterodoxia les será perdonada por el dueto K.
El gobernador se ufana de haber engordado la caja de la Anses con nuevas jubilaciones, pero bloquea la mejora de los haberes de quienes aportaron durante largas décadas al sistema estatal. Son contradicciones del discurso alperovichista, pero que no le impiden sumar votos de los nuevos beneficiarios.
El corazón duro de su electorado se nutre de subsidios y de otros programas financiados por la Anses, además de las partidas destinadas a las cooperativas de trabajo que regentean legisladores y concejales, en forma personal, o por medio de sus dirigentes de confianza.
Fatídico martes
El mismo día en que Alperovich proclamaba su fe en la continuidad del proyecto K, Hebe de Bonafini atacaba destempladamente a la Corte Suprema de Justicia, porque sospecha que no destrabará la aplicación de la Ley de Medios, antes de la conclusión de 2010.
Quedó en el olvido la jurisprudencia de la Corte contraria a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, como también su política de apoyo a los juicios por violaciones a los derechos humanos.
Fue un eslabón más en la cadena de agresiones a jueces que no interpretan el derecho de conformidad a los intereses del poder. La tensión entre la política y la justicia es cada vez más inocultable.
Como correlato de ese clima de intolerancia hacia la opinión divergente, se ubica el ataque a LA GACETA. La facción juvenil que tiró huevos contra las puertas de acceso y pintó leyendas con aerosol en las columnas del edificio está inequívocamente asociada con el kirchnerismo.
La diputada nacional Stella Maris Córdoba deploró los hechos de violencia -algunos manifestantes portaban banderas rojas y negras con su nombre- y aseguró que no aprueba los métodos que desnaturalizan la movilización popular.
Sin embargo, deslizó una tesis conspirativa que no se compadece con una lectura pluralista de la situación. Quienes militamos desde hace tiempo en el proyecto nacional y popular sabemos claramente cómo se construye irresponsablemente o de manera ingenua el relato de la violencia sobre los militantes que, precisamente, desnudan los grandes intereses en pugna, planteó la legisladora. La diversidad de enfoques es propia del debate democrático.
Extrañamente ningún funcionario de primer orden del Ejecutivo provincial se refirió al episodio del martes. Alperovich evitó cualquier referencia a la agresión en sus distintos contactos con los medios, al igual que sus ministros. Sólo el secretario de Prensa y Difusión, Ignacio Golobisky, expresó una escueta condena oficial, y la Legislatura sumó su reproche cuando sesionó.
Obstruyendo filtraciones
Muy locuaz se mostró el jefe del Ejecutivo cuando encumbró a Domingo Amaya como aspirante a la reelección en 2011. Nunca la capital tuvo un intendente como el de ahora, aseveró durante los festejos del Día de la Ciudad. Fue la demostración de que Alperovich pretende alambrar el territorio mientras conserva poder de fuego. Acalla las discordias, aunque subsisten las peleas por debajo de él. Que todos le acarreen votos para él y para Juan Luis Manzur, es la base de la estrategia para retener la gobernación. Voy a apoyar todos los acoples en la capital, aseveró.
La misma preocupación por evitar conflictos inoportunos hizo que Alperovich le ordenara a la comisión de Juicio Político que debía archivar el planteo de destitución del camarista del fuero contencioso administrativo Rodolfo Novillo, quien entiende en una demanda que cuestiona la constitucionalidad de la Junta Electoral, cuyo diseño actual está monopolizada por el oficialismo. Los legisladores no contradijeron al gobernador y la demanda se archivó. La división de poderes duerme el sueño.
La clase media descontenta se focaliza en San Miguel de Tucumán. A ella se intentará seducir ofertando una multiplicidad de candidatos. Sin embargo, la creciente inflación y el desgaste del Gobierno nacional conspiran contra un sólido anclaje del plan continuista. La derrota de Hugo Yasky en la elección de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) debilitó el flanco centroizquierdista que el kirchnerismo se proponía exhibir en 2011, en el marco de una alianza multipartidaria.
El cimbronazo se sintió también en Tucumán, donde Víctor De Gennaro se hizo fuerte. La filial Tucumán de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) se encolumnó detrás de su conductor nacional Pablo Micheli. Celebraron sus dirigentes locales porque entendían que le habían ganado una pulseada al alperovichismo.
Si será él o ella, es una cuestión de matices, porque el proyecto se conservará incolúme. Lo que a uno le da miedo es qué va a pasar si no llegan a ser Gobierno los Kirchner, pontificó el martes por la mañana. ¿Podría él administrar la provincia sin la generosa afluencia de dinero que lo oxigena desde 2003? Nadie lo sabe. Siempre ejerció la gobernación con abundancia de recursos.
En verdad, Alperovich hace todo lo que puede para que no se destartale la maquinaria oficialista. Al mismo tiempo, procura no espantar a los potenciales votos independientes. Una alquimia complicada de sostener en el tiempo.
La lealtad con la Casa Rosada está cimentada con los votos de los diputados y senadores oficialistas a lo largo de 2010. Ni cuando el rionegrino Miguel Pichetto dio libertad de acción para votar por uno de los dos proyectos de ley referidos a la protección de los glaciares, sus senadores se desmarcaron. Se alejaron todo lo posible del acuerdo tejido entre el senador Daniel Filmus y el diputado Miguel Bonasso.
Beatriz Rojkés y Sergio Mansilla cerraron filas con el referente de Néstor Kirchner en el Senado, el santacruceño Nicolás Fernández. Prevaleció el proyecto que venía de Diputados, que era técnicamente más exigente para las mineras. Rojkés y Mansilla murieron con las botas puestas, junto con Fernández. Ser solidario con el senador santacruceño aun en las malas, ayuda a mantener firme la cotización de Alperovich en el mercado de los K.
La sociedad con la Casa Rosada será ratificada otra vez el 13, cuando se discuta la media sanción del 82% para los jubilados en el Senado. Rojkés y Mansilla son votos cantados por la negativa. Ellos jamás pisarán la vereda de enfrente de la administración federal. Ninguna heterodoxia les será perdonada por el dueto K.
El gobernador se ufana de haber engordado la caja de la Anses con nuevas jubilaciones, pero bloquea la mejora de los haberes de quienes aportaron durante largas décadas al sistema estatal. Son contradicciones del discurso alperovichista, pero que no le impiden sumar votos de los nuevos beneficiarios.
El corazón duro de su electorado se nutre de subsidios y de otros programas financiados por la Anses, además de las partidas destinadas a las cooperativas de trabajo que regentean legisladores y concejales, en forma personal, o por medio de sus dirigentes de confianza.
Fatídico martes
El mismo día en que Alperovich proclamaba su fe en la continuidad del proyecto K, Hebe de Bonafini atacaba destempladamente a la Corte Suprema de Justicia, porque sospecha que no destrabará la aplicación de la Ley de Medios, antes de la conclusión de 2010.
Quedó en el olvido la jurisprudencia de la Corte contraria a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, como también su política de apoyo a los juicios por violaciones a los derechos humanos.
Fue un eslabón más en la cadena de agresiones a jueces que no interpretan el derecho de conformidad a los intereses del poder. La tensión entre la política y la justicia es cada vez más inocultable.
Como correlato de ese clima de intolerancia hacia la opinión divergente, se ubica el ataque a LA GACETA. La facción juvenil que tiró huevos contra las puertas de acceso y pintó leyendas con aerosol en las columnas del edificio está inequívocamente asociada con el kirchnerismo.
La diputada nacional Stella Maris Córdoba deploró los hechos de violencia -algunos manifestantes portaban banderas rojas y negras con su nombre- y aseguró que no aprueba los métodos que desnaturalizan la movilización popular.
Sin embargo, deslizó una tesis conspirativa que no se compadece con una lectura pluralista de la situación. Quienes militamos desde hace tiempo en el proyecto nacional y popular sabemos claramente cómo se construye irresponsablemente o de manera ingenua el relato de la violencia sobre los militantes que, precisamente, desnudan los grandes intereses en pugna, planteó la legisladora. La diversidad de enfoques es propia del debate democrático.
Extrañamente ningún funcionario de primer orden del Ejecutivo provincial se refirió al episodio del martes. Alperovich evitó cualquier referencia a la agresión en sus distintos contactos con los medios, al igual que sus ministros. Sólo el secretario de Prensa y Difusión, Ignacio Golobisky, expresó una escueta condena oficial, y la Legislatura sumó su reproche cuando sesionó.
Obstruyendo filtraciones
Muy locuaz se mostró el jefe del Ejecutivo cuando encumbró a Domingo Amaya como aspirante a la reelección en 2011. Nunca la capital tuvo un intendente como el de ahora, aseveró durante los festejos del Día de la Ciudad. Fue la demostración de que Alperovich pretende alambrar el territorio mientras conserva poder de fuego. Acalla las discordias, aunque subsisten las peleas por debajo de él. Que todos le acarreen votos para él y para Juan Luis Manzur, es la base de la estrategia para retener la gobernación. Voy a apoyar todos los acoples en la capital, aseveró.
La misma preocupación por evitar conflictos inoportunos hizo que Alperovich le ordenara a la comisión de Juicio Político que debía archivar el planteo de destitución del camarista del fuero contencioso administrativo Rodolfo Novillo, quien entiende en una demanda que cuestiona la constitucionalidad de la Junta Electoral, cuyo diseño actual está monopolizada por el oficialismo. Los legisladores no contradijeron al gobernador y la demanda se archivó. La división de poderes duerme el sueño.
La clase media descontenta se focaliza en San Miguel de Tucumán. A ella se intentará seducir ofertando una multiplicidad de candidatos. Sin embargo, la creciente inflación y el desgaste del Gobierno nacional conspiran contra un sólido anclaje del plan continuista. La derrota de Hugo Yasky en la elección de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) debilitó el flanco centroizquierdista que el kirchnerismo se proponía exhibir en 2011, en el marco de una alianza multipartidaria.
El cimbronazo se sintió también en Tucumán, donde Víctor De Gennaro se hizo fuerte. La filial Tucumán de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) se encolumnó detrás de su conductor nacional Pablo Micheli. Celebraron sus dirigentes locales porque entendían que le habían ganado una pulseada al alperovichismo.







