La desesperación se apodera de la devastada Haití
Mientras llega lentamente la ayuda humanitaria, los sobrevivientes del sismo enfrentan el riesgo de las enfermedades y la falta de agua Muchos de los chicos están heridos y no saben nada de su familia Una joven que fue rescatada por su hermano dijo: "no tuve miedo".
PUERTO PRINCIPE.- Miles de personas vagaban ayer sin rumbo por las calles de Puerto Príncipe buscando ayuda, mientras los socorristas trabajaban a contrarreloj para buscar sobrevivientes y la llegada masiva de ayuda internacional saturaba el aeropuerto.
Fuentes oficiales haitianas estiman que más de 100.000 personas murieron a causa del sismo que asoló el país el martes, mientras que más de tres millones de personas resultaron damnificadas.
En medio del caos y el olor a putrefacción, la crispación va en aumento por la lenta llegada de la ayuda internacional. En las últimas horas el temor a las enfermedades, además de la falta de agua y alimentos, agravaba la situación en una ciudad en donde los cuerpos siguen alineados por las calles esperando sepultura, dos días después del terremoto que la redujo prácticamente a ruinas.
El bullicio de las calles se ve a veces interrumpido por disparos. La falta de agua y comida está llevando a los haitianos al extremo y los saqueos son abundantes. "Si la ayuda internacional no llega, la situación puede degenerar rápidamente. Hace falta agua y comida urgentemente", afirma Lucila, sentada ante la puerta de su casa junto a su familia. En el aeropuerto, los civiles se agolpaban con la esperanza de salir a toda costa de la ciudad.
Sin guantes y con algodones empapados en alcohol para protegerse del olor a putrefacción, las familias buscan a sus seres queridos entre una montaña de cuerpos, mutilados, semidesnudos, cubiertos de polvo y rodeados de moscas, con el anhelo de darles un entierro digno. El centro de la capital se ha convertido en un inmenso campo de refugiados. Sin premeditarlo, miles y miles de personas sin hogar se reunieron desde el martes por la noche en la conocida avenida de los Campos de Marte de Puerto Príncipe, cuyas plazas y jardines se vieron inundadas por un hormiguero de familias a la espera de ayuda. "Haití vuelve a ser hoy un pueblo que no conoce los finales felices", dijo Milien Roudy, acostado en un jardín, acompañado de su esposa y dos hijas, que no prueban bocado desde hace 24 horas. La avenida huele intensamente a polvo y orina y con las horas y el intenso calor, la situación sólo empeora. Algunos han bebido hasta la sucia agua de las fuentes públicas. "En más de 24 horas, nadie, ni la ONU ni ninguna autoridad vino a darnos un vaso de agua", protesta a su lado Clement, funcionario público.
Llega la ayuda
Pese a que la torre de control estaba inhabilitada, socorristas procedentes de China, Estados Unidos y Francia desembarcaron ayer en masa con toneladas de material de ayuda, saturando el aeropuerto. "Vamos a enfrentarnos a un desafío logístico importante", indicó desde Ginebra la portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, Elisabeth Byrs.
El presidente estadounidense, Barack Obama, ofreció ayer 100 millones de dólares de ayuda y todo el poder de su país para respaldar a los haitianos. "Al pueblo de Haití, le decimos con claridad y convicción, no serán abandonados", afirmó Obama.
Desde América latina
También los países latinoamericanos, muchos de los cuales forman parte de la misión de paz de la ONU en Haití, comenzaron a enviar sus paquetes de ayuda.
Brasil, que ejerce el mando militar de la Minustah, anunció el envío de ocho aviones con asistencia humanitaria, médicos y personal calificado para realizar rescates.
Desde la Argentina también partió la ayuda en un Hércules que, tras algunas complicaciones, despegó en la tarde de ayer. La presidenta Cristina Kirchner despidió a la delegación en El Palomar y aseguró que la misión "va a ser muy dura". (AFP-NA-Reuters-Télam)










