La teoría de los juegos indica que el conflicto de la salud concluyó con suma positiva. Este enfoque de resolución de una negociación complicada supone que cada actor gana algo y que no hay un vencedor absoluto. Llegar a este final no fue cosa sencilla. Durante casi siete meses se sucedieron tratativas, paros, marchas callejeras y solicitadas envenenadas. Sólo la tenacidad y la paciencia del arzobispo Héctor Villalba pudieron abrir un espacio para la reflexión y el cruce de opiniones enfrentadas. Esa prudencia no le privó de reclamar flexibilización de planteos. Al final se deshizo el enredo. Los autoconvocados consiguieron mejoras económicas -que no eran las ideales- y promesas de solución para otras reivindicaciones, al mismo tiempo que hicieron de la salud pública una bandera apoyada por la sociedad. A la vez, el Gobierno desistió de su intransigencia y evitó que su desgaste creciera más. Villalba revalidó su liderazgo moral.







