Revivieron la noche en que Amín mató a Arias

Empleados del hotel donde ocurrió el asesinato relataron cómo encontraron al imputado y reiteraron que arrastró a la mujer por el piso. Un ex psicólogo de Villa Urquiza dijo que el acusado no simula. El hombre no cesó con sus desvaríos ante el tribunal.

INQUIETANTE. Amín mira al piscólogo Seiffe, quien declaró que el santiagueño sí puede ser alojado en Villa Urquiza. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
INQUIETANTE. Amín mira al piscólogo Seiffe, quien declaró que el santiagueño sí puede ser alojado en Villa Urquiza. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
10 Septiembre 2009
Dante Joaquín Fernández se sentó frente al tribunal y contó lo que vivió la madrugada del 28 de octubre de 2007. "Yo era parte de la seguridad privada del hotel Catalinas Park. Esa noche estaba de guardia. En un momento, comencé a hacer un recorrido. Subí por el ascensor hasta el último piso, que es el noveno. Estaba todo bien. Después, bajé por las escaleras y revisé pasillo por pasillo. No había nada raro. Pasé por la recepción y luego me fui hacia el estacionamiento. Ahí recibí el llamado: me decían que un tipo estaba golpeando a su esposa entre el primer y el segundo piso. Salí corriendo y lo vi todo: el hombre estaba sentado encima de su señora, que tenía los brazos en cruz. El golpeaba el cuerpo de su mujer y decía cosas extrañas".
Fue entonces cuando Pablo Amín intervino. "¡Yo! ¡I'm (yo soy)...!", gritó, poniéndose de pie, reconociendo que se referían a él. Luego se sentó. Entre risas, balbuceos y muecas, el imputado del homicidio de María Marta Arias escuchó la descripción que hicieron cinco testigos sobre las actitudes que tuvo la noche del crimen.
Cuando comenzó el debate de ayer, los vocales de la sala II de la Cámara Penal informaron que Amín no iba a estar en la sala de debate. "Debido a la actitud del acusado, consideramos que no es conveniente que esté presente en esta sesión, salvo que desee declarar", dijo el presidente del tribunal, Emilio Herrera Molina. Sin embargo, los fiscales Marta Jerez Rivadeneira y Daniel Marranzino solicitaron que el santiagueño permanezca en la sala. "Si molesta, que sea retirado", recomendó la fiscala, que contó con la adhesión de los defensores, Roberto Flores y Martín Zottoli.
Con la venia del tribunal, Amín entró esposado y escoltado por tres policías. Antes de sentarse, sacó un cigarrillo del bolsillo de su abrigo y pidió fuego. "Acá no puede fumar", le dijo uno de los guardias. Flores se acercó y le recomendó que se porte bien. Luego, el santiagueño se sentó, se puso el cigarrillo apagado en la boca y escuchó en silencio la audiencia.
Se mostró sosegado hasta que comenzaron a declarar los empleados del hotel (Fernández, Sergio Núñez y Carlos Gómez) y los policías (los cabos Miguel Angel Concha y Martín Jesús Aguirre) que lo encontraron la madrugada del crimen.
"Poco antes de la medianoche del 27, llegaron dos matrimonios. Entre ellos estaban Amín y su señora", dijo Núñez, que era recepcionista del hotel. Al escuchar que mencionaban su nombre, el santiagueño gesticuló otra vez. El empleado relató que le asignó la habitación 514 al imputado y a Arias. "Estaba todo tranquilo hasta que a las 2 escuchamos unos gritos. Yo estaba con Gómez. Pensamos que había alguien en el ascensor, y fuimos hacia allí. Pero no pasaba nada. Después hubo otro grito. Cuando miré hacia el descanso del segundo piso, vi la cara del señor Amín. Nos acercamos y empezó a gritar: '¡maté a mi esposa, mándame un ascensor!'", relató Núñez.
El hombre señaló que el santiagueño, mientras repetía esa frase, tomaba a su mujer de los cabellos y la golpeaba contra el suelo. "Creo que para entonces ya había fallecido", aclaró. "¿Le pareció que Amín estaba desesperado?", le preguntó la defensa. "No. No creo. Quizás estaba nervioso por la situación, porque todos lo estábamos", contestó Núñez. El santiagueño soltó una risa por lo bajo.
Fernández fue el primero que se le acercó a Amín. "Lo agarré de los pelos para tirarlo hacia atrás, pero me soltó un manotazo y tuve que alejarme. 'Andate porque, si no, te va a pasar lo mismo', me dijo. Pero no alcanzó a pegarme. Salí corriendo para buscar algo para defenderme y me crucé a un policía que habían llamado los muchachos de la recepción; a los minutos llegaron otros tres agentes", indicó el ex custodio del hotel. Mientras tanto, Amín se olía las axilas y se metía los dedos en la nariz.
El cabo Concha prestaba servicios adicionales en el Catalinas Park esa noche. "Fui al segundo piso porque me llamaron por teléfono desde la recepción. Llegué corriendo y lo vi al señor Amín subido sobre su esposa. Le pregunté qué había hecho y me respondió: 'la maté a mi mujer'. Entonces, yo saqué mi arma, la remonté y él se tiró al piso diciéndome: 'no me mate, señor policía; por favor, no me tire'. A los cinco minutos llegaron los policías y lo esposaron", relató Concha. Cuando le preguntaron si el acusado dijo otras cosas, recordó: "sí, me pidió que por favor le junte los riñones y el hígado". "¡Sí, sí!", gritó Amín al escuchar eso.
Los testigos señalaron que tanto Amín como su esposa estaban desnudos, y que el santiagueño no tenía armas en sus manos. Aún es un misterio dónde está el elemento cortante con el que le extrajo los ojos a su esposa en el cuarto 514.

Paranoicos en el penal

Aunque ni en el Hospital Psiquiátrico Obarrio ni en la cárcel de Villa Urquiza se sienten en condiciones de recibir a Amín en caso de ser sentenciado, un especialista que trabajó durante 25 años en el penal señaló que hubo casos de internos con graves enfermedades mentales que purgaron condenas allí. "Hubo internos paranoicos y esquizofrénicos que fueron asistidos sin ninguna dificultad, y se alojaban en pabellones comunes", señaló el psicólogo Luis Seiffe.
El testigo fue jefe hasta noviembre del Instituto de Criminología de Villa Urquiza. Ese cargo hoy es ocupado por el psicólogo Eduardo Núñez Campero, quien el martes declaró que el penal no está en condiciones de darle tratamiento a Amín porque no hay demasiados profesionales.
Seiffe dio también un diagnóstico sobre el estado de salud mental del acusado del crimen de María Marta Arias. "Es evidente que sufrió una psicosis paranoica. Estaba bajo el influjo de unas voces que le decían qué es lo que tenía que hacer", explicó ante los jueces Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Emilio Páez de la Torre. Y añadió que ese diagnóstico no se modifica con el tiempo.
El 14 de diciembre de 2007, Seiffe recomendó que Amín fuera llevado al hospital Obarrio. "En mi opinión, aún se encuentra bajo el influjo del desencadenamiento psicótico", dijo el especialista en una nota que les envió en aquella ocasión a los directores del penal.
Además, según el psicólogo, el crimen se podría haber evitado si alguien hubiera advertido las conductas que había tenido el confeso homicida a lo largo del 27 de octubre de 2007. "Yo creo que Amín no está simulando", remarcó.

Plazos
Aún restan por declarar cerca de 10 testigos, entre los que están familiares de María Marta Arias (dos de sus hermanos) y de Pablo Antonio Amín (su madre y su hermana). Además, deben prestar testimonio dos especialistas en salud mental que están en Buenos Aires. Aunque estaba previsto que el juicio tenga 10 audiencias, la sentencia podría tener fecha antes, salvo imprevistos. 

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