10 Septiembre 2009 Seguir en 
Fue un gesto rápido, pero que no pasó inadvertido. Pablo Amín miró fijamente al abogado de la querella, Mario Leiva Haro y, mientras se desarrollaba el juicio, le hizo un gesto advirtiéndole que lo colgaría de la corbata. Leiva Haro sólo sonrió. Fue el único incidente que protagonizó el santiagueño, al que juzgan por haber matado a su esposa, María Marta Arias. Por primera vez desde que se inició el juicio el lunes pudo observar todo el debate. Los jueces consideraron que no interfería con la audiencia, como en las anteriores jornadas. Un psicólogo, Luis Seiffe, consideró que Amín puede ser perfectamente tratado en la cárcel.
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