Intentan reconstruir qué hizo Amín antes de asesinar a su esposa

"Como estaba alterado, le hice la señal de la cruz en la frente y luego se fue", relató un sacerdote.

INQUIETANTE.  El imputado mira al piscólogo Seiffe, quien declaró ayer que el santiagueño sí puede ser alojado en Villa Urquiza. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
INQUIETANTE. El imputado mira al piscólogo Seiffe, quien declaró ayer que el santiagueño sí puede ser alojado en Villa Urquiza. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
10 Septiembre 2009

Esta mañana comenzó la cuarta jornada del juicio oral por el asesinato de María Marta Arias, en la que se tratará de dilucidar si Pablo Amín, el único imputado, tuvo conductas extrañas antes de perpetrar el ataque.

Unos minutos antes de las 9 llegó a Amín a Tribunales, vistiendo la misma ropa que en días anteriores. Y de igual modo que en las otras jornadas, hizo gestos extraños y llamativos antes de ingresar a una oficina contigua a la sala en donde se desarrolla el juicio.

El primero en declarar fue el comisario Luis Ibánez, quien estuvo a cargo de la Patrulla Urbana, con sede en Maipú y Santiago. Allí fue llevado el imputado por agentes el 27 de octubre de 2007, luego de provocar disturbios en la vía pública.

"Dijo que estaba extraviado y cuando intenté dialogar con él, solamente hablaba de los productos que vendía. Fue imposible entablar una conversación", relató el agente. Como afuera de la sede policial lo estaban esperando su esposa y un amigo, fue dejado en libertad.

Posteriormente, prestó declaración el sacerdote José Navarro, quien se desempeñaba hace dos años como vicario en la iglesia Catedral, en donde Amín intentó bautizarse. "Apareció de repente mientras realizaba el ritual a unos niños. Como estaba visiblemente alterado, para superar ese momento de tensión le hice la señal de la cruz en la frente y luego se retiraron", sostuvo ante el tribunal.

La noche del horror
Ayer, Dante Joaquín Fernández se sentó frente al tribunal y contó lo que vivió la madrugada del 28 de octubre de 2007. "Yo era parte de la seguridad privada del hotel Catalinas Park. Esa noche estaba de guardia. En un momento, comencé a hacer un recorrido. No había nada raro. Pasé por la recepción y luego me fui hacia el estacionamiento. Ahí recibí el llamado: me decían que un tipo estaba golpeando a su esposa entre el primer y el segundo piso. Salí corriendo y lo vi todo: el hombre estaba sentado encima de la mujer, que tenía los brazos en cruz. El golpeaba el cuerpo de su mujer y decía cosas extrañas".

Fue entonces cuando Amín intervino en la audiencia del miércoles. "¡Yo! ¡I’m (yo soy)...!", gritó, poniéndose de pie, reconociendo que se referían a él. Luego se sentó. Entre risas, balbuceos y muecas, el imputado del homicidio escuchó la descripción que hicieron cinco testigos sobre las actitudes que tuvo esa noche.

Cuando comenzó el debate, los vocales de la sala II de la Cámara Penal informaron que Amín no iba a estar en la sala de debate. "Debido a la actitud del acusado, consideramos que no es conveniente que esté presente en esta sesión, salvo que desee declarar", dijo el presidente del tribunal, Emilio Herrera Molina. Sin embargo, los fiscales Marta Jerez Rivadeneira y Daniel Marranzino solicitaron que el santiagueño permanezca en la sala. "Si molesta, que sea retirado", recomendó la fiscala, que contó con la adhesión de los defensores, Roberto Flores y Martín Zottoli.

Con la venia del tribunal, Amín entró esposado y escoltado por tres policías. Antes de sentarse, sacó un cigarrillo del bolsillo de su abrigo y pidió fuego. "Acá no puede fumar", le dijo uno de los guardias. Flores se acercó y le recomendó que se porte bien. Luego, el santiagueño se sentó, se puso el cigarrillo apagado en la boca y escuchó en silencio la audiencia.

Se mostró sosegado hasta que comenzaron a declarar los empleados del hotel (Fernández, Sergio Núñez y Carlos Gómez) y los policías (los cabos Miguel Angel Concha y Martín Jesús Aguirre) que lo encontraron la madrugada del crimen.

"Poco antes de la medianoche del 27, llegaron dos matrimonios. Entre ellos estaban Amín y su señora", dijo Núñez, que era recepcionista del hotel. Al escuchar que mencionaban su nombre, el santiagueño gesticuló otra vez. El empleado relató que le asignó la habitación 514 al imputado y a Arias.

"Estaba todo tranquilo hasta que a las 2 escuchamos unos gritos. Yo estaba con Gómez. Pensamos que había alguien en el ascensor, y fuimos hacia allí. Pero no pasaba nada. Después hubo otro grito. Cuando miré hacia el descanso del segundo piso, vi la cara del señor Amín. Nos acercamos y empezó a gritar: ’¡maté a mi esposa, mándame un ascensor!’", relató Núñez.

El hombre señaló que el santiagueño, mientras repetía esa frase, tomaba a su mujer de los cabellos y la golpeaba contra el suelo. "Creo que para entonces ya había fallecido", aclaró. "¿Le pareció que Amín estaba desesperado?", le preguntó la defensa. "No. No creo. Quizás estaba nervioso por la situación, porque todos lo estábamos", contestó Núñez. El santiagueño soltó una risa por lo bajo.

Fernández fue el primero que se le acercó a Amín. "Lo agarré de los pelos para tirarlo hacia atrás, pero me soltó un manotazo y tuve que alejarme. ’Andate porque, si no, te va a pasar lo mismo’, me dijo. Pero no alcanzó a pegarme. Salí corriendo para buscar algo para defenderme y me crucé a un policía que habían llamado los muchachos de la recepción; a los minutos llegaron otros tres agentes", indicó el ex custodio del hotel. Mientras tanto, Amín se olía las axilas y se metía los dedos en la nariz.

El cabo Concha prestaba servicios adicionales en el Catalinas Park esa noche. "Fui al segundo piso porque me llamaron por teléfono desde la recepción. Llegué corriendo y lo vi al señor Amín subido sobre su esposa. Le pregunté qué había hecho y me respondió: ’maté a mi mujer’. Entonces, yo saqué mi arma, la remonté y él se tiró al piso diciéndome: ’no me mate, señor policía; por favor, no me tire’. A los cinco minutos llegaron los policías y lo esposaron", relató Concha.

Cuando le preguntaron si el acusado dijo otras cosas, recordó: "sí, me pidió que por favor le junte los riñones y el hígado". "¡Sí, sí!", gritó Amín al escuchar eso. Los testigos señalaron que tanto el acusado como la víctima estaban desnudos, y que el santiagueño no tenía armas en sus manos. Aún es un misterio dónde está el elemento cortante con el que le extrajo los ojos a su esposa. LA GACETA ©


 

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