Buenos Aires.- El ex presidente Fernando de la Rúa afirmó que el fallecimiento del también ex jefe de Estado Raúl Alfonsín dejó un mensaje de unión nacional y de valores éticos, al fererise a la notable masividad que tuvo la despedida de sus restos mortales.
De la Rúa dijo: “en este momento definitivo, de la muerte, se entiende lo que fue la persona de Alfonsín; los grandes muertos siempre dejan un mensaje”.
“Muchos de los que fueron a saludarlo con respeto, con emoción, con dolor, seguramente fueron críticos (del líder radical) en su momento, y no lo comprendieron”, aseguró, en declaraciones radiales.
De la Rúa consideró que fue una semana conmovedora por los funerales que se realizaron en memoria de Alfonsín “no sólo por la participación de la gente, sino también por el respeto general que tuvo todo el pueblo y por todas las expresiones políticas hacia el ex presidente durante la década del ‘80”, sostuvo.
Sin embargo, se quejó porque a diferencia de los grandes países, a los que les fue mejor cuando tuvieron mejores modos de convivencia, “en la Argentina la historia es al revés, es perseguir al que se va, desde el año 30”.
“Es como un sino de los presidentes argentinos; Alfonsín, cuando dejó el Gobierno, fue objeto de un hostigamiento por años, y se trató de marginarlo, de menoscabarlo”, disparó De la Rúa.
Mientras tanto, en su página web, el diario “Perfi” recordó a Margarita Ronco, la secretaria histórica de Alfonsín.
Una redactora contó que Margarita, mezclada entre la multitud, despidió al ex presidente y siguió de cerca el contenido de los cánticos en la caminata por avenida Callao.
La secretaria marchaba atenta a las muestras de afecto. En un momento, levantó el brazo y ella también cantó “Al-fon-sín, Al-fon-sín”.
Cuando llegaba al final del recorrido, sobre la calle Guido, Margarita se detuvo. Una barra de jóvenes gritaban eufóricos: “ Yo nací en Argentina, voy por la vida, voy por la paz, yo soy Franja Morada. Por eso les digo a todos los que no entienden esta pasión, ¡Alfonsín no se toca, la puta madre que los parió!”.
Ella se acercó a una de las militantes y le dijo al oído: “No digan malas palabras”.
La joven, sorprendida, no tardó en contestarle: “Al gordo le hubiese gustado”.
Y Margarita, que tanto conocía a Alfonsín, fue contundente: “Yo te aseguro que no, yo era su secretaria”. Y siguió caminando, entre lágrimas y sonrisas. (NA-Especial)







