A casi $ 80 la dosis, el consumo de LSD, éxtasis o ketamina crece en forma sostenida en Tucumán

Entre personas mayores de 20 años, el abuso de estupefacientes de los denominados selectos se extiende sobre todo en fiestas privadas.

18 Enero 2009

No cuestan $ 5 ni se consiguen en quioscos de barrios humildes. “Hay que pegar onda (sic) con un dealer grosso, porque esto es exclusivo”, explica Luis, de 23 años. Si bien la gran masa de adictos consumen marihuana y cocaína, la cantidad de usuarios de estupefacientes denominados selectos va en aumento, según señalaron especialistas consultados por LA GACETA. Lo que sorprende es la aparición nuevamente del LSD, una droga de culto de los años 70, a la que en Tucumán muchísimos se hicieron adictos, sobre todo por temor a los componentes del éxtasis.
“La droga existe en todos lados”. El lunes 5, el gobernador José Alperovich admitió que el uso de sustancias ilegales trasciende las clases sociales y no reconoce fronteras. “No sólo hay ‘paco’ en la ‘Bombilla’; también dentro las cuatro avenidas y en las zonas ricas donde, en vez de llamarse ‘paco’, se llama porro o cocaína”, había dicho el mandatario. Los especialistas le dan la razón.
“El éxtasis es una droga cara, derivada de la efedrina, que es consumida grupos sociales de alto poder adquisitivo. Los pacientes que recibimos suelen utilizarla para fines recreativos, los fines de semana, y en grandes fiestas”, explicó el médico Gustavo Marangoni, director de la Fundación CAIS (Centro de Atención Interdisciplinaria).
Estas pastillas cuestan entre $ 35 y $ 60. Sus efectos pueden ser letales; más si se las mezcla con bebidas alcohólicas. “Su consumo genera una gran euforia. Quien tomó éxtasis tiene una libido muy despierta y tiene una necesidad enorme de bailar, de moverse. Causa una sudoración abundante; por eso, la persona puede terminar deshidratada”, explicó Marangoni.

El ácido
Entre las sustancias selectas se encuentra también el ácido lisérgico o LSD. “Estos ácidos son traídos desde Buenos Aires, en forma de estampillas. No tenemos casos de adictos con síndromes de dependencia física”, explicó el licenciado en Psicología Fernando Parolo, director del programa PUNA, de la UNT. El especialista agregó: “por lo general, quien utiliza LSD es un politoxicómano que tiene dinero para acceder a este tipo de drogas”. “De cada 60 consultas por cocaína o marihuana, se registra una por LSD”, detalló Marangoni. El médico explicó que su consumo se da generalmente entre personas mayores de 25 años que han probado la sustancia fuera de la provincia para experimentar sus efectos.
Para obtener ácido (o “pepa”, como lo llaman), los adictos buscan un contacto en Buenos Aires, ya que desde allí proviene la mayor cantidad de LSD que entra a la provincia. Lo mismo sucede con el éxtasis. “Algunos piden estas drogas a través de internet, y las reciben en encomiendas”, añadió Marangoni. “El LSD es como un cartón, muy parecido a los separadores de materias para las carpetas que usaba en la primaria”, describió José, de 26 años. A esa tableta, explicó el joven, se la divide en varias dosis, cada una de un centímetro cuadrado. “Te lo ponés bajo la lengua o sobre el párpado durante una hora, y luego hace efecto. Es un viaje que dura como ocho horas”, detalló F., una joven de 27 años. Cada una de las dosis de LSD cuesta entre $ 60 y $ 80 en el mercado local de narcotráfico.
Sobre los efectos de esta sustancia, Marangoni expuso: “es una droga psicodisléptica; trastorna mucho la percepción. Genera alucinaciones, y los que la consumen creen, por ejemplo, que pueden volar, o se quedan embelesados mirando el sol durante horas. Por eso mismo son peligrosas; el adicto no tiene control sobre sus actos. Además, genera severos daños en el cerebro”, manifestó el especialista.

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Para veterinarios
Otra droga cuyo consumo se incrementó enormemente es la ketamina. “Se trata de una droga muy fuerte que se utiliza en veterinaria”, aseveró Parolo. El frasco cuesta $ 80. “Es un líquido que se pone a hervir a baño de María o en el microondas hasta que queda un polvo. A eso se lo toma directamente, o se lo mezcla con un porro”, relató Luis, quien la probó.
Algo similar ocurre con ciertos medicamentos que se distribuyen en farmacias y que contienen una sustancia llamada codeína, un derivado del opio. “Hace estragos. Tenemos muchos pacientes dependientes a estas drogas, que viene, por ejemplo, en algunos remedios para la tos”, detalló Parolo. El adicto compra jarabes o comprimidos, separa las drogas y las mezcla con alcohol. “Los jóvenes experimentan en sus cuerpos los efectos de estas sustancias”, dijo Marangoni.

Té en los valles
Una infusión llamada como “té de San Pedro” es poco conocida aún, pero su consumo también creció. “Es un cactus que crece en los valles; se le saca la cáscara, se la ralla y se la hierve”, contó Luis. Agregó que esta sustancia no tiene precio de mercado. “La única forma de conseguirlo es teniendo a alguien de confianza que te lo dé. Sí o sí tenés que ir a tomarlo en un lugar al aire libre, porque te hace delirar una bocha (sic)”, especificó.
La oferta y variedad de drogas en Tucumán, según los especialistas, es preocupante. Sin embargo, señalaron que la situación trasciende al tipo de droga que se consume. “No es una cuestión si se toma ‘paco’ o éxtasis. Siempre estuvieron estas sustancias. El debate no es qué o dónde se consume, sino qué carencias sociales tapa la droga”, concluyó Parolo.

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