Algunos saltan y bailan durante horas. Otros se quedan sentados, con la mirada perdida, imaginando que vuelan. Según relataron jóvenes consumidores de drogas denominadas “caras”, los circuitos donde se usan estas sustancias ilegales varían según las características de cada estupefaciente. Los expertos consultados por LA GACETA hicieron especial hincapié en la peligrosidad de estas drogas. “Pueden llevar a la muerte. No pueden confiarse ni decir alegremente lo bien que pegan. Igual que el porro o el ‘paco”, todas pueden tener consecuencias nefastas”, advirtieron.
“La ‘pepa’ (por el LSD) es muy de culto, para un buceo interior; podés descubrir cosas sobre vos mismo. Las pastillas, en cambio, tienen el fin de pasarla bien en ese momento. Es algo sintético y se usa por lo general en fiestas electrónicas”, expresó Luis, de 23 años.
Una joven cuya nombre comienza con F. relató que ella consume ácidos generalmente en fiestas privadas, y siempre en compañía de personas de confianza. “En alguna que otra reunión, vemos que alguno se está escondiendo en la cocina, y resulta que tiene ‘pepa’. En lugares públicos no da, más que nada por los efectos. Es peligroso delirar al aire libre”, detalló la joven de 27 años.
Ambos consultados aclararon que esas sustancias jamás se adquieren dentro de boliches, sino a través de contactos especiales. “No es un dealer común y corriente. Maneja más dinero. También venden marihuana, que es un como un servicio complementario. Como hacen los quiosqueros con los cospeles. Pero las drogas caras son las que dejan más plata y son más fáciles de esconder y no tienen olor”, detalló Luis.
“Para consumir ácidos muchos nos vamos a los cerros, porque el contexto tiene muchísimo que ver para flashear”, indicó otro joven consumidor. El muchacho relató que en una ocasión, en Amaicha del Valle, bebió “té de San Pedro”. “Te hace ver imágenes caleidoscópicas. Es todo un ritual, como hacen los chamanes con los peyotes en Perú”, añadió. Según él, puede dejar de consumir cuando quiera.









