Simulan que pescan en el río para vender drogas
Bajó la oferta de estupefacientes en la Costanera y llegó ayuda a las familias, pero los vecinos afirman que hace falta más control policial. Los "dealers" se las ingenian para llevar sustancia a los adictos. Se duplicó el costo de las dosis de "paco". Hay mujeres amenazadas. Clases para jóvenes y adultos.
Les dicen “Martín Pescador”. Están a la orilla del río Salí, con la caña de pescar en la mano y con la droga en el bolsillo. Después del revuelo por la venta de estupefacientes en la Costanera, los vecinos cuentan que los “transas” temen nuevos allanamientos en los barrios y decidieron cambiar sus lugares de venta. Ahora, es más difícil conseguir la droga no sólo porque desaparecieron casi todos los quioscos donde se la comercializaba, sino porque se duplicó el costo de las diferentes sustancias. Por ejemplo, la dosis de “paco”, que antes salía $ 5 y ahora se consigue por $ 10.
La disminución de la oferta de drogas en la zona llenó de optimismo a las madres de los jóvenes adictos. Además, ellas dicen que en la escuela ubicada en la Costanera norte, del lado de la capital, hay psicólogos y asistentes sociales que están atendiendo los reclamos de las familias del barrio y les brindan contención.
Las madres detallan que en el establecimiento están dictando talleres para que los chicos tengan en qué ocupar su tiempo libre, y que les prometieron abrir de noche para que ellas puedan estudiar.
Como locos
“Muchos chicos andan como locos buscando droga y no siempre la consiguen porque los ‘transas’ tienen miedo de que los estén observando. Sólo de noche se puede comprar, pero los vendedores están escondidos cerca del río”, relata Liliana, que tiene dos hijos con problemas de adicción.
Joaquina, otra mamá de la Costanera (del lado de Banda del Río Salí), recorre todas las noches la orilla del Salí en busca de su hijo, que no duerme desde hace cuatro días para poder drogarse, según cuenta. “Ahí se juntan todos los chicos. Los ‘transas’ simulan que están pescando, pero los jóvenes se acercan y ellos les venden ‘paco’, porros y (pasta) base”, describe.
Según relatan las madres, muchos de los que comercializan droga en los 12 barrios que tiene la Costanera agudizaron su ingenio y aparecieron cerca de las canchas de fútbol o de otros sitios de reunión de jóvenes ofreciendo estupefacientes a mayor precio. “Antes había cuatro lugares de venta por manzana, ahora quedaron sólo dos o tres sitios importantes; los quioscos pequeños cerraron”, remarca Ramona, a quien sus hijos no la dejan salir de la casa después de que ella reclamó ante la prensa que se persiguiera a los dealers.

Asustadas
Hay más ayuda y menos droga, pero muchas madres están asustadas porque también aumentaron las amenazas hacia ellas por parte de los vendedores de estupefacientes. Dionisia tiene una custodia frente a su casa y no quiere salir a ninguna parte por temor. Es que su hijo fue agredido el jueves y a ella, según afirma, le “juraron la muerte”. “Me dijeron que me fuera despidiendo. Los ‘transas’ están muy ofendidos porque las madres destapamos lo que estaba ocurriendo en este barrio. Y fue muy positivo. Después de los procedimientos policiales que hubo cerraron varios almacenes donde se conseguía ‘paco’ y cocaína. Ahora, por suerte, los chicos se están alimentando y andan más lúcidos por las calles”, explica.
Las madres, no obstante, remarcan que no se ha incrementado el control policial en la Costanera. “La Policía sólo vino los primeros días, después no apareció más. Esto es tierra de nadie”, confiesa Mario, un vecino de calle Costanera y Estados Unidos. Como él, la mayoría de los habitantes coinciden en que la Policía no patrulla las calles y no da respuesta a la mayoría de las denuncias que realizaron desde que se reveló la venta de “paco” en la zona, a fines de diciembre.
Versiones encontradas
La Policía informó que en los últimos días se reforzaron los controles en la Costanera. Detalló que oficiales de la seccional 11 y de la Patrulla Motorizada recorren la zona a toda hora. Pero los vecinos desmienten esa versión. “Debe ser que patrullan desde la comisaría, porque por el barrio no se lo ve a ninguno”, ironizó Juan, que vive cerca del río Salí.










