“Nosotros no somos los dealers de la Costanera”

Una de las acusadas por el crimen de Santana defendió a sus familiares.

PREOCUPADA. Olga Acuña dijo que le desvalijaron la casa. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
PREOCUPADA. Olga Acuña dijo que le desvalijaron la casa. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
17 Enero 2009

Olga Acuña tiene miedo de salir a la calle. Desde que recuperó la libertad, hace tres días, los vecinos de Costanera no han dejado de amenazarla. Su casa fue saqueada durante los 18 días que ella permaneció en prisión, y en su barrio todos la culpan por el crimen de Walter Santana, el joven de 23 años que fue asesinado de un balazo la madrugada del 25 de diciembre. “No somos asesinos. No sé quién mató a Santana, pero ninguno de nosotros fue”, se defendió, pese a las acusaciones de sus vecinos.
Acuña y María Villagra fueron las primeras personas detenidas por la Policía luego del homicidio. Pero el lunes, por disposición del fiscal Carlos Sale, recuperaron la libertad. Héctor Soria y Julio Villagra, en cambio, seguirán detenidos. Para ellos, el fiscal solicitó la prisión preventiva, y los acusó de homicidio. La jueza Mirta Lenis de Vera, no bien se haga cargo de la feria judicial, deberá resolver el pedido del fiscal.

Su versión de los hechos
Acuña intenta limpiar el nombre y el honor de su familia. La mujer accedió a dialogar con LA GACETA sobre lo sucedido en la vivienda de pasaje Próspero García y Costanera para dar a conocer su versión de lo sucedido. Según Acuña, Walter Santana y otros jóvenes conocidos como “Monzón”, “el Mudo” y “Chochano”, entraron sin permiso en su casa y se sentaron a la mesa con la intención de apoderarse de la comida que había preparado para festejar la Navidad. “Cuando salí, los vi a todos comiendo. Les pedí que se fueran de mi casa, pero Santana reaccionó mal y comenzó a insultarme. Mi yerno, Julio (Villagra), lo enfrentó y pelearon en la vereda”, afirmó.
Acuña reconoce haber escuchado los disparos que terminaron con la vida de Santana, pero aclaró que no pudo observar quién efectuó el disparo. “Ninguno de nosotros tiene pistolas ni revólveres en la casa. Los tiros salieron de otro lado”, se defendió.

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Una áspera discusión
La noche en que fue perpetrado el crimen, según la investigación judicial, Santana intentaba comprar cocaína en la casa de Julio Villagra y de Soria. Al parecer, los presuntos “transas” se negaron a venderle la droga al joven, porque no tenía todo el dinero para pagar. Esto habría desencadenado una áspera discusión entre los hombres hasta que, finalmente, Villagra le dio un disparo en el pecho a su rival. “Santana no vino a comprar droga; vino a robarnos una motocicleta. Nosotros no vendemos ‘paco’ ni cocaína ni somos los dealers de la Costanera, como dicen”, agregó Acuña.
La mujer negó que la droga que secuestró la Policía de su vivienda el día del homicidio pertenezca a su familia, y rechazó las denuncias que realizaron los vecinos, sobre que en ese lugar se comercializaban “paco” y otros estupefacientes a los jóvenes de la zona. “La gente dice todo eso para perjudicarnos. Nos quieren culpar de todo lo que pasa en el barrio. Pero nosotros también somos víctimas”, se quejó.

Sin custodia
Acuña cuestionó también a los policías de la Seccional 11a, quienes levantaron la custodia que había ordenado el fiscal Carlos Albaca a raíz de los incidentes que se habían desencadenado como consecuencia del crimen. Según la mujer, desde que la fuerza de seguridad se marchó, vecinos y familiares de Santana le desvalijaron la casa. “Primero quemaron una parte y robaron algunos electrodomésticos. Después, entraron y destruyeron todo. Ayer se llevaron una puerta, una cama y la mesa de luz. No dejaron nada, solo falta que se lleven el techo. No tengo dónde vivir”, manifestó.
Por último, Acuña se refirió a la situación de su yerno, Julio Villagra, y de su esposo, Soria. “Espero que la Justicia los libere. Ellos son inocentes, como nosotros. Mi familia está viviendo una pesadilla por todo esto”, finalizó.

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