Lo siguió disfrazada y vio dónde le daban droga

Una "madre de la Esperanza" vive en una carpa con su hijo adicto. El joven consume a diario pegamento y marihuana. El padre y el abuelo del adolescente lo rechazan, por lo que debió mudarse.

PRECARIO. Vanesa prepara la carpa donde pasa las noches con su hijo. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
PRECARIO. Vanesa prepara la carpa donde pasa las noches con su hijo. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
17 Enero 2009

La solitaria carpa azul, levantada hace cuatro meses en un terreno ajeno del barrio Ciudad Parque, es un reflejo de lo que Vanesa está viviendo junto a su hijo R., de 17 años. “Nos han abandonado muchas personas, pero yo no voy a dejarlo solo a él. A veces, hasta la propia familia del adicto desconfía. Por eso terminamos acá”, dijo preocupada la mujer, que forma parte de las Madres de la Esperanza. “Bienvenidos a mi country”, expresó irónicamente Vanesa, mientras ingresaba al predio ubicado en pasaje Bascary al 4.000. Señaló la carpa azul, que, lógicamente, no cuenta con ningún tipo de servicio sanitario. “Sé que no queda bien en la estética del barrio, pero no tengo otro lugar para vivir”, aseguró.
Hay noches en las que R. se despierta agitado y bañado en sudor. Siente una necesidad imperiosa de consumir drogas: un porro, una bolsa de pegamento, lo que sea. Entonces, el joven abre los ojos y ve a su madre acostada junto a él en una colchoneta precaria. “Tengo la culpa de lo que está pasando mi hijo. Por eso me hago cargo y vivo de esta manera”, admitió Vanesa. Luego, relató cómo fue que llegó a ese lugar. “Mi marido y yo estamos separados desde hace muchos años. Mi hijo vivía con él, pero su padre lo echó por su adicción. Para colmo, mis parientes tampoco lo quisieron recibir. Y yo no podía dejarlo abandonado a su suerte”, explicó. Luego, asumió sus responsabilidades por no haberle marcado límites a R. “No quiso seguir en la escuela después de terminar la primaria. Ni su papá ni yo se lo exigimos, y ahí estuvo nuestro error. El se crió con padres separados, y a lo mejor los problemas familiares lo llevaron a esto”, añadió.
R., según su madre, comenzó a drogarse en 2005. “Pero recién lo descubrimos al año siguiente. Lo encontré tirado en una habitación, con una bolsita de pegamento al lado. Empezó a llorar y me abrazó. ‘Quiero dejar esto’, me dijo”, narró la mujer. Para saber dónde compraba droga su hijo, Vanesa lo siguió disfrazada durante dos días. “Me puse una peluca, unos anteojos, y me vestí con ropa de una amiga. Lo veía entrar a un supuesto taller en el barrio ‘El Revoltijo’, en la zona de canal Sur y avenida Roca. Ahí no arreglan nada; lo único que hacen es vender todo tipo de porquerías”, manifestó.

Tratamientos
La mujer dice que el chico realizó tratamientos de manera continuada. “Va a empezar a ir a un curso de autoayuda de una iglesia, porque ya fracasamos con otros especialistas. Seguramente estamos fallando en algo”, relató.
Vanesa añadió: “me desilusioné mucho cuando el gobernador (José) Alperovich dijo que los chicos adictos al ‘paco’ son irrecuperables. Aunque mi hijo no consume eso, sino otras drogas, jamás alguien puede decirle a una madre que su hijo va a morir o que no puede ayudarlo. Esa frase me causó muchísimo dolor”. La mujer aclaró que no quiere seguir ocupando ilegalmente ese terreno. “Pensé que estaba abandonado, pero hace poco vino el dueño a pedirme amablemente que me fuera. La ministra (de Desarrollo Social, Beatriz) Mirkin, me prometió una casa en el barrio San Miguel. Pero no quiero aceptarla, porque esa zona es tan complicada como Costanera. Ahí no voy a poder lograr que mi hijo se recupere. Vamos a pasar de Guatemala a ‘Guate-peor’”, concluyó.

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