“Siempre creemos que somos los mejores”

Quetglas aseveró que los argentinos se sobrevalorizan, lo que atenta contra el aprendizaje.

19 Oct 2008
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DISERTANTE. Fabio Quetglas es especialista en gestión de ciudades. LA GACETA/ANALIA JARAMILLO

Un problema central para el desarrollo cultural es la vanidad generalizada que caracteriza a los argentinos; ese extremo amor propio por las creaciones de uno mismo y el rechazo automático por las del otro. “Cuando se cae en la hipervaloración identitaria, cuando creemos que somos los mejores, se restringe el aprendizaje. Este requiere una pseudo apertura conceptual, mental, en todo sentido. En un país de inmigrantes, la cuestión identitaria es muy importante, pero llevada a la exacerbación provoca que se caiga en el culto a lo que uno es. Es decir, para desarrollarte, tenés que poder cuestionarte”, explicó el especialista en gestión de ciudades Fabio Quetglas, para definir uno de los conceptos que más llamó la atención durante el II Congreso Nacional del Cultura: el subdesarrollo sustentable.
Quetglas es abogado y docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Disertó en la mesa sobre “Cultura y sustentabilidad económica, ambiental y social del desarrollo”, en el cine Atlas, donde propuso la creación de un consejo de intelectuales argentinos que ayude a diseñar una política de ciencia y técnica solvente y útil para el desarrollo del país.
“Las acciones primarias en materia de construcción de políticas públicas para la ciencia y la tecnología, vinculadas al desarrollo, en principio tienen que ver con que la gente que trabaja cobre a fin de mes; con que los investigadores que tengan una trayectoria profesional de 15 o 20 años ganen como para que al menos les alcance para pagar las expensas, y con que el país pueda comenzar a establecer prioridades, porque uno no puede ser innovador en todo”, sostuvo.
Afirmó que durante el gobierno de Néstor Kirchner se volvió a financiar la investigación en institutos como el INTI, el INTA y el Conicet, lo cual, afirmó, es un avance que merece ser destacado. También observa con beneplácito la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva que encabeza Luis Barañao. “Pero ojo -advierte-, porque con el auto puedo irme de vacaciones, lo puedo sacar para trabajar o lo puedo chocar. Y se puede chocar este ministerio”. Quetglas sostuvo que a este ministerio hay que darle un tiempo. “Los países desarrollados tienen un buen sistema científico-tecnológico. Pero yo, por ejemplo, no sabría planificarlo. La persona que está mal de salud debe ir al médico. Yo no puedo curarla porque no soy médico. Pero en la Argentina hay notables que se destacaron en el sistema científico-tecnológico. Si yo fuera presidente, no me importaría cómo piensan en términos ideológicos; formaría un consejo de 10 notables argentinos. A un tipo como Mario Bunge, que fue director del departamento de Filosofía de la Física de la Universidad McGill (Montreal, Canadá) por lo menos lo escucho un ratito”, manifestó el experto.

 

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