Lo que falta en la Argentina es el debate, afirma Osvaldo Bayer

El ensayista sugirió a los intelectuales que vuelvan a leer a Jauretche y a Scalabrini Ortiz. Entre los recuerdos de su niñez en Tucumán y los días que pasa en una aldea cerca de Bonn, en Alemania.

19 Oct 2008
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EN LA CASA HISTORICA. El autor de “La Patagonia rebelde” recorrió el solar patrio acompañado por LA GACETA. LA GACETA/HECTOR PERALTA

San Miguel de Tucumán no se parece a la aldea de Linz am Rhein (cerca de Bonn, Alemania), pero para Osvaldo Bayer, una visita a la ciudad es un viaje de regreso a su niñez. La aldea de Linz am Rhein se convirtió para el autor del poderoso ensayo “La Patagonia rebelde” en un refugio para la creación y la lectura en estos últimos años; Tucumán lo remonta al tiempo en que su padre, un ingeniero alemán, llegó a trabajar en la construcción del telégrafo y del correo.
Bayer nació en Santa Fe en 1927, luego vino con su familia a Tucumán (estuvo hasta 1932); más tarde fue a Bernal, y finalizó su secundario en Hamburgo, donde estudió Historia. Entre 1976 y 1983 estuvo exiliado en Alemania.
“Siempre que vengo aquí quiero darme una vuelta por la zona donde está el correo y por la plaza de la calle La Madrid (plaza San Martín); de hecho voy a volver en unos días con un trabajo que estamos haciendo para Uatre”, le dice a LA GACETA durante una recorrida por la Casa Histórica. Amable, cálido, el escritor, historiador, defensor de los derechos humanos y polemista (acaso el último anarquista) fue uno de los disertantes del ciclo “Café, Cultura y Nación”, en el Segundo Congreso Nacional de Cultura.
Un corto paseo y un vermouth, fueron suficientes para comprobar el reconocimiento que participantes del congreso, turistas y estudiosos de la historia le dispensaron al escritor que hoy vive entre Alemania y Buenos Aires.

- Lo escucharon en su ponencia y muchos querían que siguiera, cuando ya iban más de dos horas.
- Sí, es reconfortante que haya gente que quiera debatir temas importantes, que se interese por la  discusión de las ideas. Me gustó mucho lo de esa noche, no me pusieron ninguna censura.

- ¿Cómo ve a los intelectuales en este momento histórico?
- Salvo pocas excepciones, al intelectual argentino le gustó estar en la torre de marfil. Tendrían que volver a leer a Jauretche, a Scalabrini Ortiz. En este sentido, me pareció muy bueno el trabajo de Pino Solanas con su película “La última estación”, donde aparece la defensa de lo nacional, de lo auténtico. Yo saludé el movimiento Carta Abierta, donde, por primera vez, un núcleo grande de intelectuales se reunió a discutir temas de fondo. Posiblemente lo hagan para apoyar al oficialismo, pero de cualquier manera está bien que se debata, porque ese ejercicio obliga a pensar. La discusión es lo que falta en este país.

- ¿Qué opinión tiene del Gobierno, del rumbo de la Argentina?
- A este Gobierno hay que reconocerle lo que ha hecho en materia de derechos humanos, que ha impulsado juicios a individuos como Bussi y Menéndez. Pero en lo económico la tarea sigue pendiente. Se paga la deuda externa, pero parece que no importa que el 3,5% de argentinos esté afectado por la desnutrición. Yo siempre consideré que no habrá una verdadera democracia mientras haya niños con hambre. En mis viajes por el país veo que aumenta la miseria. Hacen faltas políticas de seguridad para que los desocupados no se sientan dejados de lado por la sociedad. Hasta ahora, el pueblo se manejó poniendo papelitos en las urnas cada dos años; no está acostumbrado a salir a la calle. Falta un mayor nivel de concientización; pero tampoco hay un proyecto hacia dónde vamos...

- ¿A quién o a qué hechos deberíamos adjudicar este déficit? ¿A los partidos políticos, por caso?
- Desde que se creó la democracia tuvimos dos partidos y la comprobación de que son prácticamente lo mismo. El gobierno más capitalista, más liberal que tuvimos ha sido peronista: el de Menem. Y después el pueblo eligió al partido contrario; a De la Rúa, pero que siguió la misma línea y con Cavallo. Aquí importan más los personalismos, las figuras que las definiciones, y eso es una cuestión clave.

 

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