"El juguete tradicional enseña a vivir"
La industria del sector brinda empleos directos e indirectos a unos 22.000 argentinos. Los fabricantes nacionales señalan que la tecnología aún no puede reemplazar los sentimientos. El titular de la cámara de la actividad, Norberto García, sugiere a los padres y abuelos regalar a los niños productos acordes a su edad.
10 Agosto 2008 Seguir en 
La nueva generación aprende varios idiomas. Por Dragon Ball, los niños pronuncian nombres en japonés y por el uso de la Play Station, saben algunas palabras en inglés. Sin embargo, la pelota, el autito y la muñeca no pasan de moda. A los fabricantes argentinos de juguetes tradicionales no les interesa competir con la tecnología o los importados. Según los empresarios, lo lúdico es irremplazable. Por eso, en fechas como el Día del Niño, las empresas argentinas intentan captar a los miniconsumidores, aquellos que hoy tienen menos de siete años. Fábrica de juguetes habrá siempre en cualquier parte del mundo, porque alimentan las ilusiones infantiles.
En la Argentina, existen unas 60 firmas (un tercio de las existentes hasta fines de 2001 cuando se desató la crisis socioeconómica) que facturan unos U$S 250 millones al año, según reconoce a LA GACETA el presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, Norberto García. "Hay cosas que no pueden competir con el sentimiento", indica el empresario y en eso inscribe a la tecnología. Por eso García está seguro de una idea: "el juguete tradicional enseña a vivir, por eso están vigentes por más que antes una nena jugaba con las muñecas hasta los 11 años y hoy encienden una computadora y estén frente a ella desde los 7 años".
Triciclos, coches a pedal y patinetas; muñecos que representan a los seres humanos o a animales; trenes eléctricos, juegos didácticos o de mesa y hasta de encastre. Rompecabezas, balones inflables e instrumentos musicales. Los juguetes clásicos siguen siendo artesanales: una máquina no podrá vestir de una manera especial a una muñeca, señala García. Se estima que en el mundo existen unas 250.000 variedades de juguetes, muchos de los cuales adornan las vidrieras de los comercios en fechas tan especiales como las de hoy, el Día del Niño.
Recuperando el terreno perdido
La industria del juguete aprovechó el ciclo de expansión de la economía argentina. Durante la época de la convertibilidad, la producción nacional sólo captaba el 10% del mercado, invadido por los productos importados. Actualmente, según estimaciones de la cámara de fabricantes, participan con el 45% en el mercado argentino. "La actividad puede seguir creciendo, porque a las fábricas le quedan un 20% de la capacidad instalada", puntualiza García, entusiasmado para aprovechar la fecha.
El proceso productivo de esta industria comprende distintas etapas que van desde el diseño y el desarrollo de nuevos productos, su fabricación y armado hasta las actividades de promoción y marketing, señala un informe del Centro de Estudio para la Producción (CEP). La fabricación de juguetes requiere de materias primas provistas por otros sectores industriales tales como insumos plásticos (polipropileno, polietileno, poliestireno de alto impacto); materiales textiles; metálicos (hierro, acero); papeles, cartulinas y cartón y mecanismos para juguetes (motor eléctrico, fricción, cuerda, resorte, pila, etc). Por esa razón, el presidente de la cámara de fabricantes puntualiza que, si bien trabajan directamente en la actividad unas 6.000 personas, la cifra se amplia a 22.000 trabajadores si se la amplía a toda la cadena de valor.
La diversidad de productos -nacionales e importados- que se comercializan en este sector y la marcada estacionalidad de las ventas, concentradas mayormente en dos fechas: Día del Niño y Fiestas de fin de año, hacen que el desarrollo de nuevos productos (novedades), la renovación del packaging y las actividades de marketing y promoción6 resulten clave en la estrategia competitiva de las empresas, permitiéndoles cierto grado de diferenciación.
Los canales de distribución por los que los productos llegan a manos del consumidor son diversos. Entre ellos pueden mencionarse en primer lugar a los mayoristas, que actúan de nexo con los comercios minoristas de menor tamaño, principalmente con las pequeñas y medianas jugueterías y los negocios polirrubro. Este tipo de actores parece haber perdido importancia en los últimos años, aunque su figura es importante en el interior del país. En este aspecto, García hace una aclaración respecto del incremento en el precio de los juguetes nacionales. Si bien los comerciantes minoristas prevén un incremento del 25% en el precio de los productos, el fabricante puntualiza que "en el sector se manejan cifras de las más extrañas, porque cuando nosotros facturamos lo que producimos, el aumento interanual en el precio es de un 9% o un 10%". Todo depende de la estrategia de comercialización para captar a los clientes.
La esencia misma
Más allá del comportamiento del mercado y de los números, en este día especial, García convocó a la familia a no perder el espíritu lúdico de los juguetes tradicionales. "Siempre será bueno regalarle al niño un producto que lo haga sentirse feliz y que esté acorde con su edad. Con un autito, el niño trata de imitar al papá; con una muñeca, la nena trata de asemejarse a su mamá. Todas esas vivencias van preparando al niño para la vida. Para aprender a vivir tienen que aprender a jugar, esa es la esencia", señala el presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete. Esa filosofía puede ser transmitida hoy a los casi 390.000 niños tucumanos, que representa cerca del 26% de la población total de la provincia.
En la Argentina, existen unas 60 firmas (un tercio de las existentes hasta fines de 2001 cuando se desató la crisis socioeconómica) que facturan unos U$S 250 millones al año, según reconoce a LA GACETA el presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, Norberto García. "Hay cosas que no pueden competir con el sentimiento", indica el empresario y en eso inscribe a la tecnología. Por eso García está seguro de una idea: "el juguete tradicional enseña a vivir, por eso están vigentes por más que antes una nena jugaba con las muñecas hasta los 11 años y hoy encienden una computadora y estén frente a ella desde los 7 años".
Triciclos, coches a pedal y patinetas; muñecos que representan a los seres humanos o a animales; trenes eléctricos, juegos didácticos o de mesa y hasta de encastre. Rompecabezas, balones inflables e instrumentos musicales. Los juguetes clásicos siguen siendo artesanales: una máquina no podrá vestir de una manera especial a una muñeca, señala García. Se estima que en el mundo existen unas 250.000 variedades de juguetes, muchos de los cuales adornan las vidrieras de los comercios en fechas tan especiales como las de hoy, el Día del Niño.
Recuperando el terreno perdido
La industria del juguete aprovechó el ciclo de expansión de la economía argentina. Durante la época de la convertibilidad, la producción nacional sólo captaba el 10% del mercado, invadido por los productos importados. Actualmente, según estimaciones de la cámara de fabricantes, participan con el 45% en el mercado argentino. "La actividad puede seguir creciendo, porque a las fábricas le quedan un 20% de la capacidad instalada", puntualiza García, entusiasmado para aprovechar la fecha.
El proceso productivo de esta industria comprende distintas etapas que van desde el diseño y el desarrollo de nuevos productos, su fabricación y armado hasta las actividades de promoción y marketing, señala un informe del Centro de Estudio para la Producción (CEP). La fabricación de juguetes requiere de materias primas provistas por otros sectores industriales tales como insumos plásticos (polipropileno, polietileno, poliestireno de alto impacto); materiales textiles; metálicos (hierro, acero); papeles, cartulinas y cartón y mecanismos para juguetes (motor eléctrico, fricción, cuerda, resorte, pila, etc). Por esa razón, el presidente de la cámara de fabricantes puntualiza que, si bien trabajan directamente en la actividad unas 6.000 personas, la cifra se amplia a 22.000 trabajadores si se la amplía a toda la cadena de valor.
La diversidad de productos -nacionales e importados- que se comercializan en este sector y la marcada estacionalidad de las ventas, concentradas mayormente en dos fechas: Día del Niño y Fiestas de fin de año, hacen que el desarrollo de nuevos productos (novedades), la renovación del packaging y las actividades de marketing y promoción6 resulten clave en la estrategia competitiva de las empresas, permitiéndoles cierto grado de diferenciación.
Los canales de distribución por los que los productos llegan a manos del consumidor son diversos. Entre ellos pueden mencionarse en primer lugar a los mayoristas, que actúan de nexo con los comercios minoristas de menor tamaño, principalmente con las pequeñas y medianas jugueterías y los negocios polirrubro. Este tipo de actores parece haber perdido importancia en los últimos años, aunque su figura es importante en el interior del país. En este aspecto, García hace una aclaración respecto del incremento en el precio de los juguetes nacionales. Si bien los comerciantes minoristas prevén un incremento del 25% en el precio de los productos, el fabricante puntualiza que "en el sector se manejan cifras de las más extrañas, porque cuando nosotros facturamos lo que producimos, el aumento interanual en el precio es de un 9% o un 10%". Todo depende de la estrategia de comercialización para captar a los clientes.
La esencia misma
Más allá del comportamiento del mercado y de los números, en este día especial, García convocó a la familia a no perder el espíritu lúdico de los juguetes tradicionales. "Siempre será bueno regalarle al niño un producto que lo haga sentirse feliz y que esté acorde con su edad. Con un autito, el niño trata de imitar al papá; con una muñeca, la nena trata de asemejarse a su mamá. Todas esas vivencias van preparando al niño para la vida. Para aprender a vivir tienen que aprender a jugar, esa es la esencia", señala el presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete. Esa filosofía puede ser transmitida hoy a los casi 390.000 niños tucumanos, que representa cerca del 26% de la población total de la provincia.







