06 Julio 2008 Seguir en 
SANTIAGO DEL ESTERO (De nuestro enviado especial, Gustavo Rodríguez).- "El crimen tiene tintes mafiosos", dice y no se cansa de repetir Verónica Mayer, sobrina de Raúl Eduardo Domínguez, el tucumano que fue asesinado después de denunciar que en la Dirección de Rentas de esta provincia se estaba perpetrando una millonaria estafa.
A mediados de abril la víctima se presentó ante el titular del ente recaudador, Marcelo Roger, y le comentó que en la sección Timbrados, donde se recaudan $ 3,5 millones promedio por mes, se estaban emitiendo certificados truchos. Se inició la investigación. Domínguez, testigo clave en la causa, declaró dos veces ante los policías de la División Delitos Económicos. El 13 de mayo, jornadas antes de que se presentara a ratificar sus dichos ante el juez Juan Jorge, que investiga el caso, desapareció.
"Ese día lo fui a buscar al trabajo para que volviéramos juntos a casa. Me dijo que no, porque estaba en su bicicleta. Después volvió a casa y salió rápidamente. No comió, no se llevó sus pastillas para la hipertensión y se dejó su celular. Nos dijo que se iba a su taller de reparación de zapatos. Lo notamos raro, nervioso. No lo volvimos ver", relató María Marta, una de las cuatro hijas de Domínguez.
José Eduardo Herrera, representante legal de la familia de la víctima, no tiene dudas. "El entró y salió de la casa rápidamente. Era evidente que alguien lo estaba esperando. Pensamos que era alguien conocido que quería hablar por lo que iba a declarar ante la Justicia. El lo entregó", señaló el abogado, el mismo que en su momento firmó el dictamen de la separación del gobierno de Antonio Musa Azar, una de las figuras más oscuras del juarismo santiagueño.
Los Domínguez lo buscaron por todas partes, sin resultados. El gobernador de la provincia, Gerardo Zamora, los recibió en la Casa de Gobierno y prometió que los ayudaría a encontrarlo. El jefe de Policía, David Marcelo Pato, visitó a la esposa de la víctima, Olga Cristina Torres, en su casa para explicarle todo lo que estaban haciendo para ubicarlo.
En la calurosa tarde del 26 de mayo, un vecino denunció la aparición de un cuerpo en un descampado del barrio El Vinaral. El cuerpo estaba a cuatro cuadras de la casa de Domínguez, a 10 metros de una canchita en la que los habitantes juegan todos los días al fútbol, a cinco de un camino muy transitado y a menos de 150 metros del destacamento policial de la seccional 45ª. "Este cadáver lo tiraron ahí. Es imposible que nadie haya percibido el olor o lo haya visto", sostuvo Juan Carlos Figueroa, vecino de la zona.
Un dato que no es menor: cuando LA GACETA realizaba el reconocimiento del lugar donde apareció el cuerpo, que no estaba preservado, el oficial Sosa, primero, y después el agente Exequiel Cejas, de la dependencia policial y de la Brigada de Investigaciones de la zona, se presentaron, según dijeron, para redactar un acta donde constaría que periodistas habían estado observando el lugar. Obviamente, los vecinos, después de presenciar esta escena, se negaron a hablar sobre el tema.
Un mensaje
El médico forense, que espera los resultados de un estudio que se realiza en Buenos Aires para determinar las causas de la muerte, determinó que se le habían amputado los brazos. Estimó que esa persona, que cuarenta días después del hallazgo se determinó que era Domínguez, había fallecido 10 días antes de haber sido encontrado. "Lo mataron en otro lado y lo arrojaron allí. Querían que lo encontraran y que fuera un claro mensaje, para que nadie más hable", sentenció Herrera.
Los pesquisas confiaron que la clave para resolver este caso es resolver la causa Rentas. Una vez que se determine fehacientemente quiénes son los responsables de la maniobra, se logrará determinar quiénes y cómo mataron a Domínguez.
"Hay mucha gente poderosa detrás de esto. No será sencillo, porque aquí está claro que a Domínguez no lo mataron por $ 136, que era el monto de la maniobra que el descubrió", señaló Herrera.
A mediados de abril la víctima se presentó ante el titular del ente recaudador, Marcelo Roger, y le comentó que en la sección Timbrados, donde se recaudan $ 3,5 millones promedio por mes, se estaban emitiendo certificados truchos. Se inició la investigación. Domínguez, testigo clave en la causa, declaró dos veces ante los policías de la División Delitos Económicos. El 13 de mayo, jornadas antes de que se presentara a ratificar sus dichos ante el juez Juan Jorge, que investiga el caso, desapareció.
"Ese día lo fui a buscar al trabajo para que volviéramos juntos a casa. Me dijo que no, porque estaba en su bicicleta. Después volvió a casa y salió rápidamente. No comió, no se llevó sus pastillas para la hipertensión y se dejó su celular. Nos dijo que se iba a su taller de reparación de zapatos. Lo notamos raro, nervioso. No lo volvimos ver", relató María Marta, una de las cuatro hijas de Domínguez.
José Eduardo Herrera, representante legal de la familia de la víctima, no tiene dudas. "El entró y salió de la casa rápidamente. Era evidente que alguien lo estaba esperando. Pensamos que era alguien conocido que quería hablar por lo que iba a declarar ante la Justicia. El lo entregó", señaló el abogado, el mismo que en su momento firmó el dictamen de la separación del gobierno de Antonio Musa Azar, una de las figuras más oscuras del juarismo santiagueño.
Los Domínguez lo buscaron por todas partes, sin resultados. El gobernador de la provincia, Gerardo Zamora, los recibió en la Casa de Gobierno y prometió que los ayudaría a encontrarlo. El jefe de Policía, David Marcelo Pato, visitó a la esposa de la víctima, Olga Cristina Torres, en su casa para explicarle todo lo que estaban haciendo para ubicarlo.
En la calurosa tarde del 26 de mayo, un vecino denunció la aparición de un cuerpo en un descampado del barrio El Vinaral. El cuerpo estaba a cuatro cuadras de la casa de Domínguez, a 10 metros de una canchita en la que los habitantes juegan todos los días al fútbol, a cinco de un camino muy transitado y a menos de 150 metros del destacamento policial de la seccional 45ª. "Este cadáver lo tiraron ahí. Es imposible que nadie haya percibido el olor o lo haya visto", sostuvo Juan Carlos Figueroa, vecino de la zona.
Un dato que no es menor: cuando LA GACETA realizaba el reconocimiento del lugar donde apareció el cuerpo, que no estaba preservado, el oficial Sosa, primero, y después el agente Exequiel Cejas, de la dependencia policial y de la Brigada de Investigaciones de la zona, se presentaron, según dijeron, para redactar un acta donde constaría que periodistas habían estado observando el lugar. Obviamente, los vecinos, después de presenciar esta escena, se negaron a hablar sobre el tema.
Un mensaje
El médico forense, que espera los resultados de un estudio que se realiza en Buenos Aires para determinar las causas de la muerte, determinó que se le habían amputado los brazos. Estimó que esa persona, que cuarenta días después del hallazgo se determinó que era Domínguez, había fallecido 10 días antes de haber sido encontrado. "Lo mataron en otro lado y lo arrojaron allí. Querían que lo encontraran y que fuera un claro mensaje, para que nadie más hable", sentenció Herrera.
Los pesquisas confiaron que la clave para resolver este caso es resolver la causa Rentas. Una vez que se determine fehacientemente quiénes son los responsables de la maniobra, se logrará determinar quiénes y cómo mataron a Domínguez.
"Hay mucha gente poderosa detrás de esto. No será sencillo, porque aquí está claro que a Domínguez no lo mataron por $ 136, que era el monto de la maniobra que el descubrió", señaló Herrera.
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