El resultado de una línea de acción planificada y constante

Punto de vista. Por Patricia Kreibohm - MG. en Relaciones Internacionales.

03 Julio 2008
El golpe que el gobierno de  Alvaro Uribe acaba de asestarles a las FARC, con la liberación de Ingrid Betancourt, no es un golpe de suerte. La organización armada ya venía en franco deterioro, porque su vinculación con el narcotráfico, en la década del 90, les provocó un gran desprestigio tanto entre la sociedad colombiana como en el ámbito internacional. También los vulneró internamente, por la presencia de focos de corrupción interna, con lo que se desvirtuaron los principios ideológicos originarios de las FARC. Ese deterioro se ha agudizado con la presidencia de Uribe, que ha mostrado capacidad estratégica y pericia política. La liberación de Betancourt, que es un  ícono de esta confrontación, y de los otros rehenes, es el resultado de una línea de acción planificada y constante, en la que se conjugan varios elementos: 1) los recursos económicos, políticos y logístico- militares que el Estado le viene destinando al tema; 2) una voluntad política férrea para destruir a la guerrilla que, es problable, esté marcada por la propia biografía de Uribe, cuyo padre murió en manos de las FARC; 3) su capacidad de perserverancia, su decisión de ir avanzando a pesar  de los costos.
Tanto Uribe como su equipo exhiben un gran manejo de la disciplina del secreto; de lo que se llama la “unidad de comando”, que es la  decisión que se toma desde un polo, y que se ejecuta desde ahí, sabiendo medir los tiempos y la intensidad de la acción.
A diferencia de lo que podría haber ocurrido en enero, cuando Hugo Chávez fue mediador, esta vez Uribe es el único ganador. Por las noticias que nos  llegan, vemos que el éxito de la operación se debe en parte a que la cúpula de las FARC había sido penetrada, lo que muestra que este operativo venía preparándose desde hace tiempo.

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