Pienso, luego canto
El rock es mucho más que música; hay canciones que van más allá de la birra y de las minitas. Las denuncias, acompañadas de potentes riffs, cobran fuerza cuando surgen de la honestidad. Por Guillermo Monti - Prosecretario de Redacción.
03 Julio 2008 Seguir en 
"Estados Unidos se autodenomina la tierra de la libertad, pero la primera libertad que tenemos es la de trabajar para ser explotados. Una vez que se ejerce esta ?libertad? se pierde el control sobre lo que se hace, lo que se produce y cómo se produce. Al final, el producto ya no nos pertenece. La única forma de evitar a los jefes es no cuidar de uno mismo, lo cual nos lleva a la segunda ?libertad?: la de morirse de hambre".Tom Morello, por si hace falta decirlo, ha leído a Marx. A sus canciones -las de Rage Against The Machine- sólo les falta desarrollar el concepto de plusvalía. No está lejos. Zack de la Rocha, el cantante de la banda, es un activo propalador de las ideas zapatistas. Sus visitas a los campamentos del EZLN son emblemáticas. ¿Rock The Casbah o Rock The Chiapas?
RATM lleva la bandera de Clash, la banda que escucha Charly mientras bombardean Buenos Aires. Cuando Joe Strummer apareció en un concierto luciendo una remera de las Brigadas Rojas el rock and roll ya no fue el mismo. Y cuando el grupo editó "Sandinista!", no quedaron dudas.
No hay margen para la corrección política en el rock por el sólo hecho de que es intrínsecamente nihilista. ¿Y qué es eso de andar tomando partido entonces en revoluciones nicaragüenses? The Clash trocó anarquía por militancia clásica. No fue la primera ni la última banda que alzó una bandera.
No hay géneros más íntimamente ligados a la política que el reggae y el ska, porque emergieron de un caldo de cultivo tan podrido como la Jamaica de los 60, colonial, injusta y atrasada. El reggae es un milagro sincrético acunado en los soundsystemas de Trenchtown y disparado al cielo por los Wailers. El reggae es revolución pura.
Desideologizar a la cultura rock es tan cuestionable como decretar el fin de la historia. Pero hay quienes lo hacen. Tal vez, el hecho de que antes de Dylan las letras casi no hayan reflejado realidades sociales llame a engaño. ¿Pero no tuvieron una suficiente carga de energía política la pelvis de Elvis, el bigotito de Little Richard y los pasitos de Chuck Berry? ¿O acaso taladrarle la cabeza a una generación vale menos que las obras completas de Antonio Gramsci?
Tal vez todo haya empezado con los MC5. La Detroit de los 60 tiene mucho que ver con el conurbano bonaerense: fábricas que se cierran, desesperanza. ¿Inclusión social? ¿Distribución de la riqueza? ¿Suena conocido? Ahí nació el anarquismo rockero; el mismo que entronizaron los Pistols varios años después. "Kick out the jams", himno punk de los MC5 antes de que se inventaran los himnos punk, fue versionado por... Rage Against The Machine. Historias circulares.
El punk nunca quiso cambiar el sistema. Lo que quería era destruirlo, y después vemos. Joe Strummer prefería la patria socialista. No es una diferencia de matices, ilustra por qué el rock no es propiedad de la izquierda, por más que su discurso y su significado histórico se ubiquen en el regazo de Chomsky y no en el de Adam Smith, con todo el respeto que puede merecer la riqueza de las naciones.
Una explicación simplista sería que el rock es peronista, porque -como enseñó el general- peronistas somos todos. Y también sirve el rock para contestarle a Winston Churchill, que decía algo así: "si no sos socialista a los 20 años es porque no tenés corazón; y si sos socialista a los 40 es porque no tenés cerebro". Churchill, con menos escándalo que Borocotó, pasó de ser liberal a conservador sin tocar tronera. No había rock and roll en la Inglaterra posvictoriana para recordarle lo que son los ideales.
Michael Moore no eligió a Celine Dion como banda de sonido para denunciar la doctrina Bush. Al alcance de la mano estaba System of a Down; banda cuyos integrantes mamaron historias del genocidio armenio desde la cuna. El video de "Boom" lo dice todo.
La diferencia que pueden marcar Bono, Sting, Bruce Springsteen, Peter Gabriel o Bob Geldof es el carácter masivo de su música. Una ONG siempre generará más simpatía en los medios que un comité. Y cuando se huele el negocio, la política se cruza con... los políticos. No obstante, organizaciones honestas como Amnesty International mantienen la cintura suficiente como para sacarle el jugo al rock and roll.
Uno de los discos menos difundidos de Pink Floyd, "The final cut", es una crítica a la guerra de Malvinas. Roger Waters flashea con Galtieri y Margaret Thatcher conviviendo en un asilo y cierra con un final apocalíptico. Ese pesimismo campea en el resto de su obra solista y explota en "Amused to death", el más político de sus discos. Y el más interesante. Pero Waters con los años se ablandó y compuso una canción -"Each small candle"- en la que fantasea con la tierna reconciliación de serbios y albanokosovares. ¿Se hubiera sosegado Marley (Bob) con los años o habría seguido disparándole al sheriff?
El rap es mucho más difícil de encasillar porque... ¿cuál es la ideología del gueto? ¿La homofobia de una estrella blanca del género como Eminem (festejada a dúo con ¡Elton John!)? La ideología del gueto, responde la academia, es la de la supervivencia entendida como un ejercicio diario. O sea, disparar y esquivar balas. Vender y comprar. Sexo. Vivir sólo cuesta vida.
Por eso, los neonazis eligen el metal, lo que lleva a la confusión de identificar al metal con la derecha. Que algunos metaleros se definan nacionalistas no significa que el género lo sea. Lo que sobran son malentendidos. Lo que sí está claro es que el black o el death metal no convocan a la dictadura del proletariado.
En una película brillante -"El ciudadano Bob Roberts"- Tim Robbins se candidatea a la presidencia de los Estados Unidos articulando su discurso a través de canciones. No es rock; más bien un country-folk bien del medio oeste. Bob Roberts pide orden, seguridad, menos inmigrantes, más sujeción a las tradiciones y, por supuesto, reclama la más firme de las adhesiones de la derecha cristiana que hizo presidente a Bush y que desconfía profundamente de todo lo que Barack Obama representa. Pero Bob Roberts es un impostor.
John Lennon no era un impostor y pedía una chance para la paz desde la cama de un hotel. Eso es política pura. Woodstock fue un fenómeno netamente político. Y el rock, en uno y otro caso, estuvo en el medio. En "Good Morning, Vietnam", gran película a pesar de Robin Williams, los soldados marchaban a una muerte segura apenas confortados por los hits de Motown. ¿O qué escuchan los marines en Irak?
Capusotto, un genio capaz de hacerle cantar "Ji ji ji" a Perón, lo entiende como pocos. Ahí está Bombita Rodríguez para recordarnos cómo son las cosas.
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