17 Junio 2008 Seguir en 
Traspasar la barrera de colegio hacia el mercado laboral suele ser traumático para cualquiera. Más aún cuando, en la actualidad, muchos empleadores demandan jóvenes con experiencia. Frente a ese panorama, lo primordial pasa por recrear la autodeterminación y la autoconfianza en aquel adolescente que busca alcanzar la experiencia, aprendiendo a través de distintos programas. Es el caso del que aplica Junior Achievement, denominado “La Compañía”, mediante el cual los alumnos van creando, organizando y operando una empresa en el mercado, en un proceso que se extiende por 15 semanas.
“De los estudiantes de hoy esperamos que se conviertan en los ejecutivos o en los líderes de mañana”, indica a LA GACETA Ernesto Güller, asesor de acción emprendedora de la fundación, quien vino a Tucumán a capacitar a los voluntarios que tendrán a su cargo la formación de los jóvenes emprendedores.
Ingeniero industrial, egresado de la Universidad de Buenos Aires, Güller considera que el espíritu emprendedor de los adolescentes se lo despierta a través de la práctica. “Hay que enseñarles que las cosas no salen porque sí, sino demostrándoles que las riquezas no existen en cantidades fijas; que ganar dinero no necesariamente significa que otro pierda, sino generando riqueza y que la contraparte se beneficie”, apunta.
El programa “La Compañía” del que participan alumnos de escuelas secundarias públicas y privadas, constituye un punto de partida en la generación de experiencias laborales. “El programa no sólo permite a los chicos adquirir conocimientos de economía, marketing o recursos humanos, sino que además les enseña a proponerse objetivos en la vida”, dice el asesor de la fundación.
Durante la primera etapa de formación, los jóvenes de entre 16 y 19 años comienzan a tomar decisiones relacionadas con la organización, dividiendo funciones, asumiendo responsabilidades específicas u orientando el mercado para el producto que quieren comercializar. La segunda etapa consiste en el desarrollo del negocio, afianzando políticas de marketing y diseñando líneas de montaje del producto. Además, en este capítulo, los jóvenes llevan la contabilidad y el registro de todas las actividades de la compañía. La última etapa es de cierre y en ella los jóvenes deben efectuar el balance del negocio emprendido, calculando las ganancias para repartirlas entre los accionistas.
Desde esta experiencia, según Güller, los jóvenes van perfilando sus habilidades y se predisponen a enfrentar la búsqueda de empleo o la generación de un emprendimiento propio o colectivo. “Ser emprendedor no significa ser autónomo o independiente. Puede, incluso destacarse dentro de cualquier empresa, como empleado, siendo proactivo”, puntualiza.
“La Compañía” es un programa que va más allá del negocio, aclaran desde la fundación.
“Potencia el sentido de la responsabilidad entre los que participan para autoimponerse objetivos en la vida, a partir de un programa educativo en el que se divierten”, afirma el asesor de acción emprendedora de la fundación Junior Achievement.
“De los estudiantes de hoy esperamos que se conviertan en los ejecutivos o en los líderes de mañana”, indica a LA GACETA Ernesto Güller, asesor de acción emprendedora de la fundación, quien vino a Tucumán a capacitar a los voluntarios que tendrán a su cargo la formación de los jóvenes emprendedores.
Ingeniero industrial, egresado de la Universidad de Buenos Aires, Güller considera que el espíritu emprendedor de los adolescentes se lo despierta a través de la práctica. “Hay que enseñarles que las cosas no salen porque sí, sino demostrándoles que las riquezas no existen en cantidades fijas; que ganar dinero no necesariamente significa que otro pierda, sino generando riqueza y que la contraparte se beneficie”, apunta.
El programa “La Compañía” del que participan alumnos de escuelas secundarias públicas y privadas, constituye un punto de partida en la generación de experiencias laborales. “El programa no sólo permite a los chicos adquirir conocimientos de economía, marketing o recursos humanos, sino que además les enseña a proponerse objetivos en la vida”, dice el asesor de la fundación.
Durante la primera etapa de formación, los jóvenes de entre 16 y 19 años comienzan a tomar decisiones relacionadas con la organización, dividiendo funciones, asumiendo responsabilidades específicas u orientando el mercado para el producto que quieren comercializar. La segunda etapa consiste en el desarrollo del negocio, afianzando políticas de marketing y diseñando líneas de montaje del producto. Además, en este capítulo, los jóvenes llevan la contabilidad y el registro de todas las actividades de la compañía. La última etapa es de cierre y en ella los jóvenes deben efectuar el balance del negocio emprendido, calculando las ganancias para repartirlas entre los accionistas.
Desde esta experiencia, según Güller, los jóvenes van perfilando sus habilidades y se predisponen a enfrentar la búsqueda de empleo o la generación de un emprendimiento propio o colectivo. “Ser emprendedor no significa ser autónomo o independiente. Puede, incluso destacarse dentro de cualquier empresa, como empleado, siendo proactivo”, puntualiza.
“La Compañía” es un programa que va más allá del negocio, aclaran desde la fundación.
“Potencia el sentido de la responsabilidad entre los que participan para autoimponerse objetivos en la vida, a partir de un programa educativo en el que se divierten”, afirma el asesor de acción emprendedora de la fundación Junior Achievement.
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