Un duro impacto en los ingresos fiscales

Aunque aún no se percibe, los analistas consideran que la crisis agropecuaria golpeará al erario. El Ministerio de Economía de la Nación relativiza esta situación. Los gobernadores deberían preocuparse porque una caída del consumo se reflejará en Ganancias e IVA, dos impuestos coparticipables que sostienen el esquema financiero actual.

LA PUJA DEL AÑO. De Angeli representa a un sector que afianza su protesta contra el modelo económico que sustenta Cristina Kirchner.  NA
LA PUJA DEL AÑO. De Angeli representa a un sector que afianza su protesta contra el modelo económico que sustenta Cristina Kirchner. NA
08 Junio 2008
La agudización del conflicto entre el Gobierno y los productores rurales, por la vigencia de las retenciones móviles, dejó de ser un fenómeno sectorial, como se lo definió desde la Casa Rosada en reiteradas oportunidades. La economía argentina, versión 2008, no es la misma que hace dos años, cuando crecía a todo vapor. Está claro, que la locomotora avanza, pero a un menor ritmo, por un problema doméstico más que por las turbulencias externas que mantuvieron en vilo a los más grandes mercados del planeta.
La Argentina asiste a un fenómeno en el que aún no se puede establecer, fehacientemente, cuál será el verdadero impacto. Sin embargo, ya hay daños colaterales en la economía. La inflación embarga a cada argentino, más allá de las mediciones oficiales. Muchos productores sacaron sus ahorros para cumplir algunos compromisos financieros que ya son impostergables; otros siguen dependiendo de la comprensión de sus proveedores. El Banco Central resigna reservas para sostener un dólar competitivo. Los depósitos bancarios caen. El comercio pierde ventas y, por ende, la recaudación de impuestos sentirá -más tarde que temprano- los efectos del enfriamiento de la economía.
Es como si el conflicto Gobierno-campo fuera una gota de agua que cae al piso y genera círculos concéntricos, con efectos que se replicarán en todos los actores económicos. Es el escenario que observa el ex jefe de "Los intocables" de la DGI, Luis María Peña.
En el Palacio de Hacienda de la Nación están preocupados por el desenvolvimiento de las finanzas, pese a que el secretario del área, Juan Carlos Pezoa, dijo que en la recaudación récord de mayo, que fue de $ 24.359,1 millones, el paro del campo "no afectó para nada los ingresos por retenciones". Pero en ese incremento de ingresos, el componente inflacionario es elevado, desde la perspectiva de Peña. En una charla con LA GACETA, el ex titular de la DGI señala que, el 25% del incremento recaudatorio se explica en la inflación real ("no la que mide el Indec", acota); otra porción del aumento responde a la mejora de la economía y también a la profundización en la política de fiscalización de la AFIP. En el mismo sentido se expresa, Mariano Lamothe, economista de la consultora Abeceb.com, que atribuye los niveles récord de ingresos tributarios a "un componente inflacionario (por el comportamiento del Impuesto al Valor Agregado -IVA-), ya que no hubo un nuevo impuesto o mejoras en el sistema de recaudación", gravitantes para sostener la suba de ingresos en niveles elevados.

Los vencimientos
Mayo se caracteriza por la concentración en el pago de los vencimientos anuales del impuesto a las Ganancias para las empresas y sociedades. La recaudación, además, registró un avance del impuesto al cheque y de los derechos de exportación. Según el informe semanal del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), la variación interanual de 28,5% para el conjunto de tributos esconde una serie de datos relevantes acerca de la marcha de la economía y de la cuestión fiscal: una mayor dependencia de la recaudación a tributos más distorsivos (en el primer trimestre el impuesto al Cheque y las retenciones representaron el 21% de la torta de ingresos) y un incremento de la brecha de flujo de fondos entre la Nación y las provincias.
Mientras los recursos de la administración nacional crecen al 40,3% interanual, los fondos coparticipados con las jurisdicciones provinciales lo hacen al 28%. "Este último guarismo está vinculado a la desaceleración en el ritmo de crecimiento del impuesto a las ganancias, que a su vez refleja lo que ocurre con la rentabilidad promedio de las firmas", señala el diagnóstico de la Fundación Mediterránea. Esto, según el trabajo, significa una luz amarilla para las provincias, ya que podría significar una disminución en las transferencias de fondos coparticipables hasta fines de año.

La redistribución
Como un modo de ponerle cifras a estas distorsiones en la "redistribución" de los ingresos impositivos, un informe de la consultora Ecolatina indica que, durante el primer cuatrimestre, la recaudación tributaria nacional creció 44%, pero las transferencias automáticas a provincias sólo 34% (10% menos). Las retenciones acumulan $ 10.938 millones, cifra que en 2007 se consiguió recién a mediados de agosto, acota.
El impuesto al valor agregado (IVA) es el que más aporta a los ingresos nacionales y representa el 32% de los recursos totales. "Al excluir el efecto nominal de los precios (deflactado por el IPC-Ecolatina), se observa que el IVA recaudado en el primer cuatrimestre creció en términos reales 11,5% versus 14,3% en el mismo período de 2007, reflejando un menor dinamismo del consumo", afirma el trabajo de la consultora.
Coincidente con ese diagnóstico, el economista Jorge Vasconcelos remarca que si bien "los gobernadores deben poner atención en el gasto debido a que si bien todavía es alto el monto que les va por distribución automática de coparticipación, la recaudación del impuesto a las Ganancias está disminuyendo".
En Tucumán, las autoridades no prevén una caída de la recaudación provincial (se sostendría en torno de los $ 80 millones promedio mensual), aunque no dejan de reconocer que, si persiste el conflicto Gobierno-campo, tal vez los efectos se sientan en los ingresos fiscales de los próximos 60 días, como lo anticipan algunos analistas. Si eso sucede, los efectos colaterales del conflicto se percibirán con más fuerza, no sólo en la recaudación (nacional y provinciales), por la caída paulatina del consumo, sino también en otros indicadores más sensibles, como los de generación de empleo, ahorro de las familias, confianza del consumidor y hasta del propio poder adquisitivo del asalariado, cada vez más en riesgo por efecto de una inflación que no cede.

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