16 Marzo 2008 Seguir en 
Las asimetrías regionales, en materia económica, tienden a acentuarse. Así, puede observarse que en el centro del país un ingreso per cápita prácticamente triplica al de las zonas más pobres. Como para muestra dicen que basta un botón, la prueba la tenemos en el caso del transporte ferroviario. Un viajero de NOA necesita casi 30 horas para llegar a Buenos Aires mientras el Gobierno nacional proyecta un tren rápido a Mar del Plata para que grupos de turistas pueda transportarse hacia ese destino en no más de dos horas. Esta estructura de hijos y entenados se repite cuando se analizan las inversiones con intervención del Gobierno en distintas zonas del país. Descubrimos la importancia de lo realizado en la Patagonia, donde habita sólo el 4,8% de la población, mientras que el NOA -con una incumplida promesa de reparación histórica y con una población del 11,7%- continúa esperando aquellas obras necesarias que realmente integren la región del país.
Preocupados por el esquema comentado, en Tucumán muchos preguntan cuál es hoy nuestra relación de intercambio y si ella mejora o se deteriora y si las políticas que se aplican nos permitirán encarar un mejor futuro. La respuesta nos señala un panorama comprometido. Tucumán -con 24.000 km2 de extensión y con casi el 50% de montaña, cuenta con 1,2 millón de hectáreas en producción, por lo que su futuro, desde un punto de vista agrícola, está casi agotado. Su camino es maximizar lo que hoy tiene, ganar en competitividad con sus producciones, abrir montañas al turismo y desarrollar las posibilidades que pueden otorgarle la existencia de cuatro universidades de muy buen nivel para crecer en servicios.
Hasta que ello se dé, la provincia debe necesariamente defender todos sus ingresos que son los que darán base a su evolución futura. Si la economía provincial se fue quedando, también debe señalarse que en buena parte ello se debe a que no hemos sabido pensar en el largo plazo. Cuando se dice que Tucumán debe defender todos sus ingresos no es una afirmación ociosa. Si transitamos por la historia provincial podemos descubrir que si no hubiera existido hacia fines del Siglo XIX una política referida al costo de los fletes y a la importación de azúcar europeo, la industria azucarera, orgullo por mucho tiempo de los tucumanos, no hubiera existido. Y, aunque no se crea, nuevamente el NOA se encuentra en una situación similar por el elevado costo que le genera su distancia al puerto y a los centros de grandes consumos.
Puede estimarse que sólo las producciones de azúcar, soja y limón fresco deben movilizarse en 91.600 camiones, con un costo total en fletes de U$S 72 millones o $ 226,8 millones; pero, solo por el gasoil consumido en los viajes, los impuestos que gravan el consumo de combustibles equivalen -en el caso de los tres productos citados- a $ 30,6 millones. Hablar sobre la defensa de los ingresos de la provincia significa también que sus productos perciban un precio final acorde con sus costos de producción y equivalente a lo que sucede con la evolución de los precios de productos de otras zonas. Si tomamos el precio del kilo vivo de la carne en 2002 -de $ 1,39- con respecto al existente este mes, de $ 2,80, ha aumentado 2001,2%. Para el mismo período, el precio del azúcar pasó de $ 546,09 por tonelada vagón ingenio a $ 912,91 (67% más). Si el ajuste hubiera sido equivalente al de la carne el precio neto sobre vagón ingenio debería haber sido equivalente a $ 1.098,73; el precio realmente percibido por el azúcar es inferior en $ 185,82 al que debió ser en tendencias equivalentes. En síntesis, la diferencia significó sólo para Tucumán, un menor ingreso de $ 277,8 millones.
La definición de los precios en la relación de intercambio de la provincia lo da un solo producto como la carne: Tucumán adquiere fuera de la provincia, para faenamiento, 250.000 cabezas anuales, con un valor para el kilo/vivo de $ 140 millones. La importancia de la cifra la da el hecho que ella equivale al 10% del valor total de la producción de azúcar. La magnitud de las cifras en juego obligan a políticos y empresarios a buscar definiciones que se ajusten a la realidad de la economía provinciana, tradicionalmente golpeada más que por problemas económicos, por errores políticos.
Preocupados por el esquema comentado, en Tucumán muchos preguntan cuál es hoy nuestra relación de intercambio y si ella mejora o se deteriora y si las políticas que se aplican nos permitirán encarar un mejor futuro. La respuesta nos señala un panorama comprometido. Tucumán -con 24.000 km2 de extensión y con casi el 50% de montaña, cuenta con 1,2 millón de hectáreas en producción, por lo que su futuro, desde un punto de vista agrícola, está casi agotado. Su camino es maximizar lo que hoy tiene, ganar en competitividad con sus producciones, abrir montañas al turismo y desarrollar las posibilidades que pueden otorgarle la existencia de cuatro universidades de muy buen nivel para crecer en servicios.
Hasta que ello se dé, la provincia debe necesariamente defender todos sus ingresos que son los que darán base a su evolución futura. Si la economía provincial se fue quedando, también debe señalarse que en buena parte ello se debe a que no hemos sabido pensar en el largo plazo. Cuando se dice que Tucumán debe defender todos sus ingresos no es una afirmación ociosa. Si transitamos por la historia provincial podemos descubrir que si no hubiera existido hacia fines del Siglo XIX una política referida al costo de los fletes y a la importación de azúcar europeo, la industria azucarera, orgullo por mucho tiempo de los tucumanos, no hubiera existido. Y, aunque no se crea, nuevamente el NOA se encuentra en una situación similar por el elevado costo que le genera su distancia al puerto y a los centros de grandes consumos.
Puede estimarse que sólo las producciones de azúcar, soja y limón fresco deben movilizarse en 91.600 camiones, con un costo total en fletes de U$S 72 millones o $ 226,8 millones; pero, solo por el gasoil consumido en los viajes, los impuestos que gravan el consumo de combustibles equivalen -en el caso de los tres productos citados- a $ 30,6 millones. Hablar sobre la defensa de los ingresos de la provincia significa también que sus productos perciban un precio final acorde con sus costos de producción y equivalente a lo que sucede con la evolución de los precios de productos de otras zonas. Si tomamos el precio del kilo vivo de la carne en 2002 -de $ 1,39- con respecto al existente este mes, de $ 2,80, ha aumentado 2001,2%. Para el mismo período, el precio del azúcar pasó de $ 546,09 por tonelada vagón ingenio a $ 912,91 (67% más). Si el ajuste hubiera sido equivalente al de la carne el precio neto sobre vagón ingenio debería haber sido equivalente a $ 1.098,73; el precio realmente percibido por el azúcar es inferior en $ 185,82 al que debió ser en tendencias equivalentes. En síntesis, la diferencia significó sólo para Tucumán, un menor ingreso de $ 277,8 millones.
La definición de los precios en la relación de intercambio de la provincia lo da un solo producto como la carne: Tucumán adquiere fuera de la provincia, para faenamiento, 250.000 cabezas anuales, con un valor para el kilo/vivo de $ 140 millones. La importancia de la cifra la da el hecho que ella equivale al 10% del valor total de la producción de azúcar. La magnitud de las cifras en juego obligan a políticos y empresarios a buscar definiciones que se ajusten a la realidad de la economía provinciana, tradicionalmente golpeada más que por problemas económicos, por errores políticos.










