Del colapso del dique El Cadillal a una familia rota: tres tucumanos desarrollan proyectos de cine con la Academia y Netflix
Los equipos fueron seleccionados entre más de 100 propuestas y durante dos meses participaron de capacitaciones en guión, dirección, producción, fotografía, arte y pitch. Hoy presentan sus proyectos ante representantes de la industria.
Resumen para apurados
- Tres cineastas tucumanos presentan en Buenos Aires dos proyectos de largometraje ante la industria y Netflix para obtener financiamiento dentro del programa Lab IMPULSAR.
- Las propuestas fueron elegidas entre más de cien postulaciones del país y recibieron dos meses de capacitación técnica integral en guion, producción, arte y dirección.
- La iniciativa busca impulsar la producción audiovisual federal y abrir canales de inversión privada en un contexto complejo para el desarrollo del cine argentino.
A veces nace de una historia familiar, de una amistad de quince años o de una imagen que da vueltas durante casi una década. Para tres tucumanos, esas ideas tienen ahora una nueva parada: el Lab IMPULSAR, un laboratorio federal de desarrollo audiovisual para nuevas generaciones de cineastas, creado por la Academia de Cine en articulación con Netflix.
Entre los seleccionados de la primera edición hay dos proyectos tucumanos con mundos muy distintos. Por un lado, “Un pensamiento feliz en el horizonte de la extinción”, de Lucas García Melo y Martín Falci. Por otro, “Familia Fallada de Fábrica”, de Sofía Rovaletti y Milagros Sánchez Carini, sobre tres primas que se reencuentran después de veinte años y prueban una terapia poco convencional para reconstruir sus vínculos.
Durante dos meses, el Lab IMPULSAR acompañó el desarrollo de los proyectos con capacitaciones en dirección, guion, producción, fotografía, arte y pitch. La primera edición fue impulsada por la Academia de Cine en articulación con Netflix y reunió propuestas de distintas provincias. El objetivo fue ayudar a los equipos a darle forma a sus historias y prepararlos para la instancia de pitch que tendrá lugar esta semana en Buenos Aires.
Por ahora, ninguno de los dos proyectos tucumanos es una película terminada. Los equipos trabajaron sobre sus ideas, desarrollaron los proyectos y realizaron teasers como parte de ese proceso. Hoy será el momento de hacer el pitch: deberán presentar sus propuestas ante productoras y representantes de la industria para buscar financiamiento y nuevas oportunidades para llevarlas a la pantalla.
El dique, el fin del mundo, el techno y una amistad de quince años
El proyecto de García Melo y Falci parte de una pregunta inquietante: ¿qué pasaría si el dique El Cadillal colapsara? La idea nació cuando García Melo escuchó que, ante una hipotética rotura, la ciudad quedaría bajo el agua en poco tiempo. “Me pareció una imagen espectacular, muy hermosa, y la agarré y la dejé guardadita ahí”, contó.
Años después, esa imagen se cruzó con otra idea: la historia de un grupo de amigos que se reúne a bailar música electrónica mientras el mundo se les cae encima. Así nació la película, protagonizada por Sofía, una repartidora de 25 años que vive con su abuelo mecánico y que, el mismo día en que la ciudad debe evacuarse, necesita conseguir una camioneta para trasladar sus pocas pertenencias.
Detrás de la trama hay años de lecturas sobre el fin del mundo, de Mark Fisher a Franco Berardi, y una pregunta sobre cómo pensar el futuro cuando el presente parece cerrado. García Melo cruza esa reflexión con un episodio de la historia tucumana, el Tucumanazo, que aparece a través de archivos periodísticos, entre ellos material de LA GACETA.
La música también ocupa un lugar central. La película recupera el origen del techno en las fiestas que organizaban jóvenes en fábricas abandonadas de Detroit después del cierre de la industria automotriz. García Melo encontró allí un paralelo con el cierre de los ingenios tucumanos. “El tecno aparece no tan solo porque a mí me gusta la música electrónica, sino porque tiene un vínculo, sin querer, parecido con nuestra historia”, señaló.
El proyecto también tiene una marca personal: el abuelo mecánico de la protagonista se llama Darío, igual que el abuelo de García Melo. “Es como hacer psicoanálisis sin querer: uno también va volcando cosas que tienen que ver con uno”, describió.
García Melo y Falci son amigos desde hace unos quince años y esta es la primera vez que producen juntos un largometraje. Fue Falci quien lo convenció de presentarse al laboratorio, cuando el guión todavía estaba “muy verde”. En la escritura también participó Martina Díaz Santilli, pareja de García Melo y actual asistente de dirección.
Falci destacó haber sido seleccionados entre más de cien propuestas en la primera edición. Para él, que la Academia de Cine impulse un laboratorio con mirada federal y el acompañamiento de Netflix representa una oportunidad importante para quienes trabajan desde las provincias. “Si bien son proyectos con miradas muy territoriales, son películas absolutamente universales”, sostuvo.
Una terapia, una obra de teatro y una película que busca acompañar
El recorrido de “Familia Fallada de Fábrica” comenzó de otra manera. Antes de convertirse en película, fue una obra de teatro que Sofía Rovaletti co-produjo y protagonizó junto a Cecilia Cambiaso, dramaturga y creadora, hace diez años. Ahora aquella historia se transforma en largometraje, con Rovaletti como directora y Milagros Sánchez Carini como productora.
La película sigue a tres primas que se reencuentran después de la muerte de su abuelo para cobrar una herencia y descubren que las tres atraviesan crisis personales. La salida que encuentran es una terapia poco convencional, inspirada en una experiencia que tuvo Rovaletti.
La propuesta combina prácticas como reiki, constelaciones familiares, biodecodificación y estudio del árbol genealógico, en un formato grupal y con acompañamiento terapéutico. “Es una familia que está rota desde lo que para ellas es el origen, porque describen su origen desde la tercera generación, que es el abuelo. Los abuelos son la fábrica de los padres, que después generan los nietos: por eso familia fallada de fábrica”, explicó.
Rovaletti vive desde 2019 entre Tucumán y Los Ángeles, donde trabaja en la industria audiovisual. Con Sánchez Carini, que vive en Buenos Aires, desarrolla el guión a distancia, principalmente por WhatsApp.
Para la directora, la película también busca acompañar a quienes atraviesan situaciones de soledad y angustia. “Que no se sientan solos, que entiendan que no están solos en esta situación de sentirse abrumados, angustiados, de que están rotos”, sintetizó.
Su decisión de filmarla no depende de lo que ocurra en el laboratorio. “Yo ya decidí que esta película se va a hacer, se va a filmar, sea como sea. Si la tenemos que hacer con dos mangos, la vamos a hacer con dos mangos”, aseguró.
El pitch y lo que viene
Después de dos meses de capacitaciones, los equipos llegan esta semana a la instancia del pitch: presentaciones de entre cinco y quince minutos frente a productoras y representantes de la industria, con el objetivo de conseguir financiamiento y sumar contactos. La instancia permite mostrar la dimensión del proyecto, su criterio estético, la motivación de la dupla creativa y su solidez, explicó Falci.
También será una oportunidad para conocer a los otros trece equipos seleccionados. Tanto Rovaletti como García Melo destacaron el intercambio con otros cineastas como uno de los aspectos más valiosos del programa. Después del pitch, el cronograma incluye una visita a la Fundación Netflix.
Hacer cine desde las provincias
Los tres coinciden en que la mirada federal del laboratorio llega en un momento difícil para la industria audiovisual argentina. Falci señaló la fuerte caída en la producción cinematográfica y remarcó la importancia de que Tucumán sostenga sus propias políticas: la ley de cine provincial, el Consejo de Artes Audiovisuales y la reciente plataforma de exhibición.
Rovaletti, en tanto, imagina herramientas complementarias a las públicas, como un sistema de mecenazgo para empresas del NOA. “Hay mucha riqueza en empresas tucumanas y salteñas de la región. De alguna manera se genera una economía cultural donde se generan muchos puestos de trabajo y se ve la oportunidad de mostrar la voz que nos representa”, planteó.
García Melo vinculó esa apuesta con una decisión personal: quedarse en Tucumán y hacer cine desde la provincia. “Muchos colegas, compañeros y compañeras han decidido emigrar para ir a buscar un futuro mejor, y yo he dicho durante mucho tiempo que me quiero quedar acá y quiero hacer el arte acá. Nosotros queremos filmar acá, queremos profesionalizarnos acá, que la singularidad tucumana pueda salir”, sostuvo.
A quienes están empezando, los tres les dejaron una idea en común: insistir y empezar con lo que se tenga. “Hagan un corto, aunque sea el más pequeño del mundo, y que lo manden a festivales. No tiene que ser algo espectacular: que sea chiquitito y bien hecho”, aconsejó Rovaletti. García Melo, en la misma línea, reivindicó el trabajo colectivo: “El cine interpela justamente lo contrario de salvarse solo. Aceptarse en comunidad y aceptar que uno es parte de algo más grande es un primer paso para hacer”.
Las dos películas todavía están por hacerse. Lo que sí existe ya es una primera versión de esas historias, un teaser y una presentación preparada para buscar aliados. Ahora, los tres tucumanos tendrán que defender sus proyectos frente a la industria y dar el próximo paso para llevarlos del papel a la pantalla.












