30 Enero 2008 Seguir en 
La palabra Yupanqui es una sentencia de los amautas que significa "has de contar", "narrarás" y Atahualpa quiere decir "hombre que viene de lejos". Esto es precisamente lo que hizo Héctor Roberto Chavero, más conocido como Atahualpa Yupanqui: rescató la fuerza poética de la Tierra a través de sus canciones.
Mañana se cumplen 100 años del nacimiento del destacado folclorista, cuya obra sigue gravitando en las nuevas generaciones de músicos. Yupanqui nació el 31 de enero de 1908 en Campo de la Cruz, partido de Pergamino. Cuando tenía 9 años, se trasladó a Tucumán, provincia que lo adoptó como hijo dilecto y que inspiró algunas de sus más destacadas canciones, como "Luna tucumana". Estudió guitarra con el maestro Bautista Almirón, un criollo que le enseñó a poner las manos y "ahuecar el cuerpo" (según solía decir Atahualpa) sobre el instrumento. A los doce años, ya se sorprendía por las distintas formas de ensillar los aperos y empezaba a reconocer el valor esencial de la palabra. "Era muy querido por la gente simple", recuerda su amigo Octavio de la Cruz, quien a sus 78 años revive en su casa de Acheral las excursiones que hacía junto al artista por los cerros tucumanos. Yupanqui trabajó como "pinche" en una escribanía, fue periodista, corrector en un periódico de Junín e incluso fue minero durante tres meses por ocurrencia de un amigo que buscaba tesoros ocultos en el noroeste. Esta suerte de apertura al mundo, le permitió plasmar en su poesía todas las vivencias que experimentó.
Lejos del camino fácil del panfleto, Yupanqui mostró en su carrera como artista, un profundo lenguaje poético y musical que tenía un mensaje concreto: "se es libre a partir de saber relacionarse con los demás, desde lo mejor de cada uno". "Eso es lo que nos trasmitió el tata", dice su hijo Héctor Chavero, cuando habla de su padre, que murió en París el 23 de mayo de 1992. El artista, que compuso unas 350 canciones registradas oficialmente y se ganó el respeto de todos los estamentos sociales, expresaba además un profundo amor a la tierra. "La música es una de las cosas que puede salvar al mundo. Porque un hombre que busca y se solaza días y años con la belleza, ¿qué otra cosa puede querer que un mundo mejor?", dijo alguna vez Yupanqui.
Mañana se cumplen 100 años del nacimiento del destacado folclorista, cuya obra sigue gravitando en las nuevas generaciones de músicos. Yupanqui nació el 31 de enero de 1908 en Campo de la Cruz, partido de Pergamino. Cuando tenía 9 años, se trasladó a Tucumán, provincia que lo adoptó como hijo dilecto y que inspiró algunas de sus más destacadas canciones, como "Luna tucumana". Estudió guitarra con el maestro Bautista Almirón, un criollo que le enseñó a poner las manos y "ahuecar el cuerpo" (según solía decir Atahualpa) sobre el instrumento. A los doce años, ya se sorprendía por las distintas formas de ensillar los aperos y empezaba a reconocer el valor esencial de la palabra. "Era muy querido por la gente simple", recuerda su amigo Octavio de la Cruz, quien a sus 78 años revive en su casa de Acheral las excursiones que hacía junto al artista por los cerros tucumanos. Yupanqui trabajó como "pinche" en una escribanía, fue periodista, corrector en un periódico de Junín e incluso fue minero durante tres meses por ocurrencia de un amigo que buscaba tesoros ocultos en el noroeste. Esta suerte de apertura al mundo, le permitió plasmar en su poesía todas las vivencias que experimentó.
Lejos del camino fácil del panfleto, Yupanqui mostró en su carrera como artista, un profundo lenguaje poético y musical que tenía un mensaje concreto: "se es libre a partir de saber relacionarse con los demás, desde lo mejor de cada uno". "Eso es lo que nos trasmitió el tata", dice su hijo Héctor Chavero, cuando habla de su padre, que murió en París el 23 de mayo de 1992. El artista, que compuso unas 350 canciones registradas oficialmente y se ganó el respeto de todos los estamentos sociales, expresaba además un profundo amor a la tierra. "La música es una de las cosas que puede salvar al mundo. Porque un hombre que busca y se solaza días y años con la belleza, ¿qué otra cosa puede querer que un mundo mejor?", dijo alguna vez Yupanqui.
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