20 Enero 2008 Seguir en 
El baile es el arte de expresar los sentimientos más profundos mediante el movimiento del cuerpo.
Desde mi experiencia como maestra de danzas, observo que son elegidas por personas de todas las edades, por distintos motivos: para disfrutar de la música que acompaña al ritmo; para descargar sus energías; para distraerse de las preocupaciones y los problemas cotidianos o para tener un “hobby” o una actividad física.
Y están también los que realmente lo viven y encuentran en él la forma de expresarse en plenitud, sea o no sobre un escenario o frente a un público.
Instintivo
El baile es instintivo: nace con el ser humano. Por eso, resulta cotidiano ver cómo un recién nacido mueve su cuerpecito al compás de una música, un tarareo o un ritmo cualquiera.
En realidad, la danza es un arte muy completo porque no sólo se trata de movimiento sino que también abarca la interpretación -la que la persona debe hacer de la letra de una canción o de algún argumento-. Bailar es hablar con el cuerpo.
Sentir el baile
Cuánto más entusiasmado esté el bailarín durante la ejecución de su arte, más transmitirá sus vivencias al público, porque podrá llevar su expresividad al máximo nivel.
Hay quienes bailan, por ejemplo, folclore o tango porque disfrutan de lo que es propio de su tierra; otros que, por ser descendientes de españoles, heredaron el amor al flamenco y a la danza de ese país, y así ocurre con todas las modalidades.
Me es difícil de explicar lo que se vive durante la interpretación de alguna danza, porque entiendo que cada bailarín lo vive de distinta manera.
Sin embargo, me atrevo a decir que el baile, al igual que la música -a quienes los sienten en su piel de verdad-les eleva y transporta el alma. Una situación que raya en lo místico.
Desde mi experiencia como maestra de danzas, observo que son elegidas por personas de todas las edades, por distintos motivos: para disfrutar de la música que acompaña al ritmo; para descargar sus energías; para distraerse de las preocupaciones y los problemas cotidianos o para tener un “hobby” o una actividad física.
Y están también los que realmente lo viven y encuentran en él la forma de expresarse en plenitud, sea o no sobre un escenario o frente a un público.
Instintivo
El baile es instintivo: nace con el ser humano. Por eso, resulta cotidiano ver cómo un recién nacido mueve su cuerpecito al compás de una música, un tarareo o un ritmo cualquiera.
En realidad, la danza es un arte muy completo porque no sólo se trata de movimiento sino que también abarca la interpretación -la que la persona debe hacer de la letra de una canción o de algún argumento-. Bailar es hablar con el cuerpo.
Sentir el baile
Cuánto más entusiasmado esté el bailarín durante la ejecución de su arte, más transmitirá sus vivencias al público, porque podrá llevar su expresividad al máximo nivel.
Hay quienes bailan, por ejemplo, folclore o tango porque disfrutan de lo que es propio de su tierra; otros que, por ser descendientes de españoles, heredaron el amor al flamenco y a la danza de ese país, y así ocurre con todas las modalidades.
Me es difícil de explicar lo que se vive durante la interpretación de alguna danza, porque entiendo que cada bailarín lo vive de distinta manera.
Sin embargo, me atrevo a decir que el baile, al igual que la música -a quienes los sienten en su piel de verdad-les eleva y transporta el alma. Una situación que raya en lo místico.












