Se escucha a Mariano Mores de fondo y un chasquido marca los tiempos mientras las 32 parejas del salón mueven los pies tratando de darle estilo al ocho para adelante. “Todo el mundo puede bailar tango. Es una actividad de bajo nivel aeróbico que no requiere de esfuerzo físico. Y el que enseñamos aquí, es todavía más fácil porque trabajamos con figuras básicas y muy codificadas lo que permite un aprendizaje rápido”, asegura el profesor Genaro Trujillo, docente de la Cátedra de Danza Contemporánea de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT)
María Teresa de 47 años y Alfredo (47) se inscribieron juntos. “Somos amigos y nos encanta la música del tango. Siempre quisimos aprender a bailarlo porque nos parece una danza elegante y sensual”, dice ella.
No es requisito tener pareja. “Los que quieren pueden venir de a dos pero sino muchos llegan solos y las parejas de baile se arman aquí. El curso dura apenas dos meses y son 2 veces a la semana, por lo que no requiere demasiada dedicación”, aclara el profesor Trujillo.
Las clases son mixtas y para todas las edades. Laura (18) es una de las principiantes: “vine porque me pareció una propuesta interesante para el verano. No me voy de vacaciones y quería ocupar mi tiempo en algo útil”. En cambio, Leonarda Toro, es bailarina de Jazz. “Me encanta como se ve el tango así que este año me propuse aprender. Lo convencí a mi amigo para que me acompañe y aquí estamos”, dice.
No hace falta vestirse para la ocasión ni maquillarse pero algunas mujeres prefieren subirse a los tacos altos para bailar mejor. “Los traigo en la cartera para usarlos sólo en la clase, porque no me gusta caminar de tacos. Es parte de la coquetería; la seducción que tiene el baile. Para mi, lleva el sello de la conquista”, comentó Cristina (54).