Todos quieren aprender a bailar danzas eróticas

Hay clases muy calientes en las academias. A los alumnos les fascina aprender los estilos que simulan poses sexuales y en los que pueden mostrar piel.

PERREOS Y MENEOS. Esos son los movimientos básicos del reggaeton, que se encuentra en la cresta de la ola. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL PERREOS Y MENEOS. Esos son los movimientos básicos del reggaeton, que se encuentra en la cresta de la ola. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
20 Enero 2008
La remera no destaca sus pechos. El jogging es raído y oscuro, y no permite ver más allá del bolsillo. No hay tacos altos en sus pies ni polvo compacto en su rostro. Sin embargo, cuando el grabador se prende y la voz de “Don Omar” empieza a copar el salón, esa morena exuda una sensualidad endiablada. El espejo se recrea con sus perreos y ella se convierte en una auténtica “dancing queen”. Pareciera que Raquel Dios -una de las alumnas del Centro Cultural “Shambhala”- ha nacido con el reggaeton adentro de su cuerpo.
Como ella, numerosos tucumanos se han inclinado por este ritmo más que insinuante que pone a menear a las mujeres y a seducir a los hombres, con lo que la explosión de hormonas y sexualidad se hace inevitable, y termina atrapando hasta al más retraído.
Varios profesores de academias de danzas entrevistados por LA GACETA reconocieron que, por su condición tan carnal, el reggaeton está en la cresta de la ola. “En realidad, todos los bailes que irradian sensualidad son muy buscados. Y en ese fenómeno ha tenido una gran influencia el programa ‘Bailando por un sueño’, que generó un notable incremento de consultas por el baile del caño o el streapdance”, confió la encargada del centro, Lorena Campero Lastra.
La profesora agregó que el de Marcelo Tinelli no es el único show que provocó fiebre por el baile. “Existe un programa en el canal estadounidense MTV en el que las jovencitas aprenden una coreografía que luego presentan en sus fiestas de 15. Eso provocó que muchas tucumanas se adhirieran a esa moda y nos pidieran que les enseñemos una rutina, con la que luego deslumbrarán a los invitados en sus propias reuniones”, explicó la experta, quien recordó, risueña, que una vez que el médico nutricionista Alberto Cormillot comentó en “Cuestión de peso” que bailar salsa hacía adelgazar, hubo un aluvión de inscriptos en la clase de ritmos caribeños.
La profesora Marcela Molina coincidió con ella. “El hecho de ver moverse a gente común, como Nina Peloso, animó a los espectadores a aprender los pasos. “Aparte, el reggaeton, se está escuchando mucho. Todos quieren aprenderlo para después mostrarlo en los boliches”, indicó.

Simulando lo sexual
Molina explicó que el reggaeton está compuesto de dos movimientos básicos: el meneo, y el perreo o sandungueo. “Son movimientos sexies de cadera y torso: una combinación ideal de reggae, hip hop y salsa. Se baila generalmente de a dos, aunque también puede hacérselo en grupo, como formando un trencito”, precisó, y comentó que es tanta la obsesión por este estilo, que hay personas que no se animan a aprenderlo en academias o gimnasios, pero llaman a los profesores a sus casas para que se lo enseñen.
La profesora de ritmos afroamericanos Roxana Hinojosa explicó que el reggaeton seduce mucho porque, durante su ejecución, se simulan poses sexuales. “Se trata de movimientos rítmicos donde hay mucha flexibilidad pélvico-central, con pasos graciosos orientados al contacto entre las personas. Es realmente muy bonito”, opinó, y añadió que esta comunicación tan íntima con el compañero de baile provoca que los alumnos entren en confianza rápido y que aprendan, más allá de los límites del salón, a comunicarse más.
Hinojosa contó que solicita a su clase que, para bailar estos ritmos, se presente con ropa sensual. “Necesitan sentirse sexy y usar vestimenta al cuerpo. Así se van convenciendo de que pueden ser seductores tal como son: no hay necesidad de tener un cuerpo increíble o una cara perfecta. Todos podemos ser eróticos por lo que hacemos con nuestro cuerpo y no sólo por la imagen que nos devuelve el espejo”, finalizó.


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