02 Enero 2008 Seguir en 
El pasado jueves 13 de diciembre, los 92 años de Carlos Félix Cillario se apagaron en Bolonia, Italia. El violinista y director había sido el organizador y la primera batuta de la Orquesta Sinfónica de la UNT, cuyo concierto inaugural se realizó el 7 de noviembre de 1948. A lo largo de su extenso camino internacional, Cillario dirigió a destacadas figuras del siglo XX, desde María Callas hasta Luciano Pavarotti.
Había nacido en 1915, en San Rafael, Mendoza, y comenzó a estudiar violín en Buenos Aires a los cinco años. A los ocho años su familia se fue a Italia donde continuó sus estudios de violín y composición e inició luego su actividad artística como concertista de violín. Como tal se presentó en los principales centros artísticos de Europa y América. En el Teatro Colón estrenó el Concierto Nº 2 de Karol Szymanowsky en la temporada 1939 con la orquesta dirigida por Juan José Castro.
A causa de un accidente en su brazo derecho, en 1942 se dedicó a la dirección de orquesta; se formó con George Enesco y Nicola Cerniatinsky, y sir John Barbirolli le dio la oportunidad de debutar en Inglaterra, confiándole una serie de conciertos con la Halle Orquesta de Manchester. Fue el inicio de una vasta actividad en ese país.
A comienzos de 1948, Guido Parpagnoli, mano derecha del rector de la UNT, Horacio Descole, contrató a Cillario, por entonces violinista y director del Teatro de la Opera de Odessa, para que concretara la misión de organizar la orquesta. "Volví a la Argentina porque me atrajo la iniciativa que me propuso la Universidad de Tucumán de formar una gran orquesta sinfónica. Aproveché los buenos elementos locales y me vine con un buen número de instrumentistas de distintos lugares de Europa", recordaba Cillario. El concierto inaugural, dedicado a Beethoven, tuvo por solista al pianista y compositor húngaro Ernst von Dohnany, que vivió algo más de un año en Tucumán. Cillario contaba que un gesto suyo había causado conmoción en ese concierto. Al llegar al segundo movimiento del Concierto Nº 3 en Do menor, mientras el pianista tocaba la candencia, sacó el peine del bolsillo y se lo pasó por la cabellera, revuelta por la agitación del primer movimiento.
Bajo su batuta, la Orquesta Sinfónica de la UNT llegó a ser considerada como una de las mejores de Sudamérica. "La orquesta se creó en condiciones ideales; fue planeada para que los músicos tuvieran tiempo para hacer música, para enseñar para pasear", señalaba.
Dejó el podio tucumano en 1955 y tras un breve período en Buenos Aires. Siguió entonces su camino internacional. Dirigió en las más importantes salas de ópera del mundo, entre ellas, el Metropolitan, incluyendo la inauguración de la temporada 1987 con Montserrat Caballé y Luciano Pavarotti en "Tosca", con régie de Franco Zeffirelli. Hasta 2003, ocupó el cargo de director invitado permanente de la Australian Opera de Sydney, donde desarrolló su actividad por más de 30 años, con un repertorio generalmente basado en las óperas de su predilección: Mozart, Verdi, Wagner, Beethoven y contemporáneas. Recibió en varias oportunidades el "Gran Prix du disque" en París y fue autor de algunas composiciones para voz, violín y piano, y cuarteto de cuerdas.
Regresó a Tucumán en 1980 y en 1981, ocasiones en que dirigió la Sinfónica. Fanático del yoga y del fútbol, Cillario hablaba con orgullo de su ascendencia piamontesa y afirmaba que en su vida había tomado una gota de vino. Entre sus registros discográficos, se destaca la "Norma" de Bellini, con Montserrat Caballé y Plácido Domingo.
De fuerte personalidad y de notable carisma, Carlos Cillario marcó un momento importante en la vida cultural de Tucumán, una tierra a la que nunca pudo borrar de su corazón.
Había nacido en 1915, en San Rafael, Mendoza, y comenzó a estudiar violín en Buenos Aires a los cinco años. A los ocho años su familia se fue a Italia donde continuó sus estudios de violín y composición e inició luego su actividad artística como concertista de violín. Como tal se presentó en los principales centros artísticos de Europa y América. En el Teatro Colón estrenó el Concierto Nº 2 de Karol Szymanowsky en la temporada 1939 con la orquesta dirigida por Juan José Castro.
A causa de un accidente en su brazo derecho, en 1942 se dedicó a la dirección de orquesta; se formó con George Enesco y Nicola Cerniatinsky, y sir John Barbirolli le dio la oportunidad de debutar en Inglaterra, confiándole una serie de conciertos con la Halle Orquesta de Manchester. Fue el inicio de una vasta actividad en ese país.
A comienzos de 1948, Guido Parpagnoli, mano derecha del rector de la UNT, Horacio Descole, contrató a Cillario, por entonces violinista y director del Teatro de la Opera de Odessa, para que concretara la misión de organizar la orquesta. "Volví a la Argentina porque me atrajo la iniciativa que me propuso la Universidad de Tucumán de formar una gran orquesta sinfónica. Aproveché los buenos elementos locales y me vine con un buen número de instrumentistas de distintos lugares de Europa", recordaba Cillario. El concierto inaugural, dedicado a Beethoven, tuvo por solista al pianista y compositor húngaro Ernst von Dohnany, que vivió algo más de un año en Tucumán. Cillario contaba que un gesto suyo había causado conmoción en ese concierto. Al llegar al segundo movimiento del Concierto Nº 3 en Do menor, mientras el pianista tocaba la candencia, sacó el peine del bolsillo y se lo pasó por la cabellera, revuelta por la agitación del primer movimiento.
Bajo su batuta, la Orquesta Sinfónica de la UNT llegó a ser considerada como una de las mejores de Sudamérica. "La orquesta se creó en condiciones ideales; fue planeada para que los músicos tuvieran tiempo para hacer música, para enseñar para pasear", señalaba.
Dejó el podio tucumano en 1955 y tras un breve período en Buenos Aires. Siguió entonces su camino internacional. Dirigió en las más importantes salas de ópera del mundo, entre ellas, el Metropolitan, incluyendo la inauguración de la temporada 1987 con Montserrat Caballé y Luciano Pavarotti en "Tosca", con régie de Franco Zeffirelli. Hasta 2003, ocupó el cargo de director invitado permanente de la Australian Opera de Sydney, donde desarrolló su actividad por más de 30 años, con un repertorio generalmente basado en las óperas de su predilección: Mozart, Verdi, Wagner, Beethoven y contemporáneas. Recibió en varias oportunidades el "Gran Prix du disque" en París y fue autor de algunas composiciones para voz, violín y piano, y cuarteto de cuerdas.
Regresó a Tucumán en 1980 y en 1981, ocasiones en que dirigió la Sinfónica. Fanático del yoga y del fútbol, Cillario hablaba con orgullo de su ascendencia piamontesa y afirmaba que en su vida había tomado una gota de vino. Entre sus registros discográficos, se destaca la "Norma" de Bellini, con Montserrat Caballé y Plácido Domingo.
De fuerte personalidad y de notable carisma, Carlos Cillario marcó un momento importante en la vida cultural de Tucumán, una tierra a la que nunca pudo borrar de su corazón.
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