28 Diciembre 2007 Seguir en 
PARIS.- Su producción puede definirse como una de las obras más originales y perfectas de toda la música francesa. Sin embargo, su carrera estudiantil había estado marcada por los fracasos. Maurice Ravel, de cuyo fallecimiento se cumplen hoy 70 años, dedicó toda su vida a a perfeccionar la grafía instrumental y a combinar sutilmente la emoción con el desafío que le impuso su enorme creatividad.
Ravel nació en Ciboure, un pueblo francés cercano a los Pirineos, el 7 de marzo de 1875. Tenía apenas unos meses cuando su familia se trasladó a París; allí, a los seis años, comenzó a estudiar piano y armonía y, posteriormente, ingresó al Conservatorio de Música de esa ciudad. En 1895 asistió a los cursos de fuga y contrapunto de André Gedalge y de composición de Gabriel Fauré. De este período son las primeras obras que se le conocen: "Menuet antique" y "Habanera", para piano. En 1899 alcanzó un suceso masivo con la "Pavana para una infanta difunta" y entró en un receso creativo del que salió recién en 1901 con "Juegos de agua".
Durante la Primera Guerra Mundial, Ravel quiso ser aviador para servir a su patria. Pero su físico esmirriado lo condenó a una tarea menos relevante, aunque indispensable: fue conductor de una ambulancia.
"Nunca he sido valiente, pero estoy ansioso de aventuras", le escribió a su madre desde el frente de batalla.
Ravel se distinguió como un compositor polifacético; además de portentos de instrumentación como "La hora española" o el famosísimo "Bolero", escribió la ópera "El niño y los sortilegios", sobre una fábula de Colette; el ballet "Daphnis y Cloe"; el tríptico para piano "Gaspar de la noche" y la suite "Mi madre, la oca", que orquestó posteriormente; los "Valses nobles y sentimentales" y "La tumba de Couperin".
En 1933 experimentó los primeros síntomas de la enfermedad que lo aquejó hasta su muerte, pero antes ya había finalizado sus dos conciertos para piano y orquesta: el de la mano izquierda (que le había encargado el mutilado pianista austríaco Wittgenstein) y el "Concierto en Sol mayor". Sin embargo, el músico no se consideraba especialmente dotado para la composición: "no soy uno de los grandes compositores -afirmó-. Todos ellos produjeron enormemente, pero yo he escrito relativamente poco y con enorme dificultad".
Ravel siempre fue un enigma para todos aquellos que lo conocían y lo frecuentaban; un genio con alma de ermitaño. Compensaba su escasa estatura con una elegancia notable; siempre iba vestido a la última moda y sus modales eran los de un dandy, con un cigarrillo siempre entre los dedos.
A los 60 años la extraña enfermedad que lo llevó a la tumba lo privó de muchas de sus funciones, pero conservó la lucidez. Finalmente decidió someterse a una peligrosa operación que no alcanzó el éxito esperado. El 28 de diciembre de 1937 murió en París, siendo ya uno de los más exquisitos, refinados y puntillosos músicos de su siglo. (Especial)
Ravel nació en Ciboure, un pueblo francés cercano a los Pirineos, el 7 de marzo de 1875. Tenía apenas unos meses cuando su familia se trasladó a París; allí, a los seis años, comenzó a estudiar piano y armonía y, posteriormente, ingresó al Conservatorio de Música de esa ciudad. En 1895 asistió a los cursos de fuga y contrapunto de André Gedalge y de composición de Gabriel Fauré. De este período son las primeras obras que se le conocen: "Menuet antique" y "Habanera", para piano. En 1899 alcanzó un suceso masivo con la "Pavana para una infanta difunta" y entró en un receso creativo del que salió recién en 1901 con "Juegos de agua".
Durante la Primera Guerra Mundial, Ravel quiso ser aviador para servir a su patria. Pero su físico esmirriado lo condenó a una tarea menos relevante, aunque indispensable: fue conductor de una ambulancia.
"Nunca he sido valiente, pero estoy ansioso de aventuras", le escribió a su madre desde el frente de batalla.
Ravel se distinguió como un compositor polifacético; además de portentos de instrumentación como "La hora española" o el famosísimo "Bolero", escribió la ópera "El niño y los sortilegios", sobre una fábula de Colette; el ballet "Daphnis y Cloe"; el tríptico para piano "Gaspar de la noche" y la suite "Mi madre, la oca", que orquestó posteriormente; los "Valses nobles y sentimentales" y "La tumba de Couperin".
En 1933 experimentó los primeros síntomas de la enfermedad que lo aquejó hasta su muerte, pero antes ya había finalizado sus dos conciertos para piano y orquesta: el de la mano izquierda (que le había encargado el mutilado pianista austríaco Wittgenstein) y el "Concierto en Sol mayor". Sin embargo, el músico no se consideraba especialmente dotado para la composición: "no soy uno de los grandes compositores -afirmó-. Todos ellos produjeron enormemente, pero yo he escrito relativamente poco y con enorme dificultad".
Ravel siempre fue un enigma para todos aquellos que lo conocían y lo frecuentaban; un genio con alma de ermitaño. Compensaba su escasa estatura con una elegancia notable; siempre iba vestido a la última moda y sus modales eran los de un dandy, con un cigarrillo siempre entre los dedos.
A los 60 años la extraña enfermedad que lo llevó a la tumba lo privó de muchas de sus funciones, pero conservó la lucidez. Finalmente decidió someterse a una peligrosa operación que no alcanzó el éxito esperado. El 28 de diciembre de 1937 murió en París, siendo ya uno de los más exquisitos, refinados y puntillosos músicos de su siglo. (Especial)
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