Un chico de barrio que pudo cumplir su sueño

Julio Bocca quiere volver a vivir una vida tranquila; así se crió junto a su madre y sus hermanos y, sobre todo, con su abuelo "Nando". Sus parientes fueron los que respaldaron siempre su carrera artística.

INTEGRADO. Bocca siempre supo aprovechar el espacio, y se insertó de modo natural en el escenario (foto de 1999).LA GACETA
INTEGRADO. Bocca siempre supo aprovechar el espacio, y se insertó de modo natural en el escenario (foto de 1999).LA GACETA
22 Diciembre 2007
Buenos Aires.- La familia jugó un rol fundamental en la vida de Julio Bocca ya que, si bien demostró desde sus primeros años talento natural para la danza, el entorno afectivo hizo mucho para que pudiera despertar su arte.
Su hermana Nancy, su madre (del mismo nombre), y su abuela, que hoy tiene 90 años, son aún refugios insustituibles para el bailarín que no ha borrado de su mente los recuerdos de la infancia, el placer de caminar por la playa desde la casa que la familia aún posee en Mar de Ajó y los sacrificios realizados para alcanzar sus sueños.
Julio se inició en el baile de la mano de su madre, que enviudó cuando él era muy pequeño y que le permitió integrarse al mundo de la danza en todas sus expresiones.
Esa fue la razón que dio origen a la diversidad de composiciones que interpretó a lo largo de su fructífera carrera, desde la rigurosa danza clásica hasta el abordaje al tango o a la música contemporánea.
También la vida sencilla y el esfuerzo familiar para brindarle educación marcaron su vida.
"Mi mamá tenía que trabajar en tres horarios para pagarme los estudios, los viajes en colectivo al Colón y por eso, para mí, es muy importante el trabajo y tener la seguridad de un techo", ha dicho Julio para referirse a su pasado.
Ella, en una entrevista, dijo hace algunos años: "mi hijo vivió su infancia como cualquier chico de Munro. Le gustaba treparse a los mástiles, jugar en la terraza con su hermano Oscar y con otros amiguitos". Pero ese techo propio también lo consiguió en la danza, cuando a los 20 años directores de teatros como el Kirov o el Bolshoi le dijeron: "estos teatros son tu casa".
También ha agradecido a su familia por "no ser represora". "Desde chiquitito yo hacía lo que quería", recordó Julio mientras exaltaba que también "desde chiquitito quería ser un bailarín de fama internacional".
Su abuelo "Nando" tiene, para Julio, una significación especial. "Ninguno de los premios que he recibido me ha emocionado más que la copa que gané en un concurso de pesaca en el que participé con mi abuelo", declaró recientemente.
Esas vivencias hicieron que para Julio, la libertad siempre fuera un arma para manejar a su modo: "sólo me avisaban sobre las cosas que podían ser dañinas o peligrosas, pero me dejaban en libertad", destacó.
Fue muy mimado y muy travieso durante sus primeros años, Julio se transformó con el tiempo en un joven introvertido, amante de las pocas palabras y con un perfil bajo, y sencillo que lo obligó a tener grandes responsabilidades.
El amor por la danza le llegó en la cuna, ya que su madre fue profesora de danzas españolas, y tuvo una academia en el fondo de la casa de los abuelos de Julio. A los siete años, ella lo llevó a la Escuela Nacional de Danzas y, un año después, recibió el primer indicio acerca de las virtudes de Julio. "Su maestro me dijo que era la segunda vez que veía a un chico con ese eje en el cuerpo, que se quedó asombrado cuando lo vio componer los 32 compases de la gran pirueta de la ópera; me recomendó que lo cuidara y que lo llevara al Colón, pero todavía no tenía los 10 años reglamentarios", contó Nancy, y Julio entró antes de tiempo.
Ahora confesó que quiere iniciar una etapa nueva, donde los amigos y la familia tendrán prioridad.

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