Cómo doblegar al viento

Un análisis de Facundo Pereyra, Redacción LA GACETA.

12 Diciembre 2007
Cuando el viento sopla hacia el norte, también se puede ir hacia el sur. Depende de la destreza del marinero para guiar las velas e ir hacia donde quiera.
La realidad puede tener infinidad de direcciones e interpretaciones, como la verdad. Lo importante, siempre, es no permitir que sea el viento el que marque el rumbo.
El rock fue y será revolucionario, a menos que el mercado lo condicione, como viene ocurriendo cada vez más. También lo puede acotar el aparente fin de alguno de sus motivos de lucha. El repudio a los atropellos del Estado durante la dictadura fue siempre parte de ese ideario (más allá del rock), y la reinvindicación de los desaparecidos y de los luchadores de los 70 es uno de los pocos puntos fuertes de la gestión K.
No es extraño que León Gieco, el Indio Solari, Mercedes Sosa y tantos otros se sientan seducidos por parte de la dirección política del Gobierno Nacional.
Muchos de esos músicos elogian pero piden más. La mayoría sigue denunciando que hay otros derechos humanos que son vulnerados, como el de la educación, la vivienda y hasta el alimento diario de un 20 % de la población. No hay incoherencia en su discurso y es natural que genere adhesiones la reivindicación de un tema tan duro y doloroso. Después de todo, no se le puede pedir a los artistas que digan lo que cada uno quisiera escuchar, como tampoco ellos pueden pedir que el público les compre el discurso sin cuestionar nada. Después de todo, para eso debería servir el arte (entre otras muchas cosas): para reflexionar, tener una opinión y una acción coherente con ella. La verdad, como la realidad, no tienen dueño, y cada quien puede construir la suya. El viento seguirá soplando.

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