Los Piojos hicieron la fiesta

El festival más grande del año dejó cientos de imágenes de lo mejor del rock argentino. Los Piojos montaron un espectáculo aparte, con recursos tecnológicos y estéticos pocas veces vistos por estas tierras.

GIGANTE. El escenario de la Gira Norte, es uno de los dos más grandes que se hayan armado en la provincia para un espectáculo. Los PIojos, lo usaron a su antojo sin desaprovechar las comodidades ni la estructura. GENTILEZA PRENSA CERVEZAS NORTE
GIGANTE. El escenario de la Gira Norte, es uno de los dos más grandes que se hayan armado en la provincia para un espectáculo. Los PIojos, lo usaron a su antojo sin desaprovechar las comodidades ni la estructura. GENTILEZA PRENSA CERVEZAS NORTE
11 Noviembre 2007
"Ahora que estoy vacío / ahora que no hay canción / toda la luna cabe en mí", escribió Andrés Ciro Martínez cuando Los Piojos estaban al borde de la separación. Y con esa frase de "Pacífico", que abre el nuevo disco "Civilización", empezó el espectáculo. Porque fue mucho más que un recital, o un festival: fue la gran puesta en escena de una de las bandas más fuertes del rock argentino. Fue un ritual piojoso completo, distinto, impactante.
Todo empezó con una introducción semi incidental con la armonía del tema "Civilización" como base, a lo Manu Chao. Golpes aceleradores del ritmo cardíaco mantuvieron expectantes a casi 10.000 piojosos, que quedaron pegados a la proyección de imágenes en tres pantallas gigantes ubicadas sobre el escenario, entre las tablas y el primer piso, donde estaban la batería, la percusión y el teclado. Esa misma pared reflejó luego, en el arranque, a las sombras de tres músicos tocando. Eran Andrés, Piti Fernández y Micky Rodríguez.
Hubo algunos acoples en el sonido que no llegaron a perturbar demasiado, y los tres pasaron al frente dejando ver sus trajes futuristas al estilo "Mad Max".
La locura se desató con "Desde lejos no se ve", uno de esos clásicos inoxidables que mostró 20.000 brazos en alto siguiendo a los cuerpos a punto de volar. Después tocaron "Taxi Boy", "Civilización", "Chat tu chac" y "Tan solo", en una combinación de viejos y nuevos temas que fue el eje sobre el que se movió el recital que tuvo a Los Piojos al palo durante dos horas y siete minutos.
La banda cambió en estos años. El parate de casi dos años que hizo, la edad, las familias... Se percibió en el tono algo menos eufórico del show, en relación a la vieja escuela piojosa, que marca también al nuevo disco.
Dentro de esos cambios, está el de una mayor distribución del protagonismo. Micky se puso al frente para cantar "Fijate" y "Un buen día"; un frontman en potencia, con espacio y pilas para cargar la banda sobre su espalda.
Pero su cuota de exposición terminó cuando en el primer piso del escenario gigantesco que armaron en el club Central Córdoba apareció Andrés, vestido con un canguro y con la capucha puesta, encorvado, entonando "Fantasma".

Un quiebre
El quiebre con la vieja estética sonora de Los Piojos fue tan evidente, que hasta "Bicho de ciudad", del nuevo disco, fue en una versión mucho más relajada que la original, casi acústica. Pero igual propuso fiesta, porque incluyó un solo de percusión de Changuito Farías Gómez, con base de la batería de Miguel Chucky De Ipola, que fue acelerándose gradualmente hasta hacer temer que se detendrían varios corazones por la sobreexigencia.
Otra vez las sombras sobre las pantallas, para evocar a Bee Gees con una versión de "Stayin a Live", que sirvió como introducción para "Difícil", en la que Andrés invitó a subir a "El Gordo", un fan tucumano que estaba pegado al vallado tocando la armónica. El dueto entre ellos marcó el climax. El enganche fue directo con "El farolito", que se hizo extenso, variado y estuvo cargado de desviaciones y arreglos, mientras el público le pegaba a las dos enormes pelotas inflables azules de cerveza Norte. Era supuestamente el fin del show. Habían pasado una hora y media del inicio.
Pero la gente pidió más, y hubo más. "Unbekannt", con una voz femenina en off como suele hacer sus temas Manu Chao, que siguió con "Ruleta".
"¡Alucinante, Tucumán!, gritó Andrés, y no pudo decir más. Después de unas miradas entre los músicos, arrancó "Genius" para darle lugar a "Buenos días, Palomar", el tema con el que termina "Civilización", con lectura de Andrés de cada una de las más de 30 banderas que colgaban de las estructuras del club, y que marcó el fin de la gran fiesta piojosa, con los músicos abrazados en una reverencia hacia el público que parecía no terminar.