11 Noviembre 2007 Seguir en 
Fue una noche tranquila, tal vez demasiado apacible para un recital de rock. Empezó al atardecer, cuando aún hacía calor, y terminó un poco antes de las 2 de la madrugada, cuando la brisa refrescaba el ambiente. Los choripaneros y los bares de la avenida Alem, agradecidos; sobre todo porque en el interior del estadio no se vendía cerveza.
En Central Córdoba tocaron cinco bandas, pero cada una de ellas tuvo un público distinto: Empleado del Mes y Sr. Valdez tuvieron a sus sufridos fans, desde muy temprano, aquellos que le hicieron el aguante, cuando la cancha estaba prácticamente semivacía.
Primeros pogos
Cuando Los Piojos subieron al escenario, la cancha comenzó a ocuparse y los huecos a llenarse poco a poco. Allí se pudieron ver los primeros pogos, tímidos, todavía, con un Juanse que se destapó al final.
Las Pelotas arrancó a las 21.40, y ya el público se veía más compacto; en el sector cercano al escenario las chicas se treparon a los hombros de sus chicos, y los trapos empezaron a flamear. Indudablemente, el grupo que ahora lidera Germán Daffunchio la juega de local, y si bien no despertó euforia ni grandes pogos, el show no pasó inadvertido.
Por cada grupo que actuaba, una legión de espectadores se iba sumando. "Bueno, ahora hacemos un par de temas alegres y nos vamos, porque ya vienen Los Piojos", afirmó Daffunchio en un tono de resignación, casi al concluir la performance, como anticipando cuál sería el plato fuerte de la noche.
Mientras en la cancha la ley seca regía estrictamente, en la VIP las latas de Norte se consumían rápidamente (se acabaron a la medianoche): jovencitas superproducidas, bellas promotoras y algunos que otros jóvenes empresarios, además de la prensa, poblaron la VIP durante toda la noche, despreocupados totalmente por lo que ocurría en el escenario.
Pero parece que todos habían ido a escuchar a Los Piojos: cuando a las 23.45 se escucharon los primeros sonidos del grupo, sí había alrededor de 10.000 personas en el club Central Córdoba, y la VIP quedó vacía. El imponente escenario (ubicado sobre calle Rondeau) se modificó totalmente, para que Andrés Ciro Martínez y sus compañeros ocuparan dos pisos (arriba se instalaron la batería, percusión y teclados), y se despacharan con el show que todos habían ido a escuchar.
En Central Córdoba tocaron cinco bandas, pero cada una de ellas tuvo un público distinto: Empleado del Mes y Sr. Valdez tuvieron a sus sufridos fans, desde muy temprano, aquellos que le hicieron el aguante, cuando la cancha estaba prácticamente semivacía.
Primeros pogos
Cuando Los Piojos subieron al escenario, la cancha comenzó a ocuparse y los huecos a llenarse poco a poco. Allí se pudieron ver los primeros pogos, tímidos, todavía, con un Juanse que se destapó al final.
Las Pelotas arrancó a las 21.40, y ya el público se veía más compacto; en el sector cercano al escenario las chicas se treparon a los hombros de sus chicos, y los trapos empezaron a flamear. Indudablemente, el grupo que ahora lidera Germán Daffunchio la juega de local, y si bien no despertó euforia ni grandes pogos, el show no pasó inadvertido.
Por cada grupo que actuaba, una legión de espectadores se iba sumando. "Bueno, ahora hacemos un par de temas alegres y nos vamos, porque ya vienen Los Piojos", afirmó Daffunchio en un tono de resignación, casi al concluir la performance, como anticipando cuál sería el plato fuerte de la noche.
Mientras en la cancha la ley seca regía estrictamente, en la VIP las latas de Norte se consumían rápidamente (se acabaron a la medianoche): jovencitas superproducidas, bellas promotoras y algunos que otros jóvenes empresarios, además de la prensa, poblaron la VIP durante toda la noche, despreocupados totalmente por lo que ocurría en el escenario.
Pero parece que todos habían ido a escuchar a Los Piojos: cuando a las 23.45 se escucharon los primeros sonidos del grupo, sí había alrededor de 10.000 personas en el club Central Córdoba, y la VIP quedó vacía. El imponente escenario (ubicado sobre calle Rondeau) se modificó totalmente, para que Andrés Ciro Martínez y sus compañeros ocuparan dos pisos (arriba se instalaron la batería, percusión y teclados), y se despacharan con el show que todos habían ido a escuchar.










