07 Octubre 2007 Seguir en 
Es hijo del recordado Larry Jantzon y de la actriz Gloria Berbuc. Con 20 años y unas ganas locas de actuar Eliseo Jantzon es otro ejemplo de que la vocación por las tablas se lleva en los genes.
"Me parece que en esa maraña de recuerdos que es el pasado, siempre estuvo el escenario, los ensayos en casa, el texto de alguna obra repetido una y otra vez por mis viejos. Cosas que definitivamente me dejaron una marca indeleble y que para nada quiero borrar. Si me preguntan por que elegí la misma autopista que mis padres para andar en la vida, no tengo otra respuesta: porque me gusta", señala Eliseo, quien debutó en teatro este año, con "El chico de la última fila", junto a su madre y a Juan Tríbulo.
En este sentido, al joven artista no le molesta que le digan que se parece cada vez más a su padre. "A veces escucho de boca de algún amigo: ?¡Ay Dios, me estoy pareciendo cada vez más a mi papa!?. Como si eso fuera una especie de fracaso. Yo también lo pienso, pero con una sonrisa bien grande. Para mí la actuación (como cualquier otra cosa) se lleva en los genes. Esto no significa que halla una molécula que te ordene ?¡harás lo que tus padres hicieron!?. En realidad no me veo estudiando física nuclear", dijo.
Claro que eso no significa que Eliseo no sienta el peso de llevar el apellido Jantzon. "En esto de las artes uno tiene que pagar derecho de piso, y me parece que a mí me tocó con muchos intereses. Igual yo tengo mi propio nombre y los que me conocen saben quién soy y lo que puedo llegar a dar", comentó el joven que cursa la carrera de teatro en la UNT. Y dijo también que, entre sus proyectos estaba el ser el mejor actor francés del siglo XX. "Como no pude concretarlo me voy a dedicar a otro que es el de ser feliz con lo que hago y creo que hace rato lo vengo llevando a cabo", agregó.
Respecto de su trabajo en "El chico de la última fila", Eliseo señaló que se siente orgulloso de haber formado parte del elenco. "Fue un orgullo haber compartido el escenario con mi madre. Y fueron como ocho honores más por hacerlo con gente tan ?grossa? como la que formaba parte de ese espectáculo. Allí alguien me dijo que el teatro es una provocación al esfuerzo, la sensibilidad y la inteligencia. Palabras justas y necesarias. Para mí, el teatro es sinónimo de familia. Pero no sólo por la sangre sino por lo que la impulsa, que es el corazón", concluyó.
"Me parece que en esa maraña de recuerdos que es el pasado, siempre estuvo el escenario, los ensayos en casa, el texto de alguna obra repetido una y otra vez por mis viejos. Cosas que definitivamente me dejaron una marca indeleble y que para nada quiero borrar. Si me preguntan por que elegí la misma autopista que mis padres para andar en la vida, no tengo otra respuesta: porque me gusta", señala Eliseo, quien debutó en teatro este año, con "El chico de la última fila", junto a su madre y a Juan Tríbulo.
En este sentido, al joven artista no le molesta que le digan que se parece cada vez más a su padre. "A veces escucho de boca de algún amigo: ?¡Ay Dios, me estoy pareciendo cada vez más a mi papa!?. Como si eso fuera una especie de fracaso. Yo también lo pienso, pero con una sonrisa bien grande. Para mí la actuación (como cualquier otra cosa) se lleva en los genes. Esto no significa que halla una molécula que te ordene ?¡harás lo que tus padres hicieron!?. En realidad no me veo estudiando física nuclear", dijo.
Claro que eso no significa que Eliseo no sienta el peso de llevar el apellido Jantzon. "En esto de las artes uno tiene que pagar derecho de piso, y me parece que a mí me tocó con muchos intereses. Igual yo tengo mi propio nombre y los que me conocen saben quién soy y lo que puedo llegar a dar", comentó el joven que cursa la carrera de teatro en la UNT. Y dijo también que, entre sus proyectos estaba el ser el mejor actor francés del siglo XX. "Como no pude concretarlo me voy a dedicar a otro que es el de ser feliz con lo que hago y creo que hace rato lo vengo llevando a cabo", agregó.
Respecto de su trabajo en "El chico de la última fila", Eliseo señaló que se siente orgulloso de haber formado parte del elenco. "Fue un orgullo haber compartido el escenario con mi madre. Y fueron como ocho honores más por hacerlo con gente tan ?grossa? como la que formaba parte de ese espectáculo. Allí alguien me dijo que el teatro es una provocación al esfuerzo, la sensibilidad y la inteligencia. Palabras justas y necesarias. Para mí, el teatro es sinónimo de familia. Pero no sólo por la sangre sino por lo que la impulsa, que es el corazón", concluyó.










