Dos hermanos perpetúan la llama del teatro que dejó encendida su padre, el actor Oscar Quiroga

Pablo y Mariano Quiroga Curia aseguran que el mandato de la sangre los llevó a dedicarse a la actuación. Tomaron caminos distintos, uno como artista de circo y el otro como gestor cultural y docente.

OTRO ROL. Mariano Quiroga Curia está más ligado a la gestión cultural. LA GACETA
OTRO ROL. Mariano Quiroga Curia está más ligado a la gestión cultural. LA GACETA
07 Octubre 2007
Pablo y Mariano Quiroga Curia llevan el teatro en la sangre. Son hijos del recordado Oscar Quiroga y, ambos se criaron entre bastidores, ensayos y puestas del célebre "Nuestro Teatro". Ambos reconocen que esa "pesada" herencia familiar tuvo mucho que ver en la decisión de sus propias carreras. Pero cada uno la desarrolló de acuerdo a sus propias pautas. Uno como actor ligado al circo y otro como actor vinculado a la docencia y la gestión teatral.
"Yo siempre estuve ligado al teatro. Desde muy pequeño. De manera que subirme al escenario para representar distintos papeles vino como algo natural. Fue casi como un mandato de la sangre", señaló Pablo, que debutó en 1982, a los 16 años, en una obra de su propio padre. "En esa época salir a escena era terrible para mí. No sólo por lo que implicaba para un adolescente, sino por el hecho de tener que actuar ante mi papá. Su figura era tan tremenda, que yo me atormentaba con la idea de fallarle. Tenía miedo de que no le gustara lo que yo hiciera. Sin embargo, él se portaba como un verdadero padre. Me alentó siempre a seguir adelante y a no dejarme influenciar por la crítica", comentó.
Sin embargo, Pablo lleva en sus espaldas el peso de no haber podido darle a su padre lo mejor de sí como actor. "Mi padre nunca llegó a verme en la obra ?La granada? de Rodolfo Walsh, en la que hice uno de mis mejores trabajos, según me dijo la gente que la pudo ver. Murió antes del estreno", señaló. Eso sí, aprendió mucho de su padre. "Todo lo que soy se lo debo a él. Y también a algunos compañeros de papá en ?Nuestro Teatro?, como Rosita Avila", sentenció.

La gestión y la docencia
Mariano, por su parte, tiene las mismas experiencias que su hermano Pablo, aunque decidió tomar un camino distinto. "Me crié en la sala ?Nuestro Teatro? junto a mis hermanos. Mientras los mayores trabajaban nosotros jugábamos. A veces nos permitían usar algunos vestuarios, y lógicamente, nosotros desobedecíamos e íbamos más allá y nos compenetrábamos con toda esa realidad, entrando en los camarines, habitando las escenografías y creando nuestras propias obras. Es probable que mi decisión de hacer teatro sea una prolongación de esas experiencias. Actualmente tengo sensaciones muy parecidas a las de ese entonces en la sala teatral que dirijo", señaló. Es que, en el centro cultural Maria Magdalena, Mariano siente que está en lugares casi idénticos. "Ese clima teatral de mi infancia retorna como algo totalmente integrado a mi vida. Si bien he realizado estudios con mi padre y en la Universidad, fue natural mi inclusión en la vida teatral", dijo.
Mariano actuó en varias obras, pero actualmente está concentrado en proyectos que lo mantienen fuera del escenario. "Ultimamente me he distanciado de la actuación. Estoy abocado a la gestión y producción cultural y a la dirección. Sin embargo, aún siento un estado de emoción permanente cada vez que subo al escenario. Es una forma muy extraña de sentir miedo, a la vez que me da placer hacer cualquier obra. Es atrapante", agregó.
En este sentido, Mariano comentó que su padre lo estimuló mucho a la hora de elegir la carrera. "Me estimuló a hacer teatro como una forma de situarme en la vida. Me formó a través de la experiencia de hacer teatro y, con mucho criterio profesional, me invitaba a formar parte de las obras como técnico, como actor y en experiencias de dirección", relató.
Ahora, a la distancia, el artista siente que todo eso que vivió en su infancia, lo ayudó a fundar lo que ahora tiene. "Hubo un tiempo en que viví muy cerca de mi padre y de sus amigos. Aún no puedo terminar de asimilar esas experiencias. Fueron años maravillosos. Entre el 88 y el 95, aprendí de la gente de ?Nuestro Teatro? que ya era mayor, cómo hay que trabajar aunque el mundo se derrumbe. En esas vivencias pasamos muchos días y meses disfrutando de la vida en los teatros y por las noches bebiendo vino, de manera que podría escribir muchos tomos sobre mi padre y sus amigos. A veces pienso que esas experiencias no me soltarán nunca y que lo que hago es perpetuarlas, como un humilde aporte a mantener viva una llama que no se puede apagar", dijo.