02 Septiembre 2007 Seguir en 
“Por la actitud que tuvieron en todo este tiempo las menores, creo que existe un pacto de silencio entre ellas”, aseguró Miguel Gómez, el jefe de Seguridad Personal que investiga el caso de la muerte de Carla Romina Ortega.
El subcomisario, al igual que los integrantes del equipo de investigadores que trabajan bajo sus órdenes, no puede ocultar el cansancio que cargan sobre sus espaldas, producto de una ardua semana de trabajo. Gómez, en un alto en la tarea, charló con LA GACETA.
- ¿Por qué cree que existe un pacto de silencio entre ellas?
- Eso todavía no lo terminamos de determinar. Estamos trabajando, pero todos los indicios nos hacen pensar eso.
- ¿Está investigando un crimen pasional?
- Todavía no tengo pruebas para comprobar esa hipótesis. Sin embargo, por la experiencia, el instinto y algunos indicios que vamos recogiendo con la investigación, creemos que esa posibilidad va cobrando fuerza con el correr de las horas.
- ¿Cómo podrán comprobar esa teoría?
- El trabajo que realice la Policía Científica será fundamental. Ayer, las dos menores fueron revisadas por el médico forense para tratar de establecer si tenían algún tipo de lesión característica de alguna pelea. La doctora (Lilia) Moyano también está analizando y estudiando los exámenes que se le hicieron a Carla.
- ¿Este ya es un caso cerrado?
- No, para nada. Hasta el momento comprobamos que las dos detenidas fueron las últimas que estuvieron con Carla. Estas chicas serían las únicas que pueden aportar información sobre lo que realmente pasó. Pero hay muchos puntos oscuros.
- ¿A qué se refiere?
- A pesar de que estuvieron en el barrio Nicolás Avellaneda con Carla, cuando declararon ante la Policía no aportaron esa información. Es más, una de ellas dijo que la había visto con un joven y que con él se habían ido al cerro. Pensamos que su verdadero objetivo fue desviar la investigación.
- ¿Por qué cree que hizo eso?
- Estimamos que ellas estuvieron con Carla en el cerro en el momento que ocurrió la tragedia o que están encubriendo a alguien. Por eso debemos seguir trabajando.
- ¿Qué opinión le merece este caso?
- Es bastante complicado pensar que hay menores de 16 años involucrados. No podemos decir aún que se trata de un crimen, pero nos llama la atención que chicas como ellas hayan entrado en tantas contradicciones y hayan intentado desviar la investigación. Debemos descubrir el porqué de estas actitudes.
En casos como el que se investiga la muerte de Carla Ortega hay que analizar una serie de aspectos de la personalidad de los implicados.
La locura, los celos y la envidia en tanto pasiones pueden ser la motivación de un homicidio, pero tenemos que pensar que para llegue a desencadenar semejante acto es porque estamos frente a un sujeto llevado al borde por la ceguera de su pasión.
Estos episodios pueden disparar lo que en el psicoanálisis se denomina “pasaje al acto”. Este concepto significa que la persona, en vez de poder tramitar el conflicto que mantiene con otro -o con otros- por medio de la palabra o por medio de alguna apelación a cualquier modo de lazo social, termina apelando a la violencia pura para resolverlos.
Es como que se pierden todas las coordenadas de lo que la cultura humana ha creado para mediar en cualquier conflicto que se les presente. A raíz de esto se puede llegar a pensar que estos dos elementos (celos y envidia) sean posibles desencadenantes de la reacción que llevó a que se concretara el hecho que se analiza.
Por otra parte, la adolescencia es una edad en la que se producen muchos cambios en una persona. Hay mucha desestabilidad y los pone a los jóvenes en una situación de mayor riesgo que las que viven personas de otras edades. Además, hay que tener en cuenta las características de la sociedad en la que vivimos y en la que crecen los adolescentes.
Los jóvenes están compulsados por el mercado a vivir distintas situaciones, entre las que se encuentran las relacionadas con el alcohol y con las drogas, entre otras cosas. Estas situaciones los vuelven más inestables todavía y los ponen en situaciones de mucho riesgo. Porque les falta la contención y los límites que les debería proveer la sociedad.
Después de que se concretó la detención, el juez de Menores, en este caso Raúl Ruiz, más allá del caso que se está investigando, tendrá que hacer una evaluación a las adolescentes para analizar cómo se encuentran.
A través de estudios psicológicos, informes psicoambientales, entrevistas con los menores y con sus padres, el magistrado deberá establecer cuáles son sus condiciones de vida. Una vez que concluya este trabajo, determinará si las chicas deben ser restituidas a sus padres o -si entienden que es necesario cambiar de ámbitos- si se les buscará una familia sustituta.
Las jóvenes, en un principio, deberían permanecer internadas en una institución hasta que se realicen todos los estudios antes mencionados. El juez de Menores, después de conocer los resultados, y si entiende que son un peligro para la sociedad puede disponer que continúen alojadas en el establecimiento que él disponga.
Como tienen 16 años, las chicas son punibles, es decir, que pueden recibir una pena. Un tribunal, a través de un juicio oral, determinará si son culpables o inocentes. En caso de que los magistrados comprueben su culpabilidad, la pena será impuesta por el juez de Menores. No es necesario que tengan más de 18 años para cumplir con este proceso.
Más allá de las leyes y de los procesos legales, este caso es un llamado de atención para toda la sociedad. Si bien es cierto que hasta el momento no se mostró su culpabilidad, es realmente preocupado descubrir que dos chicas de 16 años están involucradas en un caso como este. Me duele en el alma pensar en lo que está sufriendo la familia de Carla, pero también me tengo que acordar de las familias de las chicas que se encuentran detenidas. El de los menores es un tema que se debe discutir de una vez por todas.
El subcomisario, al igual que los integrantes del equipo de investigadores que trabajan bajo sus órdenes, no puede ocultar el cansancio que cargan sobre sus espaldas, producto de una ardua semana de trabajo. Gómez, en un alto en la tarea, charló con LA GACETA.
- ¿Por qué cree que existe un pacto de silencio entre ellas?
- Eso todavía no lo terminamos de determinar. Estamos trabajando, pero todos los indicios nos hacen pensar eso.
- ¿Está investigando un crimen pasional?
- Todavía no tengo pruebas para comprobar esa hipótesis. Sin embargo, por la experiencia, el instinto y algunos indicios que vamos recogiendo con la investigación, creemos que esa posibilidad va cobrando fuerza con el correr de las horas.
- ¿Cómo podrán comprobar esa teoría?
- El trabajo que realice la Policía Científica será fundamental. Ayer, las dos menores fueron revisadas por el médico forense para tratar de establecer si tenían algún tipo de lesión característica de alguna pelea. La doctora (Lilia) Moyano también está analizando y estudiando los exámenes que se le hicieron a Carla.
- ¿Este ya es un caso cerrado?
- No, para nada. Hasta el momento comprobamos que las dos detenidas fueron las últimas que estuvieron con Carla. Estas chicas serían las únicas que pueden aportar información sobre lo que realmente pasó. Pero hay muchos puntos oscuros.
- ¿A qué se refiere?
- A pesar de que estuvieron en el barrio Nicolás Avellaneda con Carla, cuando declararon ante la Policía no aportaron esa información. Es más, una de ellas dijo que la había visto con un joven y que con él se habían ido al cerro. Pensamos que su verdadero objetivo fue desviar la investigación.
- ¿Por qué cree que hizo eso?
- Estimamos que ellas estuvieron con Carla en el cerro en el momento que ocurrió la tragedia o que están encubriendo a alguien. Por eso debemos seguir trabajando.
- ¿Qué opinión le merece este caso?
- Es bastante complicado pensar que hay menores de 16 años involucrados. No podemos decir aún que se trata de un crimen, pero nos llama la atención que chicas como ellas hayan entrado en tantas contradicciones y hayan intentado desviar la investigación. Debemos descubrir el porqué de estas actitudes.
PUNTOS DE VISTA
A los jóvenes les falta la contención de la sociedad
Por Gabriela Abad, psicoanalistaEn casos como el que se investiga la muerte de Carla Ortega hay que analizar una serie de aspectos de la personalidad de los implicados.
La locura, los celos y la envidia en tanto pasiones pueden ser la motivación de un homicidio, pero tenemos que pensar que para llegue a desencadenar semejante acto es porque estamos frente a un sujeto llevado al borde por la ceguera de su pasión.
Estos episodios pueden disparar lo que en el psicoanálisis se denomina “pasaje al acto”. Este concepto significa que la persona, en vez de poder tramitar el conflicto que mantiene con otro -o con otros- por medio de la palabra o por medio de alguna apelación a cualquier modo de lazo social, termina apelando a la violencia pura para resolverlos.
Es como que se pierden todas las coordenadas de lo que la cultura humana ha creado para mediar en cualquier conflicto que se les presente. A raíz de esto se puede llegar a pensar que estos dos elementos (celos y envidia) sean posibles desencadenantes de la reacción que llevó a que se concretara el hecho que se analiza.
Por otra parte, la adolescencia es una edad en la que se producen muchos cambios en una persona. Hay mucha desestabilidad y los pone a los jóvenes en una situación de mayor riesgo que las que viven personas de otras edades. Además, hay que tener en cuenta las características de la sociedad en la que vivimos y en la que crecen los adolescentes.
Los jóvenes están compulsados por el mercado a vivir distintas situaciones, entre las que se encuentran las relacionadas con el alcohol y con las drogas, entre otras cosas. Estas situaciones los vuelven más inestables todavía y los ponen en situaciones de mucho riesgo. Porque les falta la contención y los límites que les debería proveer la sociedad.
El juez de Menores debe analizar las vidas de las chicas
Por Aurora Díaz Argañaraz, abogadaDespués de que se concretó la detención, el juez de Menores, en este caso Raúl Ruiz, más allá del caso que se está investigando, tendrá que hacer una evaluación a las adolescentes para analizar cómo se encuentran.
A través de estudios psicológicos, informes psicoambientales, entrevistas con los menores y con sus padres, el magistrado deberá establecer cuáles son sus condiciones de vida. Una vez que concluya este trabajo, determinará si las chicas deben ser restituidas a sus padres o -si entienden que es necesario cambiar de ámbitos- si se les buscará una familia sustituta.
Las jóvenes, en un principio, deberían permanecer internadas en una institución hasta que se realicen todos los estudios antes mencionados. El juez de Menores, después de conocer los resultados, y si entiende que son un peligro para la sociedad puede disponer que continúen alojadas en el establecimiento que él disponga.
Como tienen 16 años, las chicas son punibles, es decir, que pueden recibir una pena. Un tribunal, a través de un juicio oral, determinará si son culpables o inocentes. En caso de que los magistrados comprueben su culpabilidad, la pena será impuesta por el juez de Menores. No es necesario que tengan más de 18 años para cumplir con este proceso.
Más allá de las leyes y de los procesos legales, este caso es un llamado de atención para toda la sociedad. Si bien es cierto que hasta el momento no se mostró su culpabilidad, es realmente preocupado descubrir que dos chicas de 16 años están involucradas en un caso como este. Me duele en el alma pensar en lo que está sufriendo la familia de Carla, pero también me tengo que acordar de las familias de las chicas que se encuentran detenidas. El de los menores es un tema que se debe discutir de una vez por todas.
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