La muerte de la adolescente llevó el luto y el silencio a la cuadra en la que vivía

Los vecinos de la familia de la joven viven consternados y pidieron que la Justicia resuelva el caso con celeridad.

EN SILENCIO. Los vecinos de Bulnes al 700 comparten el dolor de la familia Ortega y los acompañan. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
EN SILENCIO. Los vecinos de Bulnes al 700 comparten el dolor de la familia Ortega y los acompañan. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
02 Septiembre 2007
La cuadra está de luto. Ayer por la mañana, las veredas de Bulnes al 700, donde vive la familia de Carla Romina Ortega, estaban vacías. Sólo algunas vecinas caminaban llevando las bolsas verdes de un supermercado ubicado a pocas cuadras. “Desde que pasó lo de Carlita, los chicos dejaron de escuchar música, de juntarse. Nadie sale. Todos acompañamos en el dolor a sus papás y a sus hermanas”, contó Angela Duberti, con lágrimas en los ojos.
Para los vecinos, no hay dudas de que la muerte de la adolescente no fue un accidente, sino un homicidio. “Lo único que espero es que se haga justicia y que el culpable se pudra en la cárcel. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona. Yo la veía siempre a Carlita en el barrio y era una chica muy sana, tranquila e inocente”, afirmó Ariel Gómez.
Mientras barría la vereda, Alejandra Oviedo miraba hacia la casa de los Ortega. La mujer, que intentaba que su hijo no se cruzara delante de ella para que no se ensuciara con la tierra, aseguró que no puede dejar de recordar a Carla todo el día. “Estoy sorprendida por lo que le pasó. Ella era más chica que yo, así que no teníamos mucha relación. Pero era educada y siempre andaba con sus amigas del barrio. A mí me sorprendió enterarme de que tenía amigos en otras zonas. Lo único que espero es que encuentren al culpable”, explicó.

Asombro
María Rosa Duberti era amiga de Carla. Y todavía no puede salir del asombro que le generó la muerte de la adolescente. “Ella no era de irse de su casa y, mucho menos, de andar sola. Por eso, cuando me enteré de que estaba desaparecida, me sorprendí. Desde el viernes hasta el sábado nos juntamos a rezar todos los vecinos con la familia. Cuando el sábado nos dijeron que la habían visto en otros barrios nos quedamos más tranquilos. Es más, la familia recibió varios llamados el sábado. Eran llamados misteriosos, porque el teléfono sonaba y cuando alguien lo atendía, cortaban. En ese momento, todos lo tomamos como un signo de esperanza, porque pensábamos que Carla estaba llamando, pero tenía miedo de que la retaran y por eso cortaba. Ahora no sabemos qué pensar sobre esos llamados”, contó la joven.
Soledad, que también vive en la zona, dijo que desde la muerte de Carla, el barrio perdió la vitalidad que lo caracterizaba. “Carla siempre venía a casa a ver películas o a escuchar música con mis hermanos. Era una chica inocente, de buen corazón. No sólo físicamente parecía más chica de lo que era, sino que mentalmente era también como una nena, sin maldad, sin picardía. Una chica muy buena, hija de una familia trabajadora; ahora, todo el mundo anda en silencio; no se hacen fiestas ni reuniones”, comentó.

Cielo y tierra
Varias mujeres de la cuadra reconocieron que uno de los aspectos que más las impresionaron de la muerte de la adolescente, es que la víctima haya sido una persona a la que conocían.
“Uno siempre se entera de las cosas que les pasan a los demás y se asusta, pero las siente lejanas. En cambio, esto fue diferente. Carlita era una chica a la que todos conocíamos y era muy buena. Es increíble pensar que alguien pueda haberle hecho daño a una criatura como ella. La familia está destruida y no sé cómo van a hacer para salir de esta situación. Todos estamos muy tristes y conmocionados”, explicó Angela Duberti.
En la cuadra donde vive la familia Ortega todos esperan que la Justicia actúe con celeridad. “Si no se detiene rápido a los culpables, se los juzga y se los mete presos, vamos a mover cielo y tierra para que no haya impunidad. Hay demasiados crímenes sin resolver en la provincia y no queremos que el de Carla sea uno más”, sostuvo Alvaro, un habitante de la zona.
“Dios quiera que los culpables terminen presos. Me parece bien que se esté investigando un homicidio y no un accidente, como ocurría al principio. Yo tengo la esperanza de que los culpables terminen pagando por lo que hicieron”, afirmó Armando Albornoz, otro vecino.

Lo que pasó, día a día
En la tarde del viernes 24 de agosto, Carla Romina Ortega regresó de la escuela Marcos Paz (no había entrado a clases) y les dijo a sus padres que se iba a la casa de su amiga Tania Ovejero, a pocas cuadras de su vivienda.

Esa noche no regresó a dormir a su casa. En la mañana del sábado sus padres se preocuparon y comenzaron a buscarla. Por la tarde, su papá, José Ortega, denunció que su hija estaba desaparecida.

El domingo a la siesta, una mujer que estaba levantando la basura en el cerro San Javier, vio un cuerpo tirado en el fondo de un barranco a unos 100 metros de la gruta de la Virgen.

La policia y los bomberos rescataron el cadáver al anochecer. La autopsia reveló que había muerto a causa de un edema pulmonar que le originó la caída y que había permanecido viva intentando levantarse, pero las heridas se lo impidieron. También se descartó que hubiera sido víctima de abuso sexual.

Durante el velorio, que se realizó el lunes, su padre dijo que le parecía muy extraño que Carla haya subido al cerro y que no tenía problemas depresivos que pudieran haberla inducido a cometer un suicidio. Su novio y varias de sus amigas coincidieron en sus dichos.

Los investigadores recogieron varios testimonios entre las amistades de la joven y lograron determinar que Carla había sido vista el viernes a la noche en dos oportunidades en compañía de otra adolescente en el barrio Oeste II.

Una de las hermanas de Carla, Alejandra, de 29 años, dijo, durante una entrevista con LA GACETA, que la familia sospechaba de algunas de las amigas de la adolescente. “Le tenían envidia porque era muy linda. Ella nos había contado que ya había tenido problemas con algunas chicas por este tema. Nosotros le dijimos que tuviera cuidado”, comentó.

Tania ovejero, una amiga de Carla, contó el miércoles que la adolescente se había empezado a juntarse con algunas chicas del barrio Oeste II que tenían problemas de conducta.

Algunas compañeras del colegio dijeron que Carla era acosada por un hombre y, ese mismo día, la Policía comenzó a rastrear a un individuo que le habría mandado mensajes de texto al celular.

Las contradicciones en las que incurrieron dos amigas de Carla al declarar ante la Policía, las convirtieron en las principales sospechosas. Además, varios testigos dijeron haberlas visto junto con Carla cerca del pie del cerro, el sábado.

Los familiares y los vecinos de la adolescente cortaron la intersección de Bulnes y Belgrano el jueves para pedir el esclarecimiento del caso.

Una de las adolescentes que estaba en la mira de la Justicia le dijo a la Policía que había sido amenazada por la otra chica para que no contara que la había visto junto con Carla. Los investigadores sospechan que no contó toda la verdad.