"Se cumplió lo que pedíamos: que se investigue un homicidio"

José Ortega sostiene que a su hija la asesinaron por celos o envidia. "Ella no era una chica mala; no tenía problemas", dijo.

DOLOR. José Ortega intenta retomar su vida habitual, pero no sabe cómo. LA GACETA / JOSE NUNO
DOLOR. José Ortega intenta retomar su vida habitual, pero no sabe cómo. LA GACETA / JOSE NUNO
02 Septiembre 2007
Los movimientos de José Ortega eran lentos. Daba la impresión de que le costaba levantar los pies, como si llevara sobre la espalda una mochila pesada. Mientras el cigarrillo que sostenía en la mano izquierda se consumía lentamente, sin ser pitado ni una sola vez, el hombre recordaba a su hija Carla Romina.
La noticia de que la Justicia había detenido a dos adolescentes bajo la sospecha de tener alguna relación con la muerte de la joven, no le levantó el ánimo, según dijo a LA GACETA, pero sí le dio esperanzas de que el caso se resuelva rápidamente.
Don José -como todos lo llaman en la cuadra de Bulnes al 700, donde vive- intentó ayer retomar el ritmo habitual de su vida. Ocho días después de la desaparición de su hija, fue hasta un supermercado a hacer compras. “Es difícil seguir; me siento muy cansado. No sé cómo voy a salir adelante”, comentó.

- La Policía detuvo a dos adolescentes. ¿Qué opinión le merece esto?
- Y... en cierto modo se cumplió lo que nosotros pedíamos: que detengan a los sospechosos bajo el cargo de homicidio y no de accidente, como se estaba investigando al principio.

- ¿Sabe quiénes son estas chicas?
- No las conozco, nunca escuché ni siquiera sus nombres. Nosotros no fuimos nunca al barrio Oeste II, ni al Nicolás Avellaneda IV; tampoco tenemos conocidos en esos barrios. Carla nunca las había nombrado. Pero todo apunta hacia ellas.

- ¿Qué elementos le hacen sostener a usted que ellas son sospechosas?
- Desde un principio tuve la intuición de que la causa de la muerte fueron los celos o la envidia.

- Pero, ¿por qué?
- Porque no hay otra alternativa. Carla no era una chica mala; no tenía problemas; no tenía vicios. Si se iba a algún lado, me avisaba. Y si se quedaba hasta más tarde en alguna casa o con alguna amiga también me avisaba.

- También se habló de que un joven la seguía y le mandaba mensajes...
- Eso es mentira. Todo apunta a las chicas del barrio Oeste II y del Nicolás Avellaneda IV.

  - El sábado, cuando Carla estaba desaparecida, ustedes recibieron una serie de llamados.
- Nos llamaban, y cuando atendíamos, cortaban. Al principio eso nos dio esperanza, porque pensábamos que era ella la que llamaba. Pero ahora no sé qué pensar.