Aunque su siguiente obra maestra fue "Gritos y susurros", un drama de una profundidad épica con un guión perfecto, una fotografía impecable y un elenco en el que brillaron Harriet Andersson, Liv Ullman, Kari Sylwan e Ingrid Thulin. Con "Escenas de la vida conyugal" (1973) comenzó un período en el que parecía que todo estaba dicho y el creador se mordía la cola. Otros títulos fueron "Cara a cara", "La flauta mágica" y "Sonata otoñal". No es que fueran malas películas; ocurría que, al maestro se le pedía mucho más. Por fortuna, en 1982 dio a luz "Fanny y Alexander", una saga deliciosa con visos autorreferenciales que fue lo último grande que hizo para la gran pantalla.
Desde entonces se dedicó a dirigir teatro y a proyectos para TV. En una inusual entrevista en 2001, Bergman dijo a Reuters que los demonios personales lo atormentaron e inspiraron a lo largo de su vida. "Los demonios son innumerables, aparecen en los momentos más inconvenientes y crean pánico y terror", señaló en ese momento. "Pero aprendí que si puedo dominar las fuerzas negativas y arrearlas a mi carro, entonces pueden trabajar para ventaja mía", agregó.
"Fanny y Alexander", la sumamente autobiográfica última producción del director para la pantalla grande, cuenta la historia de una familia de clase alta de Uppsala, antes de la Primera Guerra Mundial. El niño protagonista, Alexander, y su hermana, Fanny, son abusados mental y físicamente por su padrastro, un reverendo inspirado en el padre de Bergman. Al final, Alexander usa poderes supernaturales para tomar una venganza siniestra. De esta manera, Bergman exorcisa sus demonios pero también los comparte con la gente. "Creo que lo que muestro en mis filmes es muy oscuro, pero al final, es también liberador", dijo.
Todas las mujeres de Bergman
Considerado como un director de actrices, Ingmar Bergman dio sus mejores papeles a intérpretes como Maj Britt Nilsson, Harriett Andersson, Eva Dahlbeck, Ulla Jacobsson y Liv Ullman.
De hecho, el cineasta vivió aventuras amorosas con algunas de esas actrices. Se casó cuatro veces y tuvo ocho hijos, si bien en una ocasión afirmó no ser demasiado paternal. A menudo, esas relaciones con las mujeres fueron temperamentales e intensas.
En 2003, el director lanzó una botella contra su actriz preferida y ex compañera sentimental, Liv Ullman, por negarse a interpretar una escena en la que debía aparecer desnuda. El incidente ocurrió durante el rodaje de "Sarabande", el telefilme que ha unido de nuevo a Bergman, tras la cámara, y a Ullman en el papel protagonista. La actriz, de 64 años, rehusó cumplir la orden de su director, según explicó ella misma a la cadena de televisión noruega NRK. Bergman, por entonces de 85 años, le dio una respuesta categórica: primero le tiró una botella y luego, viendo que falló el objetivo, se lanzó a perseguirla, episodio que acabó entre carcajadas. "Sarabande" es la continuación de la película "Escenas de la vida conyugal", rodada en 1973 con Ullman como protagonista. (Especial-Télam- Reuters)








