La tasa de suicidios en Argentina alcanzó un récord histórico en 2025 con 5.209 muertes, lo que representa una tasa de 11,8 casos cada 100.000 habitantes según datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC). La cifra supera el promedio mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ubicado en 9,1 por cada 100.000 habitantes. Tucumán registró 227 suicidios durante 2025. La tasa alcanzó los 13,5 casos cada 100.000 habitantes, por encima del promedio nacional de 11,8. El mismo informe señala que la provincia pasó de una tasa de 12,0 en 2024 a 13,5 en 2025, lo que representa un incremento del 13,3% en los hechos consumados. La línea 135 recibe hasta 45 llamados diarios.
En el grupo etario de 15 a 34 años, el suicidio desplazó a los accidentes viales como la principal causa de muerte. Los especialistas advierten que la mayor concentración de suicidios ocurre entre personas de 20 a 34 años, mientras que las tasas más elevadas de intentos se registran en jóvenes de entre 15 y 24 años.
La Facultad de Psicología de la UBA ha elaboró la Guía breve para la prevención, detección y abordaje de la conducta suicida en jóvenes, destinada a profesionales de la salud. Su objetivo central, informó, es facilitar la detección temprana de señales y guiar la implementación de respuestas inmediatas. El documento fundamenta el fenómeno en un modelo de red causal compleja que integra factores biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales. Entre los antecedentes clínicos, destaca que cerca del 90% de los jóvenes fallecidos por esta causa presentaba un diagnóstico psiquiátrico previo (trastornos depresivos, autismo, psicosis o TDAH).
En el plano social, el acoso escolar y el ciberbullying multiplican por 2,5 la probabilidad de intentos. A esto se suman la exclusión, las dificultades de integración y las vulnerabilidades socioeconómicas. En cuanto a la comunicación pública, la Guía advierte sobre el efecto Werther (sensacionalismo que genera imitación) y promueve el efecto Papageno, enfocado en difundir testimonios de recuperación, la efectividad de los tratamientos y las redes de ayuda. Finalmente, señala cinco errores institucionales recurrentes: minimizar el relato, confiar en la calma aparente, callar por temor, derivar sin acompañar y actuar en soledad. El abordaje del suicidio, concluye, exige un compromiso estrictamente colectivo.
En nuestro medio, el Gobierno y la Universidad San Pablo-T lanzaron la Diplomatura para Preventores de Conductas de Riesgo. A su vez, la Facultad de Psicología de la UNT, junto a los ministerios de Salud y Educación de la Provincia, impulsa el Trayecto de Formación en Estrategias de Prevención del Suicidio. La especialista María Julia López García afirma que “el suicidio no puede explicarse ni abordarse desde una sola disciplina, ya que intervienen dimensiones subjetivas, familiares, sociales, educativas y culturales”.
Por ello, la capacitación apunta también a quienes trabajan en escuelas, organizaciones sociales, comedores, parroquias y otros espacios comunitarios, además de personal de seguridad, bomberos y personas que pueden encontrarse ante situaciones de urgencia. “El objetivo es que puedan reconocer señales de alerta, escuchar, acompañar y saber cuándo y cómo pedir ayuda. Se trata de ampliar las capacidades de cuidado que existen en la comunidad”, resumió.
El fenómeno alarma al país. Urge aguzar las redes de detección y elaborar estrategias adecuadas en busca de alivio.




