Quieren saber si hubo encubrimiento luego del asesinato del comerciante
Al declarar, el principal acusado dijo que había olvidado su teléfono celular en la casa del cuñado de la víctima. A raíz de las pericias, se supo que entre los imputados hubo llamados telefónicos antes y después del homicidio. Análisis.
30 Julio 2007 Seguir en 
Carlos Lai, el cuñado de José Eduardo Salas, quien fue asesinado el 15 de julio en Trancas, deberá ir a declarar en Tribunales ya que a partir de los los dichos de Luis Pichinetti, se pretende saber si él sabe algo más de lo sucedido.
Pichinetti, en la extensa declaración que realizó el jueves, aseguró que el sábado 14 de julio permaneció en la casa de Lai hasta las 2.30 del domingo y que allí se olvidó su teléfono celular. De esta forma intentó desvirtuar los informes telefónicos, según los cuales Silvia Raquel Lai, esposa de la víctima y también detenida por el homicidio, llamó a Pichinetti a las 3.11, presumiblemente para indicarle que su marido ya estaba dormido, por lo que iba a poder ingresar a la casa, según sostienen los investigadores.
La fiscal Adriana Giannoni, en consecuencia, pretende interrogar a Lai al respecto. Trascendió que hay una posibilidad de que los supuestos amantes podrían haber tenido cómplices que hayan accedido a encubrirlos luego de cometido el crimen. Al dialogar con LA GACETA, la semana pasada, Carlos Lai dijo que efectivamente el celular de Pichinetti estaba en su casa, ya que el profesor de gimnasia se lo había olvidado, pero negó haberlo atendido, y dijo que se lo devolvió cuando fue a avisarle lo sucedido, como a las 7. "Ni yo ni mi hermana tenemos nada que ver con todo esto", aseguró el hombre. A Salas lo mataron a golpes en la cabeza, aparentemente con una barra como las que se utilizan en los gimnasios. Pichinetti reconoció que mantenía un fogoso romance con Silvia, pero negó que alguno de ellos esté vinculado al homicidio. El acusado planteó la hipótesis de que Salas fue asesinado por personas vinculadas a la mafia de las riñas de gallos. Salas criaba aves para pelea y, según confirmaron varias personas, concurría a las riñas que se organizaban en el interior de la provincia y en Santiago del Estero. Los amigos que declararon ante la fiscal dijeron que Salas no tenía problemas económicos y que era muy querido por los criadores de gallos.
Giannoni está elaborando el pedido de prisión preventiva que presentará entre el lunes y el martes en contra de Pichinetti y de Lai, bajo el cargo de homicidio agravado. En tanto, espera el resultado de algunas pericias. Entre ellas, los análisis que le practicaron a la ropa del acusado que estaba manchada con sangre y que fue secuestrada en el baño del gimnasio. Otro resultado importante es el del análisis toxicológico realizado a la víctima: la permitirá a Giannoni establecer si Salas fue sedado antes de ser asesinado. También se aguarda la declaración de un veterinario que atendió a uno de los dos perros que habrían sido envenenados días antes del crimen, y la de los hijos Lai y Salas, que estaban en la casa cuando se perpetró el asesinato.
Pichinetti, en la extensa declaración que realizó el jueves, aseguró que el sábado 14 de julio permaneció en la casa de Lai hasta las 2.30 del domingo y que allí se olvidó su teléfono celular. De esta forma intentó desvirtuar los informes telefónicos, según los cuales Silvia Raquel Lai, esposa de la víctima y también detenida por el homicidio, llamó a Pichinetti a las 3.11, presumiblemente para indicarle que su marido ya estaba dormido, por lo que iba a poder ingresar a la casa, según sostienen los investigadores.
La fiscal Adriana Giannoni, en consecuencia, pretende interrogar a Lai al respecto. Trascendió que hay una posibilidad de que los supuestos amantes podrían haber tenido cómplices que hayan accedido a encubrirlos luego de cometido el crimen. Al dialogar con LA GACETA, la semana pasada, Carlos Lai dijo que efectivamente el celular de Pichinetti estaba en su casa, ya que el profesor de gimnasia se lo había olvidado, pero negó haberlo atendido, y dijo que se lo devolvió cuando fue a avisarle lo sucedido, como a las 7. "Ni yo ni mi hermana tenemos nada que ver con todo esto", aseguró el hombre. A Salas lo mataron a golpes en la cabeza, aparentemente con una barra como las que se utilizan en los gimnasios. Pichinetti reconoció que mantenía un fogoso romance con Silvia, pero negó que alguno de ellos esté vinculado al homicidio. El acusado planteó la hipótesis de que Salas fue asesinado por personas vinculadas a la mafia de las riñas de gallos. Salas criaba aves para pelea y, según confirmaron varias personas, concurría a las riñas que se organizaban en el interior de la provincia y en Santiago del Estero. Los amigos que declararon ante la fiscal dijeron que Salas no tenía problemas económicos y que era muy querido por los criadores de gallos.
Giannoni está elaborando el pedido de prisión preventiva que presentará entre el lunes y el martes en contra de Pichinetti y de Lai, bajo el cargo de homicidio agravado. En tanto, espera el resultado de algunas pericias. Entre ellas, los análisis que le practicaron a la ropa del acusado que estaba manchada con sangre y que fue secuestrada en el baño del gimnasio. Otro resultado importante es el del análisis toxicológico realizado a la víctima: la permitirá a Giannoni establecer si Salas fue sedado antes de ser asesinado. También se aguarda la declaración de un veterinario que atendió a uno de los dos perros que habrían sido envenenados días antes del crimen, y la de los hijos Lai y Salas, que estaban en la casa cuando se perpetró el asesinato.
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