17 Junio 2007 Seguir en 
En el mundo de las transacciones del arte todos son reacios a hablar de números: a los coleccionistas, a los galeristas y a los mismos artistas no les gusta decir cuánto venden o cuánto compran. Pero se conoce que en la Feria de Arte-Ba, por ejemplo, una escultura de Rodolfo Abella cambió de dueño por más de $10.000 y que sus piezas más pequeñas se cotizan a no menos de $ 1.000; y las pinturas de Víctor Quiroga no bajan de $18.000. Y aunque Enrique Salvatierra no quiera hablar de cifras, también se sabe que sus obras de cotizan en dólares.
"Vivo de mi trabajo que es el arte. En cuanto a los precios- no voy a hablar de cifras- la cotización tiene que ver con la de un artista de larga trayectoria, con importantes premios y distinciones y con una real y permanente presencia en Buenos Aires, que es en realidad donde se definen los precios del mercado del arte en el país. Si un interesado me visita en mi casa taller en Santa María, o en mi estudio en Buenos Aires, la transacción podría hacerse en forma directa. La otra manera, y es la que a mí me resulta más cómoda, es que la operación se haga a través de una galería de arte. En Buenos Aires hay galerías que me representan y en Tucumán también hay una", responde el tucumano Salvatierra, radicado desde hace años en Santa María. Reconoce que hay coleccionistas de su obra, pero también compradores ocasionales.
Blanca Machuca cuenta que vende sus cuadros desde $1.500 en adelante, según el formato. "No es una cosa de todos los días, pero me ayuda en mi economía; algo siempre se está vendiendo cuando expongo". Curiosamente, son extranjeros los que más adquieren sus "ex votos", principalmente franceses, suizos e ingleses. "Ven por catálogos o porque alguien les recomendó; mantengo una relación afectuosa con el comprador; tengo una conexión muy cálida con ellos, porque siempre les interesa venir a mi casa, saber cómo vivo, o a veces mandan a familiares o me piden fotografías de mi vivienda".
"En Tucumán hay compradores y muchos más degustadores de la producción artística. Con esto quiero decir que esa ?degustación, consumo que no compra inmediatamente?, genera cierto movimiento de interés que se traduce más tarde en consumo, en compra. En mi caso particular puedo afirmar que vivo, modestamente, de mi producción plástica y de la tarea docente vinculada a la educación artística. Aquí se comercializa mi obra", sostiene Rubén Kempa. Luego, clasifica en dos grupos a quienes se interesan por su trabajo: "aquellos que colocan las obras en sus casas o lugares donde desarrollan su labor profesional y además compran para obsequiar. Y aquel otro grupo integrado por empresas hoteleras, gastronómicas o constructoras que llegan a mi obra a través de un asesor, llámese decoradores, arquitectos o galeristas". Sus grabados más pequeños cuestan desde $ 150.
"Vivo de mi trabajo que es el arte. En cuanto a los precios- no voy a hablar de cifras- la cotización tiene que ver con la de un artista de larga trayectoria, con importantes premios y distinciones y con una real y permanente presencia en Buenos Aires, que es en realidad donde se definen los precios del mercado del arte en el país. Si un interesado me visita en mi casa taller en Santa María, o en mi estudio en Buenos Aires, la transacción podría hacerse en forma directa. La otra manera, y es la que a mí me resulta más cómoda, es que la operación se haga a través de una galería de arte. En Buenos Aires hay galerías que me representan y en Tucumán también hay una", responde el tucumano Salvatierra, radicado desde hace años en Santa María. Reconoce que hay coleccionistas de su obra, pero también compradores ocasionales.
Blanca Machuca cuenta que vende sus cuadros desde $1.500 en adelante, según el formato. "No es una cosa de todos los días, pero me ayuda en mi economía; algo siempre se está vendiendo cuando expongo". Curiosamente, son extranjeros los que más adquieren sus "ex votos", principalmente franceses, suizos e ingleses. "Ven por catálogos o porque alguien les recomendó; mantengo una relación afectuosa con el comprador; tengo una conexión muy cálida con ellos, porque siempre les interesa venir a mi casa, saber cómo vivo, o a veces mandan a familiares o me piden fotografías de mi vivienda".
"En Tucumán hay compradores y muchos más degustadores de la producción artística. Con esto quiero decir que esa ?degustación, consumo que no compra inmediatamente?, genera cierto movimiento de interés que se traduce más tarde en consumo, en compra. En mi caso particular puedo afirmar que vivo, modestamente, de mi producción plástica y de la tarea docente vinculada a la educación artística. Aquí se comercializa mi obra", sostiene Rubén Kempa. Luego, clasifica en dos grupos a quienes se interesan por su trabajo: "aquellos que colocan las obras en sus casas o lugares donde desarrollan su labor profesional y además compran para obsequiar. Y aquel otro grupo integrado por empresas hoteleras, gastronómicas o constructoras que llegan a mi obra a través de un asesor, llámese decoradores, arquitectos o galeristas". Sus grabados más pequeños cuestan desde $ 150.










